El romancero We belong together: una lectura de género

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO.
Reseña del libro We belong together de Sta. Rosa editora.
Objeto elegido: una guitarra

El formato del libro es un cancionero, un tipo de publicación histórica en la cultura popular, que siempre nos cuenta mucho sobre las ideas y el gusto de una época y de un lugar…

 

 

La poesía de Sta. Rosa editora siempre es sutil, delicada e incisiva.

El poder expresivo que tiene la unión de la imagen y la palabra es misterioso. Siempre le escapa a la lectura fija y lineal. Provoca otra lectura, otro modo de entrar a la narrativa. No se lee de izquierda a derecha de ni arriba abajo. Entonces, ¿tiene sentido preguntarnos o tratar de definir qué expresa un libro de imágenes?

Sí, si tenemos la apertura a lo móvil e inasible.

 

Y también porque supone una recapacitación, una operación de relectura de los objetos culturales que tienen un devenir histórico en su construcción. Lo que hoy llamamos “fotolibro” (una traducción directa del término en inglés, así como “publicación”), tiene su antepasado en revistas populares, comics, folletines, novelas por entregas, cancioneros, romanceros… en fin, todos los formatos editoriales históricos de la cultura popular. Y su relación con la oralidad y la historia de un pueblo y una época…

Ahora, metiéndonos dentro de la segunda capa de ficción –las páginas del libro –, qué nos cuenta We belong…?

 

Antes de sumergirnos, propongo a quien lee ponerle play a la lista que Sta. Rosa armó para viajar por estas imágenes (spotify)   y especialmente a la canción a la que el título remite (youtube).

Puesto que este es un libro visual y musical.

Fotografías de muñecas de porcelana, pintadas a mano y versos de canciones.

Las imágenes están apropiadas de mercados en portales digitales. Las canciones están tomadas de la cultura estadounidense de los años 50. Clásicos de una (otra) época. Esta yuxtaposición en la obra de Sta. Rosa provoca un extrañamiento de posiciones encontradas, entre el placer visual y el estremecimiento. La representación de la muñeca en la foto que “mira a cámara” tiene algo de macabro. Las poses sexualizadas nos hablan de la historia de la mirada sobre el cuerpo femenino que estamos hoy abogando por cambiar. Y las imágenes que elige Federico Paladino y pinta a mano Pilar Villasegura, son las de, precisamente, muñecas. Y de procelana lladro, esa materialidad tan frágil, y tan exclusiva. Los objetos también nos hablan de lo que se ponderaba o atesoraba en otra época, en este caso se trata precisamente de la construcción de un cuerpo femenino que por suerte hoy, estamos deconstruyendo.

You’re mine and we belong together
Yes, we belong together, for eternity

You’re mine, your lips belong to me
Yes, they belong to only me, for eternity

You’re mine, my baby and you’ll always be
I swear by everything I own
You’ll always, always be mine
You’re mine, and we belong together
Yes, we belong together, for eternity

Dice la letra que canta Ritchie Valens y que le otorga el título al romancero de Sta. Rosa. Resultaría algo así como “Sos mía y nos pertenecemos juntos”. Uno se pregunta dentro del libro, quién es el que formula o interpreta esa voz. ¿Es quien saca la foto de la muñeca? No hay certeza, es una voz invisible y por omisión.

 

 

Hoy esa omisión está siendo cuestionada y los ecos resuenan por todos lados.

We belong together es un romancero más de desamor, que de amor; de posesión (mujer-objeto) y de la fragilidad en la representación del cuerpo femenino. Un verso de un romance viejo, que se está señalando y cuestionando en esta época, de la que Sta. Rosa participa activa.

Texto & fotos = Guadalupe Arriegue

We belong se together se puede visitar en la biblioteca de TURMA: hay que agendarse en biblioteca@somosturma.com.

También se encuentra a la venta en la tienda online. Consultas en tienda@somosturma.com

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hnorir viene a ser un objeto que se encuentra en el ficticio mundo de Tlön y que es cualquier objeto que surge a partir del deseo. Allí cuando un objeto es buscado intensamente, siempre se lo halla, porque la voluntad modifica la realidad, o la inventa. El mero deseo produce el objeto. Todo lo que es imaginado, es posible de aparecer. 
Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga.

Fotografía & feminismo 5

Quinta entrega de la serie MUJERES QUE SE MIRAN – AUTORRETRATOS & DECLARACIONES, que comprende un recorrido visual y textual por imágenes autorreflexivas, realizadas por mujeres.

Rosana Simonassi: visibilización de la empatía

Rosana Simonassi trabaja el tema de la violencia contra la mujer en su serie Reconstrucción, utilizando su propio cuerpo para reelaborar imágenes periodísticas de víctimas de femicidio.

Simonassi parte de imágenes tomadas por otros, y se ciñe a los encuadres elegidos por ellos, pero reemplaza los cuerpos sin vida que fueron documentados en esas imagenes por el suyo propio, y plantea una agencia en el rol de la mujer fotografiada que no puede existir en el caso de la imagen que documenta un crimen. La fotógrafa reencarna a estas mujeres y sus tragedias poniendo su propio cuerpo de intermediario, y les ofrece un gesto de concentración en sus figuras que no está disponible en la narrativa habitual: en las crónicas periodísticas o policiales, la atención se centra en el asesino, mientras que en esta serie artística, Simonassi pone el énfasis en las muertas.

 

La fotografía Alicia Muñiz. 14 de febrero 1988, Mar del Plata, Provincia de Bs. As., Argentina, (2012) reproduce la imagen periodística de este asesinato célebre en el país, por ser el femicida un reconocido boxeador. El cuerpo de la fotógrafa, convertida en víctima, yace boca abajo, se la ve a través de hojas de palma, y la imagen podría evocar otra clase de relato de no ser por el conocimiento previo de sus circunstancias. Simonassi se vincula con estas imágenes periodísticas de una manera que recuerda a la relación que Barthes establece él mismo con las fotografías al adquirir un rol de observación más profunda y activa que la del Spectator receptivo y pasivo que define inicialmente: “como spectator solo me interesaba por la fotografía por ‘sentimiento’, y yo quería profundizarlo no como una cuestión sino como una herida: veo, siento, luego noto, miro, y pienso.”

 

En el caso de Simonassi, luego de este proceso, la fotógrafa recrea, elabora, y produce partiendo de esta herida ajena con la cual empatiza desde su rol de mujer.

En la impresión de las imágenes  que se exhibieron bajo el nombre “El fin de la apariencia” en el MACBA en 2016, Simonassi toma el aspecto técnico como parte del efecto visual de manera explícita: la selección de materiales frágiles, el uso de la exhibición del reverso de las impresiones, todo va de la mano con su interés en mostrar la fragilidad de las víctimas y sus lugares percibidos por la prensa y el público en su apropiación mediatizada.

Al presentarse como víctima a sí misma, y al usar su propio cuerpo, la autora desnaturaliza el vínculo social con los cadáveres femeninos que aparecen en los diarios sin afectar al público. En sus tomas, la mujer es el único referente al que lleva la fotografía. Y en este encierro del sentido, el espectador no tiene opción más que enfrentarla.

La fotógrafa plantea en el catálogo: “selecciono las imágenes que se instalan al borde de la belleza y la duda, y las protagonizo.” Este borde que ella menciona es el de lo siniestro, la duda respecto a la muerte y el derecho de una audiencia masiva a poseer de alguna manera los detalles de los cuerpos femeninos que se deshacen en forma de noticias. La artista efectivamente interpela y busca inquietar al observador.

Texto= Mora Vitali

Mujeres que se miran: autorretratos y declaraciones

 

La aparición de la fotografía a mediados del siglo diecinueve amplía y modifica el campo del arte. Gracias a su relación directa con el sujeto representado, se instala en la conciencia colectiva como prueba de algo, evidencia gráfica y confiable. Desde este punto de vista, el autorretrato fotográfico tomado por mujeres, es un refuerzo testimonial de la propia presencia.

Las autoras buscan asentar la existencia femenina en material visual, ante su fragilidad social.

La iconografía femenina se plantea muchas veces desde la proyección de una mirada masculina, y es necesario deconstruir estos estereotipos para poder desafiarlos. Las autoras se descubren como sujetos y como modelos, abriéndose posibilidades representativas nuevas y revolucionarias.

 

Link a primera, segunda, tercera y cuarta entrega

Llano

FOTOLIBROS LATINOAMERICANOS

Llano de Juanita Escobar

Publicado por la editorial peruana KWY, con fotografías de Juanita Escobar, Llano es un libro lleno de textura y de retorno. Articulado alrededor de un solo paisaje que lo nombra, Llano es un proyecto que habla del tiempo, del trabajo, del canto, de la noche, de los caballos, de la fotografía como un paseo salvaje, de la autora, de la llanura, del amor.

La estructura general del libro se plantea como un relato clásico, que adentra al lector en la temática y los personajes particulares de este territorio y la relación de Juanita con ellos. El libro comienza con la cruda imagen frontal de un caballo y continúa presentando al paisaje y los llaneros, y por último -como cierre del preludio-, la imagen de una mujer de espalda sumergiéndose en el barro de la narración: veo en esa mujer a Juanita y un gesto ritual de fundirse con lo que cuenta.

En el centro perfecto del objeto (insistiendo en el rodeo), se nos presenta un cambio de papel y el único momento del libro donde se articula una secuencia. La elección del tipo de papel para este segmento es, en mi opinión, muy acertada. Se genera una sensación de transparencia falsa, en un papel que parece traslúcido, que se siente traslúcido, pero que no deja ver: es como si las imágenes, donde se percibe el galope de mil caballos, terneras zapateando y los sombreros y el sudor, y el polvo que levanta todo aquel movimiento, excedieran su frontera gráfica y una nube de tierra se metiera por los ojos y la nariz del lector. No hay lugar para la contemplación. Todo sucede con temperamento.

La llanura es por definición, el paisaje existencialista, porque, al igual que la vida, uno no sabe dónde empieza ni dónde termina.

 

Llano es un libro cargado de imágenes profundas, en cuanto a su profundidad, nunca mejor dicho, de campo, y en cuanto a la densidad vital de lo que contienen. Hay una imagen que quizás resuma a todas: una yegua parada en dos patas, un llanero que intenta domarla, la luna llenísima, redonda, perfecta, y blanca como un ojo, que atestigua e ilumina el momento, mientras la llanura y su recta atroz cortan a la imagen (y al ojo metafórico lunar, que es el del lector) en dos. No nos olvidemos que la llanura es una hoja de papel acostada y que, en ella, las miradas se pierden. Caballo, paisaje, hombre y mujer, son aquí lo mismo: texturas de una historia bien narrada.

Las decisiones generales del libro, en cuanto a diseño e impresión, denotan la experiencia de una editorial que ya lleva unos cuantos libros encima. El formato es amable, por su tamaño y por su peso, y nos invita, con el cuero citado de la portada, a ojear una y otra vez el material. Personalmente, disfruto cada vez más los libros de formato pequeño y de medida ambición. Llano es justo en sus decisiones.

 

“Narrar esta historia es contarme a mí misma” se nos anuncia en el texto que cierra al relato, escrito por la autora. Juanita nos invita así, a volver a leer el material, ahora con la llave de sus ojos y de su historia personal. No en vano, uno de sus caballos es nombrado “Volví para verte”.

 

Escrito por Martín Bollati

Llano, Juanita Escobar.

 

Tapa Dura cosida a hilo.

88 páginas

170 x 225 mm

 

2017

KWY Ediciones

1000 ejemplares

 

Fotografías: Juanita Escobar

Edición: Juanita Escobar & Musuk Nolte

Diseño: underbau

Fotomecánica: La Troupe

Edición de Texto: Betsimar Sepúlveda

Impresión: Artes Gráficas Palermo

Encuadernación: Felipe Méndez

Fotografía & feminismo 4

Cuarta entrega de la serie MUJERES QUE SE MIRAN – AUTORRETRATOS & DECLARACIONES, que comprende un recorrido visual y textual por imágenes autorreflexivas, realizadas por mujeres.

Nan Goldin y el documental de la vida privada

Nan Goldin en su autorretrato Nan, one month after being battered (1984) -parte de una serie llamada The ballad of sexual dependency- lleva en su rostro la evidencia de una golpiza. En esta imagen ella recobra el control que su pareja de ese momento, un ex militar llamado Brian a quien ella había retratado antes en momentos íntimamente pacíficos, le quitó sobre su propio cuerpo.

Si bien ella no eligió recibir esos golpes, elige el momento de mostrarlos, elige exhibir la herida, y recupera así una forma de autonomía.

 

Es particularmente interesante la fusión del registro documental, aplicado al efecto de la violencia en su propia existencia, con lo performativo del género que ella representa en los rituales de la feminidad que pone en juego: antes de tomarse la foto Goldin se maquilla, se pinta los labios de un rojo saturado, se bate el pelo, se pone joyas, pero con estos actos no aspira a un aspecto de naturalidad, no busca representar la respetabilidad, ni intenta un ocultamiento de ninguna de sus circunstancias, sino que concreta la exhibición bajo sus propios principios estéticos y narrativos.

Sontag plantea la posibilidad de utilizar la fotografía para sublimar los aspectos violentos de la sociedad, diciendo que “quizás con el tiempo la gente aprenda a descargar más agresiones con cámaras y menos con armas, y el precio será un mundo aún más atragantado de imágenes”.

Es interesante evaluar esta imagen como una respuesta a la violencia, como un ataque a la figura de su amante, realizado a través de un recurso en apariencia pacífico, pero con potencial disruptivo para el vínculo y la disparidad de poder que se da entre ambos.

 

El uso del color, del flash, de cámaras compactas y rollos de película comerciales, hace que en la imagen se vean explicitadas las posibilidades técnicas del momento, con el florecimiento del registro familiar y la vida personal que se da gracias a la mayor accesibilidad de los elementos. Goldin siempre trabajó en un ambiente propio para ella, tomando múltiples retratos espontáneos de conocidos en situaciones de marginalidad y vulnerabilidad, semejantes a la que demuestra ella misma en este retrato. Sin embargo, Goldin cuenta con estudios en Bellas Artes, realizados en Boston antes de trasladarse a Nueva York, que la dotan de herramientas visuales para obtener estos resultados. También a la hora de exhibir sus imágenes, hay particularidades técnicas importantes y relativas al contexto: Goldin inicialmente no contaba con los fondos para hacer impresiones a gran escala, y optaba entonces por proyectar las diapositivas en eventos realizados dentro del circuito underground del que formaba parte.

Texto= Mora Vitali

Mujeres que se miran: autorretratos y declaraciones

 

La aparición de la fotografía a mediados del siglo diecinueve amplía y modifica el campo del arte. Gracias a su relación directa con el sujeto representado, se instala en la conciencia colectiva como prueba de algo, evidencia gráfica y confiable. Desde este punto de vista, el autorretrato fotográfico tomado por mujeres, es un refuerzo testimonial de la propia presencia.

 

Las autoras buscan asentar la existencia femenina en material visual, ante su fragilidad social.

 

La iconografía femenina se plantea muchas veces desde la proyección de una mirada masculina, y es necesario deconstruir estos estereotipos para poder desafiarlos. Las autoras se descubren como sujetos y como modelos, abriéndose posibilidades representativas nuevas y revolucionarias.

 

Link a primera, segunda y tercera entrega

FOTOGRAFIA Y FEMINISMO 3

Tercera entrega de la serie MUJERES QUE SE MIRAN – AUTORRETRATOS & DECLARACIONES, que comprende un recorrido visual y textual por imágenes autorreflexivas, realizadas por mujeres.

Francesca Woodman y la puesta en escena de sí misma

En un contexto moderno, acompañando los reclamos feministas de mayor libertad y autonomía corporal que se plantean en los años ‘70 en los EEUU, desarrolla su obra Francesca Woodman en el marco de lo que Ana Maria Muñoz-Muñoz llama fotografía feminista, aquella que “se centra en la autorrepresentación de las mujeres en el mundo, la situación social que ocupan y los roles que la sociedad patriarcal ha determinado para ellas” y aparece “como principal objetivo llamar la atención sobre problemas político-sociales de otro modo silenciados” . En su autorretrato sin título de 1978, marcado como Providence-Rhode Island, toma la idea de la presentación de la mujer como pieza a ser vista, para esto se mete en el museo y dentro de la vitrina, y desde allí desafía al observador a equipararla a ella, autora y modelo de una obra fotográfica, con los objetos inanimados que la rodean, los cuales son en su mayoría cadáveres de animales embalsamados.

Existe allí una explicitación de la mirada condicionada del espectador: si se la ve como un objeto, es porque ella misma se muestra así, no solo en la pose, sino a través del encuadre y la producción de la obra. Por lo tanto, la objetivización del cuerpo de Woodman, solo se da bajo la intencionalidad de la fotógrafa de presentarlo así. Es también destacable que entre el rol de los animales y el de las mujeres en la sociedad pueda trazarse un vínculo, basado en que muchas veces sus existencias se definen desde lo exterior a sí mismos, y sus vivencias se relativizan y ocultan para facilitar el ser considerados objetos del disfrute del poder hegemónico. Woodman se posiciona frente a esta mirada junto a animales que ya han sido sacrificados para su posesión y archivo museístico.

En esta y otras tomas, la autora fragmenta la imagen del cuerpo que permite observar.

Oculta secciones, las cubre, las viste, y en este caso en particular, nos impide el acceso a su mirada, estando su rostro entortado, y sus ojos cerrados. De esta manera en la obra de Woodman encontramos una desmaterialización del cuerpo en el autorretrato, que puede trazarse en paralelo con el distanciamiento de la autora del mundo. Es pertinente citar a Sontag quien, al hablar de las fotografías de Diane Arbus, tomadas antes de su suicidio (final que comparte Woodman) dice: “el suicidio parece volver más devastadoras las fotografías, como si demostrara que para ella habían sido peligrosas.”

Woodman trabaja la elaboración de la puesta en escena. La concepción compositiva opera formando una narrativa reflexiva respecto al rol femenino sin recaer en conceptualizaciones trilladas. Es posible reconocer en su trabajo los años de estudios y visitas a museos, tanto en EEUU como en Italia, que le proporcionaron una formación visual extensiva y elaborada. El uso de película monocromática, pese a que ya estaba disponible también la película a color, es una decisión que la vincula estrictamente con las grandes figuras del mundo de la fotografía que trabajaron antes que ella. El formato medio a la hora de trabajar le otorga mayor calidad a los negativos, y a su vez la distancia de la estética casual obtenida con cámaras más livianas y portátiles, declarando así la intencionalidad de cada detalle de las tomas. Es claro al observar la obra de Woodman que, pese a su corta edad, la fotógrafa tenía ya un desarrollo estético y conceptual personal con el que formulaba sus obras, y desde el cual elegía la forma de mostrarse a sí misma como mujer, artista, y ser humano.

Texto= Mora Vitali

Mujeres que se miran: autorretratos y declaraciones

 

La aparición de la fotografía a mediados del siglo diecinueve amplía y modifica el campo del arte. Gracias a su relación directa con el sujeto representado, se instala en la conciencia colectiva como prueba de algo, evidencia gráfica y confiable. Desde este punto de vista, el autorretrato fotográfico tomado por mujeres, es un refuerzo testimonial de la propia presencia.

 

Las autoras buscan asentar la existencia femenina en material visual, ante su fragilidad social.

 

La iconografía femenina se plantea muchas veces desde la proyección de una mirada masculina, y es necesario deconstruir estos estereotipos para poder desafiarlos. Las autoras se descubren como sujetos y como modelos, abriéndose posibilidades representativas nuevas y revolucionarias.

 

Link a primera & segunda entrega

13.000 años en América

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO.
Reseña del libro El poder de los que mataron vuelve a mí editado por Pilar Villasegura & Federico Paladino de Sta. Rosa editora
Objeto elegido: el fuego

La última obra de Sta. Rosa editora es una pieza gráfica y visual que revisita a los Selknam, pueblo morador de Tierra del Fuego, desaparecido tras la conquista de Europa en América.

 

En Sta. Rosa y otras editoriales están haciendo publicaciones artesanales, entintado mitines, y dándole voz a la resistencia cultural ante la univocidad de los poderes dominantes y coercitivos.

 

Trabajan con la apropiación de imágenes & textos para la reaprehensión del cuerpo y la memoria americanista. El papel se vuelve repertorio del ritual, la danza y la performance; de lo que no se ve.

Ofrecen una reaprehensión del cuerpo de los Selknam.

Mediante la técnica de impresión risográfica con tinta dorada y papel negro, nos devuelve un ritual que ya no se practica con el cuerpo. En el papel queda la memoria. Logra devolver el gesto del ritual a través de la edición de textos e imágenes que reproducen la poética del pueblo fueguino.

Le devuelve el gesto, nos permite reaprehenderlo

El genocidio y la aculturación completa de los habitantes del fin del mundo comenzó con la campaña del desierto encabezada por el gral. Roca y la clase dominante que luego de la matanza se tornó dueña de las tierras. Estas familias patricias contrataban asesinos a sueldo (generalmente ingleses) con el fin de destruir al pueblo que se resistía a la ocupación de la tierra por el hombre blanco. Luego, las misiones de los sacerdotes salecianos y las enfermedades exógenas traídas en los barcos desde el viejo continente, terminaron de desaparecer para siempre el cuerpo de las tradiciones, mitos, leyendas y cosmogonías del pueblo selknam.

 

Ellos vieron y durmieron bajo las mismas mismas estrellas que nosotros. Las nubes de Magallanes, también el estrecho de Magallanes, todo aquello que Magallanes nombró con su propio apellido, mucho antes era el suelo y cielo de los Selknam.

Solo que ellos no tuvieron la misma relación de propiedad (para posterior venta a países extranjeros) de la tierra que sí tuvo el hombre blanco.

Los estancieros de capital inglés en complicidad con el Estado asesinan indios, desde 1880 hasta nuestros días. Actualmente se ha vuelto noticia a partir de la muerte de un hijo blanco que reivindicó la lucha de pueblos indigenistas por su tierra. No permitamos que se lleve el tema la espectacularización de la noticia. Recordemos a Santiago Maldonado reivindicando su lucha, continuando la enseñanza que nos deja. Defender a los pueblos originarios y su legado, de los intereses y capitales dueños de todos los aparatos de poder represivos del cuerpo y la cultura del hombre americano, que comenzó a habitar esta tierra desde hace 13.000 años. Y llegó al fin del mundo, al Sur más sur de todos, a la Tierra del Fuego.

El libro El poder de los que mataron vuelve a mí se puede consultar en la biblioteca de TURMA

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hnorir viene a ser un objeto que se encuentra en el ficticio mundo de Tlön y que es cualquier objeto que surge a partir del deseo. Allí cuando un objeto es buscado intensamente, siempre se lo halla, porque la voluntad modifica la realidad, o la inventa. El mero deseo produce el objeto. Todo lo que es imaginado, es posible de aparecer. 
Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga.
COORDINA: Martín Bollati