LA REVOLTOSA

#LAREVOLTOSA → festival de fanzines, ediciones subterráneas y publicaciones populares
producido por la biblioteca de TURMA  
13 y 14 de septiembre en 14 de julio 426, Villa Ortúzar, Buenos Aires

ENTRADA LIBRE

EXPOENCUENTRO «FANZINES EN SERIO»

VIERNES 13 DE SEPTIEMBRE 19HS

EXPO  Fragmentos de una historia de la microedición, curada por Alejandro Bidegaray y Alejandro Schmied

Y ENCUENTRO ABIERTO  prácticas y publicaciones – fanzines históricos de los 80’s 90’s 2000’s

activismo, poesía, cultura punk, lgtb, historietas, feminismo, foto, comics, literatura, música, etc.

< PRESENTACIONES Y MESAS ABIERTAS > formatos nuevos y comportamientos colaborativos de producción y circulación de ideas impresas

INAUGURACIÓN – ARTISTAS INVITADXS

VIERNES 13 DE SEPTIEMBRE 19HS

PAULA MAFFIA

LINO DIVAS

CHOLITA CHIC

LA FOTOCOPIADORA

SÁBADO 14 DE SEPTIEMBRE DE 10HS A 20HS - CON INSCRIPCIÓN PREVIA

laboratorio de producción de fanzines, panfletos, memes, folletos y publicaciones populares

10hs > REVELACIONES: producción de zines para y por adolescentes

coordinan Guadalupe Arriegue & Revelar la Mirada

14hs > ACCIÓN / REACCIÓN : hay algún plan para el futuro?

coordinan Natacha Ebers & Mariana Manuela

17hs > MEMIÓTICA : Análisis y creación de memes

coordina Tuti Curani

 

POESÍA

SÁBADO 14 DE SEPTIEMBRE 15HS

Tuti Curani
Barbi Medici
André Demichelis
Maru Salemi

+

microciclo de poetas & Ilustradores curado por Proyecto Piranha

PERFORMANZINE

SÁBADO 14 DE SEPTIEMBRE 17HS

CATALINA LESCANO

PAULA HERRERA NÓBILE

MANUELA DONNET

TALLERES COLABORATIVOS

SÁBADO 14 DE SEPTIEMBRE 14HS

Jornada de taller abierto en expericleta. Un espacio colaborativo para aprender sobre el mantenimiento y reparaciones básicas de la bici

El Club de Reparadores es un movimiento que busca promover la reparación como estrategia para
el consumo responsable y práctica de la sustentabilidad. Alargar la vida útil de los objetos evita que se conviertan en residuos.

FERIA – FANZINOTECA – PRESENTACIONES

SÁBADO 14 DE SEPTIEMBRE 14HS

< FERIA > fanzines, panfletos y publicaciones impresas de diversa índole

< DECILO EN FANZINE > intercambio de creaciones impresas

¿tenés un fanzine? traelo el sábado 14/09 a las 13hs que arranca el intercambio, trueque y venta de ediciones populares.

< DONALO A LA BIBLIOTECA >

vamos a inaugurar nuestra FANZINOTECA con ediciones populares contemporáneas y arte impreso en formato editorial de amplia y libre circulación

EXPERIENCIAS VISUALES

SÁBADO 14 DE SEPTIEMBRE 14HS

desborde de paredes, pantallas y páginas

ORÁCULO > OCP ALGORITMOS Y FE

PROYECCIONES > / DAGURKE / VJ TANZI / MANU FERNÁNDEZ / LA CASA ESTÁ EN LLAMAS

INTERVENCIONES EN LA CALLE >  PASEO / YEGUAS

PODCAST > PUTO EL QUE LEE

convocatorias abiertas: fanzines grupales

 

enviá tu material para participar, se presentan en LA REVOLTOSA el 13 y 14 de septiembre. Convocatoria abierta hasta el 16 de agosto de 2019. Enviar a por mail a biblioteca@somosturma.com con título y nombre y la definición que quieras. Ediciones sujetas al material que llegue y la decisión de las editoras.

 

< MENSTRUACIÓN > convocatoria abierta a todo arte: iniciativa de hacer colectiva la expresión sobre menstruación, se realiza esta convocatoria para ver qué llega a nosotrxs desde nuestro alrededor. Hacerlo colectivo es abrir las puertas a un yo distinto y cercano. Editado por Carla Brodsky

 

< TU CITA PREFERIDA > recibimos transcripciones de citas o textos foteados (preferentemente) de libros, papeles sueltos, paredes… para armar una recolección de saberes fragmentados, unidos y en circulación. Se ruega mencionar de la cita su referencia, bibliográfica o la que fuere. Editado por Guadalupe Arriegue

ECLIPSE DE SOL

FOTOLIBROS DESTACADOS DE LA BIBLIOTECA

 

Eclipse de sol es una publicación hecha en Lima a base de collages y fotomontajes. Su autor Héctor Delgado trabaja también con videoarte y la imagen-movimiento; tiene que ver con ello que la secuencia de Eclipse de sol resulte una narración del tipo guión cinematrográfico, dividida en capítulos que, tal como refiere, linda los límites de la realidad y la ficción (si es que todavía tiene sentido esa división). En un mundo distópico y descoyuntado -que, como toda obra de ciencia ficción, es terriblemente real- unos personajes viven en el absurdo y el miedo y el presidente  muestra su mejor cara en época de elecciones, mientras que por debajo de la mesa ya vendió el país a las grandes corporaciones. Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia.

 

Conozca Eclipse de sol, una publicación que mezcla el terror y el grotesco y provoca la risa más oscura, la del cómico feroz -como diría Baudelaire- y la de los fotomontajes político-retóricos de Heartfield.

Los fotomontajes y collages de Héctor Delgado nos hablan, como los de Heartfield en los años de asunción del nazismo, del presente. Una lectura soaz e inteligente sobre la realidad política, social y económica.

Un relato político, poético y visual. Una distopía a doble página, que nos viaja por la tradición de la imagen como expresión política.

IMAGEN Y TEXTO

Se inscribe en la poética dadaísta, que une la imagen con el texto literario. Este actúa desde la “función de relevo”, como diría Barthes, del mensaje literario que se da en la página de una publicación gráfica, similar a los títulos de las películas mudas o en el comic. El texto en los montajes de Eclipse de sol, no solo lleva y hace avanzar la acción de la diégesis del mensaje total, sino que trae por delante la poesía y la abertura de la palabra a la multiplicación de sentido, en relación con la imagen: la poesía visual. La única relación de anclaje (Barthes) lingüístico es en el clima de terror y opresión, pero no en una sola idea o concepto cerrado. Guían en la lectura y las visiones dentro de significaciones y atributos, que son abiertos, tiemblan y desestabilizan, terribles como la realidad.

Eclipse de sol

link al sitio web

Fotomontajes / Collage sobre papel
Impresión offset tinta negra sobre papel periódico
Tiraje 300
Terminado de imprimir en el 2017
144 páginas

ver libro completo

imágenes y textos de la publicación = Héctor Delgado

reseña y fotos del libro = Guadalupe Arriegue

Este fotolibro se puede visitar en la biblioteca de TURMA: hay que agendarse en biblioteca@somosturma.com.

La biblioteca de TURMA es un centro neurálgico de ideas y un espacio de encuentro.

Este fotolibro participó de la última edición de FELIFA – Festival de Libros de Fotografía y Afines – en la selección del Premio Internacional a libro publicado

EL RASTREADOR DE ARCHIVOS

EL OFICIO DEL ARCHIVISTA Y EL TRABAJO DE CAMPO

Compartimos un texto de Luis Príamo, investigador y conservador de archivos fotográficos, donde comparte su experiencia de relevamiento y trabajo de campo.

Apuntes sobre un oficio excéntrico

Luis Priamo

 

El trabajo de campo en la búsqueda de colecciones fotográficas suele considerarse, razonablemente, una actividad complementaria de la investigación y la conservación fotográfica. De hecho no conozco a nadie que viva de eso. A lo sumo se puede conseguir un subsidio para un proyecto concreto, pero son casos excepcionales. Esta página, sin embargo, pretende forzar aquel criterio y esta evidencia y darle a esa labor la jerarquía de un oficio. Veremos si puede.

Lo primero es procurarnos un marco teórico, que aunque no sea convincente le dará al intento una cierta categoría. Dicho marco lo encuentro en el hecho de que la fotografía, me parece, es la única actividad de orden plástico donde una obra importante del pasado puede haber permanecido en la sombra, desconocida, durante muchos años. Una obra o una parte secreta de la misma que los contemporáneos del fotógrafo –o él mismo, incluso– desconsideraron. Es lo que pasó, en cierto modo, con el peruano Martín Chambí. Y sin duda con Fernando Paillet. Asimismo hay fotografías importantes y completamente ignoradas en muchos archivos de fotógrafos amateurs, conocidas en su época sólo por el autor, su familia y, tal vez, algún amigo. Esto significa que la investigación fotográfica de campo aún puede revelarnos sorpresas y descubrirnos autores u obras importantes del pasado. Autores u obras, digo, porque también es propio de la fotografía entregarnos imágenes extraordinarias que no fueron producto del interés creativo, sino del oficio anónimo aplicado a la documentación por encargo, como ocurre a menudo con la antigua fotografía institucional. No creo que todo esto suceda con los artistas plásticos y sus obras. Al menos nunca supe de una investigación de campo en procura de trabajos y creadores plásticos ignotos. Por lo demás, como bien sabemos la naturaleza documental de la imagen fotográfica puede hacernos prescindir, muchas veces, de sus valores estéticos en función de su importancia testimonial.

Otra cuestión que particulariza la producción de fotografías es el carácter relativamente perecedero del interés por el objeto mismo. Perecedero e íntimo, sobre todo si se trata de retratos. Mientras guarda valor para quien la mandó tomar, la foto es un objeto privado por definición. Cuando lo pierde o cuando muere el dueño la foto se convierte, casi siempre, en desecho. El carácter de documento de cultura que toda foto, en mayor o medida, tiene, es ignorado o relativizado. Con las colecciones institucionales o de profesionales sucede algo similar, con el agravante del volumen que ocupan esos archivos, que suele ser intimidante y fastidioso. En resumen, por decirlo con lenguaje a la moda, el mercado no se ocupa de identificar, valorizar y preservar debidamente el patrimonio fotográfico. Es necesario que la sociedad civil y el estado intervengan voluntaria y racionalmente en el problema. Y aquí encuentra su lugar el buscador de fotografías, al que yo llamaría rastreador de fotografías, tomando el nombre de un oficio ya desaparecido y de prosapia respetabilísima en la cultura pastoril de nuestro país –tanto es así que Sarmiento le dedicó varias páginas memorables en su libro Facundo–.

A mi entender el rastreador ideal debe ser –a medias, al menos– conservador y editor fotográfico, historiador de la fotografía y persona más o menos versada en la historia del país donde vive. Además, debe conocer muy bién la política –o la ausencia de política– del estado respecto del patrimonio fotográfico nacional.

Con estas herramientas en la mano está en condiciones de plantearse los proyectos con sensatez y realismo, de valorar debidamente lo que va encontrando en su investigación y de tomar decisiones razonables para colaborar en la preservación y difusión eventual de los materiales.

Hay otras condiciones que también importan pero que no se consiguen en ningún libro: sentido común, don de gente y, sobre todo, una constancia de fierro. Más aún: en mi opinión el mayor enemigo del rastreador es la inconstancia. En este sentido un buen rastreador se parece a un buen coleccionista, pero sólo en este sentido. El rastreador y el coleccionista tienen en común la obsesión por el objeto, por la cosa, pero mientras el coleccionista está fijado en cierto tipo de material –éste o aquel proceso, o autor, o tema, o época–, el rastreador es un animal ávido de todo. Un coleccionista se fastidia cuando le muestran aquello que no está buscando. Un rastreador está siempre con el corazón en la boca frente a las imágenes que le van sacando de cajas o paquetes.

Esto es así, me parece, por dos razones. La primera es subjetiva: estoy casi seguro que en todo rastreador de fotografías hay, fatalmente, un melancólico. No un hipocondríaco, ya que una persona así no podría exponerse al fárrago de gente y situaciones nuevas e imprevistas a las que el rastreador se somete con entusiasmo cuando está de caza. Pero sí un melancólico, un melancólico suave, siempre abierto al asalto de la fascinación por las imágenes fotográficas antiguas. Una fascinación que en muchas ocasiones se pregunta con cierto pudor por su sentido, y que la mayoría de las veces no lo encuentra sino en el encanto un poco sensiblero, si se quiere, más que sombrío, por lo pretérito, por lo ido, por lo que nunca, nunca volverá, como dice el tango. La otra razón es objetiva: en primer lugar porque, como ya dije, el rastreador es consciente de que, aunque casi nunca ocurre, en cualquier momento pueden empezar a desplegarle sobre la mesa fotografías extraordinarias. En segundo lugar porque su interés por las fotos antiguas está incurso en una idea o concepto general amplio sobre la cultura de su país; una idea que lo lleva a preguntarse sobre el sitio que ocupa allí la imagen fotográfica, sobre lo que ella puede decirnos de nuevo y específico sobre el pasado, y también sobre su propia manera de relatar ese pasado. De hecho es también consciente de que la fotografía es uno de los documentos de cultura más solicitados por las otras artes y por la investigación histórica. El interés por buscar fotografías, en suma, también implica el interés por conservarlas, valorizarlas y ponerlas al servicio de la cultura del modo más amplio posible.

Otro tema importante del oficio es la necesidad de mantenerse libre de prejuicios a la hora de valorar las fotos de un archivo desconocido. Esto significa, simplemente, llevar el ejercicio del propio juicio hasta el fin. Si algo te impresiona mucho y bien, prestale atención, no importa dónde y cómo se encuentre, ni quién lo haya hecho, ni por qué. Siempre recuerdo un comentario de Diane Arbus sobre una foto casual tomada por una prostituta con una cámara polaroid a un cliente. El hombre se había puesto el corpiño de ella y se hacía el payaso. Arbus dice que es una de las fotos más conmovedoras que vio en su vida. Hay que mantenerse atento, sin embargo, a una tentación más o menos secreta que siempre acecha, hasta en los espíritus más probos: la tentación de convertirse en el-gran-descubridor de obras importantes y talentos ignotos, de subir al escenario como prima donna. Es una de las patologías más detestables del oficio. Nunca hay que olvidar que los sujetos de toda esta historia son las fotos y las personas que las hicieron, conocidas o no. Un buen rastreador siempre lo tiene presente.

Este trabajo forma parte de la ponencia que el autor presentó en 1998 en el coloquio Sacar del olvido. Encuentro sobre rescate de archivos fotográficos, organizado por el Sistema Nacional de Fototecas, INAH, México, D.F.

Lo acompañan imágenes tomadas de las portadas de libros publicados por Antorchas, a partir de la investigación de Luis Príamo, próximamente disponibles para la consulta en nuestra biblioteca.

DETENER LA GRAVEDAD

FOTOLIBROS DESTACADOS DE LA BIBLIOTECA

Detener la gravedad de Bianca Cassarotti es una autopublicación cuya investigación editorial fue realizada durante meses en nuestra biblioteca.

Además de contener una mirada sensible y personal sobre la fotografía y los libros (y la vida), desarrolla una teoría fotográfica que, junto a una bitácora de potencia metapoética, forma parte de su tesis de Licenciada en Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires.

Hoy, el libro entra de nuevo a la biblioteca.

 

Compartimos fotos y fragmentos de Detener la gravedad, una mirada sensible y única –además de una investigación académica- que nos habla de la potencia de las bibliotecas y los archivos como espacio de buceo, sumersión e imaginación para la producción original de imágenes y libros.

BITÁCORA

(fragmentos)

1.

– Hola querida. Bien, con calor ¿y vos? ¡Ahhh! Estás estudiando. ¿Cuántas materias te faltan?* 

*Alguna conversación telefónica entre el 2008 y el 2017.

 

2.

Cuando era chiquita me encantaba cuando se cortaba la luz. Generalmente era tipo 7 de la tarde, la hora de bañarse y hacer la tarea, enton­ces simplemente aparecía la oscuridad. Esa oscu­ridad silenciosa y absoluta. Esa oscuridad que por sobre todas las cosas era diversión. Con mis hermanas jugábamos un cuarto oscuro infinito, o tratábamos de ver lo invisible. Si tenía­mos suerte se extendía por varias horas y teníamos que improvisar la cena con papas fritas, chizitos y esas cosas que generalmente comíamos el fin de semana o en alguna ocasión especial. Lo que más me gustaba era que se detenía el tiempo, ya no se podía hacer nada de lo que estaba planeado, estábamos obligados a disfrutar esas horas de la manera que quisiéramos. Si hubiese leído a Chejov por aquel entonces hubiese pensado “Solo lo inútil es placentero”.

En el momento en que se prendía la luz tenía la misma sensación que cuando me despertaba de un sueño o como ahora cuando termina una obra de teatro y los actores salen a saludar. Siento una mez­cla de emoción y tristeza, un deseo interno de que todo continúe, de prolongar ese universo.

También me acuerdo de la oscuridad que había a la hora de la siesta en la casa de mi abuela. Todos dor­mían. Yo me aburría un poco. El recuerdo que tengo de esa época es muy pintoresco, a veces pienso que tienen algo de novela gauchesca. Mis tíos, los hom­bres de campo con chambergo y faca. Las gallinas correteando por el patio, menos la del almuerzo. La cocina a leña y la radio prendida.

Adentro el televisor, arriba un poster de Evita. Afuera, un loro cantando la marcha peronista.

Lejos de la oscuridad los cumpleaños me parecían una de las escenas más divertidas, el mazapán de colores en las tortas, los peloteros, si era verano algu­nos padres se animaban y nos llevaban a las sierras o hacíamos bicicleteada.

Había un momento de los cumpleaños que me pare­cía mágico: el de la piñata. Era un instante donde se detenía el tiempo. Donde todo dejaba de ser y la ilusión poseía a todos. Era tan solo un instante y después el tiempo volvía a ser tiempo, los relojes volvían a marcar los segundos, todos volvíamos a ser felices o tristes, a reir o a llorar. Pero los recuerdos sobreviven a partir de esos instantes que se impri­men en la memoria como si el tiempo se detuviera, como si fuera una foto, como si no existiera otra cosa más que ese instante preciso.

 

3.

Entrar en la facultad, estudiar comunicación, fue como volver a esa etapa de la niñez donde todo se construye en formato de pregunta, una interrogación lleva a otra, algo dado te transporta a un cuestiona­miento. Desde que entré no paré de interrogarme, de interrogar a los otros, al estado, a los medios, al trabajo, a los cuerpos, las rutinas, los tiempos.

Cuando pensaba en la tesis hace unos años me ima­ginaba como resultado algo que pudiera concluir un pasaje, que pudiera cerrar y abrir. Ahora pienso que no sé si es posible crear algo que dé cuenta del trán­sito por la facultad. Es tan amplio y se internaliza tanto que aparece sutilmente en cada conversación o en cada reflexión. Lo veo en compañeros, cuando hablan, identifico como algunas cosas están ahí incorporadas subjetivamente en sus discursos.

Siempre me incomodó un poco el esquema de leer y resumir, estudiar, fijar y demostrar ese aprendizaje. Me asustaba la idea de que todo quede encerrado en esa dinámica que a veces no le encontraba sentido. De a poco todo eso empezó a caer y a adquirir una forma: una palabra, un texto, una imagen, un color, un sonido. De esta nueva etapa surge Detener la gra­vedad.

La carrera me ayudó a desentrañar. Ahora pienso como construir en capas, como materializar una idea y complejizarla. No para hacerla inentendible, para hacerla profunda. Un corte sencillo, cicatriza rápido y desaparece, una herida grande no se borra más. Hablo de la herida porque escinde y transforma, marca un antes y un después. Me gusta conectarme con eso desde la expectación y ojalá con el tiempo desde la creación.

“Frente a tanta imagen y a tanta nadería, prefiero preguntarme: ¿Llego al hueso con lo que estoy haciendo? ¿Me transforma lo que hago? ¿Puedo transformar al otro?” (cita de Adriana Lestido). Son esas preguntas las que me impulsan a emprender este camino y a buscar una respuesta, que quizás nunca encuentre, pero que hoy me llevan a querer detener la gravedad para encontrar un movimiento propio.

12.
A veces tengo miedo de que cuando sea grande
las preguntas se vuelvan afirmaciones.

DETENER LA GRAVEDAD

Pienso en ese momento en el que intento detener la gravedad. Cuando pelo una naranja con la concentración de un animal de caza. Cuando camino descalza una madrugada acompañando todos los movimientos con un silencio similar al de un hospital o una iglesia cuando la Luna se apaga. Cuando me siento en el inodoro a hacer el primer pis de la mañana. Cuando me punto la última uña de color rojo de la mano izquierda antes de salir de mi casa.

 

Pienso en ese momento en el que intento detener la gravedad. Cuando me subo una media can-can con la misma delicadeza con la que una enfermera agarra a un niño al nacer para que deje de llorar. Cuando le pongo cuatro broches a la ropa porque el viento no para de soplar.

 

El amor y la geometría. El momento en que un punto se convierte en un segmento de puntos para convertirse en espiral, para convertirse en círculo vicioso, para convertirse en línea donde los extremos no se tocan nunca más.

texto = Bianca Cassarotti

fotos del libro = Guadalupe Arriegue

Este fotolibro se puede visitar en la biblioteca de TURMA: hay que agendarse en biblioteca@somosturma.com.

La biblioteca de TURMA es un centro neurálgico de ideas y un espacio de encuentro.

Esta maqueta fue seleccionada para el Premio FELIFA – Futura 2018

Piratería hoy

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

La isla del tesoro de Federico Estol, editado por CdF Ediciones

Objeto elegido: una moneda de oro

Una moneda de oro, un billete, un pasaje a otro mundo. El cuento empieza con la herencia que deja un abuelo marinero: un elemento como transporte , el boleto mágico o llave. Una moneda de oro. El pasaje a la isla del tesoro.

 

Las imágenes que devuelve Estol de las Islas Caimán muestran la piratería contemporánea. Arman un juego temporal paradójico, que homologa los piratas del siglo XVI (o mas bien la figura lavada que ha quedado en el imaginario sobre todo de cultura infantil) con los piratas del siglo XXI, que también esconden sus tesoros en las Islas Caimán.

REALISMO Y FICCIÓN DOCUMENTAL

Toda fotografía contiene una historia. La construcción del documentalismo de Estol no es una mirada vouyerista distante o ajena, sino que muestra el trabajo de campo de un sujeto fotógrafo que interviene en el espacio y se relaciona con las personas. Una puesta en página, una puesta en escena; una narrativa documental que tensiona una crítica social-económica con la elaboración metafórica que realiza la obra.

Federico Estol no acata órdenes normalizadas con el lente, sino que posibilita una polisemia: abre un abanico de personajes que cuentan prácticas sociales.

 

La foto del hombre de traje que tiene un parche en el ojo se vuelve el epítome de ese cruce de elementos simbólicos que refieren a una piratería de ayer y de hoy.

El libro funde las solapas temporales y nos habla de los saqueadores del siglo XXI, con cuentas offshore, empresarios que blanquean su dinero ilícito en las islas del caribe. Los pobladores locales, relegados. La isla es un estado colonizado, gobernado por millonarios, dueños de empresas fraudulentas que esconden sus caudales en paraísos fiscales.

El libro La isla del tesoro de Federico Estol es una alegoría de nuevas formas de prácticas extorsivas, robo y saqueo en la economía contemporánea mundial.

 

Corsarios, ladrones, taimados, asesinos. Siguen hasta nuestros días con otro disfraz: dejaron los harapos de navegantes de ultramar por los trajes de oficina recién salidos de la tintorería y ocupan oficinas y sillones ampulosos hasta en la casa de gobierno nacional. Los piratas hoy son los que esconden su dinero en los paraísos fiscales.

texto y fotos = Guadalupe Arriegue

Este fotolibro se puede visitar en la biblioteca de TURMA: hay que agendarse en biblioteca@somosturma.com.

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hnorir viene a ser un objeto que se encuentra en el ficticio mundo de Tlön y que es cualquier objeto que surge a partir del deseo. Allí cuando un objeto es buscado intensamente, siempre se lo halla, porque la voluntad modifica la realidad, o la inventa. El mero deseo produce el objeto. Todo lo que es imaginado, es posible de aparecer.
Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga.

Brillemos

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

Vientos de cambio en las lógicas de producción y circulación de fotolibros en Latinoamérica. Reseña de la publicación Héroes del brillo de Federico Estol, coeditada por la periódico callejero Hormigón Armado y El Ministerio Ediciones, ganadora del Premio Internacional FELIFA 2018.

Objeto elegido: un vendaval

¿En qué se diferencia una serie de imágenes de un proyecto visual?
¿Qué alcances puede tener una visión y una visibilización?
¿Publicar, qué? ¿y para qué?

 

Estas son algunas de las preguntas que rondan el proyecto Héroes del Brillo de Federico Estol (Uruguay) y la organización social Hormigón Armado (Bolivia). Se trata de una publicación que repercute, discute y reformula géneros, espacios discursivos y estructuras de poder, para comprender, reinterpretar, modificar y trascender lo dado.

 

 Alianzas creativas y productivas

Federico y El Hormigón Armado compartieron tres eneros, donde pusieron en juego nuevos modos de llevar a cabo producciones fotográficas y ediciones a partir de talleres colectivos para elegir una forma de visibilizarse que luchara contra la discriminación sufrida por los lustracalzados en La Paz. No había un guion prefabricado ni una hoja de ruta impuesta, sino que la vinculación y la(s) experiencia(s) fueron llevando adelante una relación creativa que devino en la publicación que hoy presentamos.

Micropolíticas y macropolíticas culturales

La trayectoria previa de Federico Estol es de viajes por Uruguay, con el objetivo de explorar y expandir los horizontes identitarios culturales, que también son personales y familiares. Un recorrido por más de 200 fiestas folklóricas durante sus veintis, con amigos, entre ellos un antropólogo, que finalizó con el primer calendario e investigación sobre las celebraciones tradicionales del Uruguay. En esos primeros viajes aparece un estadío embionario de un gestor y promotor cultural en ascenso y en formación, que además, fundará junto a su colega de humanidades el Área de Patrimonio Cultural Inmaterial en Uruguay.

Con la identidad siempre como eje, Federico realizó dos publicaciones: Hello Montevideo, un ensayo sobre la cultura de la localidad Montevideo en Minnesota y la recreación de la identidad uruguaya donde no vive nadie del país, y el fotolibro La isla del tesoro, que traza un paralelismo entre los piratas del caribe del siglo XVII en las Islas Caimán y los paraísos fiscales contemporáneos. En uno de sus viajes por Latinoamérica, Federico conoce en Bolivia la organización El Hormigón Armado, que ya lleva más de 15 años de trabajo.

 

 

 

Productores y protagonistas

El Hormigón Armado es una organización que trabaja para “defender y resaltar la dignidad del oficio de lustrar zapatos” y el objetivo principal es “reforzar su autoestima y las herramientas necesarias para alcanzar sus objetivos y aspiraciones personales” (link al documental).  Los lustrabotas son un grupo social desclasado, que oculta su identidad y permanece clandestina por la vergüenza social que acompaña el oficio. Por eso es que prefieren mantener el anonimato encapuchados.

 

El proyecto Héroes del brillo invierte el signo de la máscara para tapar una identidad que se oculta por vergüenza, para llevarla al mundo de la literatura popular del comic, donde la máscara es un elemento de cohesión, inviertiendo el estigma para convertir al sujeto en un héroe social.

 

Las tomas fotográficas fueron realizadas en enero 2015, 16 y 17. En la preproducción, se construyeron storyboards colectivos de una supuesta ciudad «Brillolandia», y como en un rodaje de cine independiente, se produjeron las escenas, siendo la productora El Hormigón Armado y los lustracalzados actores de los roles protagónicos. Luego, el director de fotografía es Fede Estol. La dirección general, colectiva. De esta manera, el proyecto no es sólo la secuencia de imágenes que será publicada como número especial del periódico que tiene la organización, sino que comprende otros vínculos y afectos, que sucedieron como instancia creativa en los talleres colectivos durante ese período.

Publicar: conceptualizar, editar y materializar

Durante los períodos intermedios entre los meses de producción fotográfica, es que comenzó a gestarse el formato comic en la conceptualización que trabajara Federico con el editor Diego Vidart. Luego, llegará la incorporación de las ilustraciones de Álvaro Gastesi y la post-producción de imágenes de Fernando Giménez Roglia. El diseño es del estudio uruguayo Bruster. Resulta relevante además, nombrar el taller de conceptualización de fotolibros que llevara adelante el editor español Gonzalo Golpe en el festival ENCMYK del CdF (Centro de Fotografía de Montevideo) en diciembre 2017. Según refiere el mismo Federico, este espacio fue decisivo en el armado del relato visual cuando el proyecto estaba encaminado.

Luego, vendrá el momento de la impresión. Si el trabajo de conceptualización, edición, diseño y color fue tan controlado por el equipo uruguayo, luego en la materialización aparecerá el tinte maravilloso de lo imprevisible. A distancia y por video en vivo por whatsapp, Federico verá como se imprime Héroes del brillo en Bolivia sin ningún tipo de prueba y control sobre las máquinas de Hermenca donde El Hormigón Armado imprime su periódico mensual. Héroes del brillo será la edición nº 70 de esta publicación callejera y decana en la ciudad de La Paz.

 

La circulación

La publicación es una coedición de El Ministerio Ediciones, editorial uruguaya especializada en secuencias visuales y Hormigón Armado, el periódico de los lustracalzados bolivianos. Es una coproducción de dos países, y además de desbordar los territorios geográficos, la publicación  desborda cualquier supuesto de géneros discursivos. Es trans-género editorial. Es una edición especial de un periódico popular, cuando se vende en las calles de La Paz; es un fotolibro en espacios de circulación específicos (como en el festival FELIFA donde resultó ganador del Premio Internacional de la edición 2018,) con un mensaje directo en la lucha contra la discriminación. La habilidad de Estol es meterse en el formato de publicación callejera y conectarlo al mundo del arte, realizando un objeto que juega en ambos campos y que tiene una utilidad concreta de habilitar un cambio en la percepción del colectivo fotografiado en las calles de La Paz, objetivo que también persigue la propia organización Homigón Armado.

 

Es un proyecto afectivo-creativo que además tiene una publicación visual, lo cual supera por lejos la definición de qué es un fotolibro. Da cuenta de la importancia de entender los modos de producción contemporáneos y los espacios de circulación o difusión de la cultura visual popular, para preguntarnos cómo queremos llevar las imágenes a la vida.

 

 

La doblepágina no duplica, multiplica los sentidos.

Héroes del brillo

Fotografías e idea original: Federico Estol
Conceptualización y edición: Diego Vidart – Federico Estol
Producción artística: Lustrabotas de Hormigón Armado
Diseño: bruster.com.uy
Ilustración: Álvaro Gastesi
Post-producción: Fernando Giménez Roglia
Distribucción callejera – 6.000 ejemplares
Impreso en www.hermeneca.com
Hormigón Armado nº 70 – El periódico de los Lustrabotas
agosto / septiembre / octubre 2018

 

 

Texto = Guadalupe Arriegue

Fotos del libro = Karin Topolanski

Este fotolibro se puede visitar en la biblioteca de TURMA: hay que agendarse en biblioteca@somosturma.com.

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hnorir viene a ser un objeto que se encuentra en el ficticio mundo de Tlön y que es cualquier objeto que surge a partir del deseo. Allí cuando un objeto es buscado intensamente, siempre se lo halla, porque la voluntad modifica la realidad, o la inventa. El mero deseo produce el objeto. Todo lo que es imaginado, es posible de aparecer.
Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga.