Anaesthesia

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO.
Reseña del libro Anaesthesia de Valentina Abenavoli
Objeto elegido: el cristal según el que se lo mire

El universo que observamos tiene precisamente las propiedades que debemos esperar si no hay, en el fondo, ningún diseño, ningún propósito, ningún mal, ningún bien, nada más que una indiferencia ciega y despiadada.

Richard Dawkins

Una serie de placas en negro con una línea de texto en la base de cada una dan comienzo a Anaesthesia.

Hojas en negro como opuesto metafórico de la hoja en blanco.

Valentina Abenavoli elige la apropiación como modo de documentar.

Selecciona y deconstruye extractos de documentales y noticieros que pueden verse en línea.

Zapping, montaje, remix, collage, otro tipo de documento.

El bombardeo de imágenes que ofrecen los medios de comunicación masivos es replicado en el libro. No hay pausa, el ritmo es vertiginoso.

La oscuridad se profundiza página a página. Anaesthesia es una crónica del horror post 11 de septiembre de 2001. Muestra el infierno como lo hace el servicio informativo, a distancia, para observar desde la comodidad del hogar, en un sillón acogedor.

Las fotografías se suceden unas detrás de otras sin pausa, sin concesiones.

Torturas

Paisajes

Armas

Cadáveres

Cuerpos mutilados

Rostros en llanto

Religiosos

Paramilitares

Suicidas

Atentados

Represión

Muros

Desiertos

Sufrimiento

Bailes

Cámaras de seguridad

Grietas

Abrazos

Campos de detención

Explosiones

El libro es de una extraña belleza. Las imágenes seleccionadas hacen referencia a la historia de la fotografía y el cine. Hojas negras, detalles dorados, textos históricos y actuales que hablan sobre el dolor, la guerra, el terror, las pasiones, el mal y el bien.

¿Logra la autora que el espectador se interese por los temas que muestra? No es su objetivo. En cambio, incomoda al lector sabiéndolo ajeno al dolor representado en el libro. Lo pone en crisis. Lo confronta con su vulnerabilidad. Lo manipula. ¿Cómo empatizar con el sufrimiento ajeno? Anaesthesia es una trampa. El foco está puesto más en la circulación de las imágenes que en los conflictos que estas retratan, más sobre la forma que sobre el contenido.

¿Qué función tienen las miles de imágenes que se producen a diario?

Anestesia contra el horror.

 

El horror es el otro.

 

 

Nunca es uno el que muere.

El libro Anaesthesia participó de la Feria de Libros de Fotos de Autor 2016 y se puede consultar en la biblioteca de TURMA

Editado por Akina Books

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hnorir viene a ser un objeto que se encuentra en el ficticio mundo de Tlön y que es cualquier objeto que surge a partir del deseo. Allí cuando un objeto es buscado intensamente, siempre se lo halla, porque la voluntad modifica la realidad, o la inventa. El mero deseo produce el objeto. Todo lo que es imaginado, es posible de aparecer. 
Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga.

Al borde de este mapa

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO.
Reseña del libro Al borde de todo mapa de Juanan Requena
Objeto elegido: un anillo

Una alquimista me regaló un anillo que ella misma hizo, hace ya unos cinco años. Nunca había sentido tanto amor por un objeto, no durante tanto tiempo. Una relación así, de tanta confianza, me la da que cada tanto este anillo se pierde y lo vuelvo a encontrar, siempre vuelve a mí. Sigue siendo compañero pero no me pertenece. Es y elige estar conmigo.

Este libro me llevó a detenerme en ese anillo, de cinco lados, de fusión perfecta con mis manos, que siempre hacen, que se mueven. El capricho inconsciente de asociar el anillo con el libro no fue tal cosa cuando comprendí que los procesos alquímicos también eran parte de la vida del autor de esa pieza, que parece única aunque exista multiplicada.

El azar como única piel de tu balanza. Apenas legible esa frase es de las pocas letras que se encuentran en esta obra de Juanan Requena. Cuatro palabras demasiado intensas, que usadas sin precisión ni amor se tornan ordinarias, comunes.

(Cuando escribo, me nutro primero. Si se trata de la sombra, leo sobre las sombras. Antes, miro aquello de lo que voy a escribir, sobre lo que escribiré. Y en este caso es una cosa y el universo asociado; no es sólo un libro, no son sólo imágenes, no es literal, ni es nítido, ni es simple aunque este despojado de artificios. Prefiero entonces hablar en parte de la relación con aquello de lo que escribo)

Este libro me hace pensar en que el tiempo vuelve y en que no sé si quiero que vuelva un tiempo en particular. Uno queda varado en tiempos. No lo digo como afirmación, si no como pregunta y me quedo pensando en eso, en si hay acaso etapas o momentos que se nos quedan pegados, guardados en algún sitio interno y entonces pueden visitarse.  Como lugares que uno quiere que le pertenezcan o cree que podrían pertenecerle.

Uno vive donde puede amar, pienso. La imagen que más me gusta es la de una señora en pena, tomando su cara por los lados, claramente está tranquila. De pelo blanco se acaricia en esa intención de cobijo y atención, se consuela a sí misma. Tapa: la llave, la nariz, el gesto, el escote, lo femenino, lo joven recientemente envejecido. Es algo hecho hoy con métodos de hoy y todo lo demás en pasado.

La repetición, no como mantra, sino como inevitable espectro de lo circular de las relaciones, que siempre pasan por uno.

Se llama Al borde de todo mapa. Adentro dice, junto a la firma manuscrita y el número de copia (78 de 1.500) Al borde de este mapa. Parece manchado el libro. Pensé en un momento en relacionarlo con un espacio que habito en la naturaleza, pero las casas de madera están vivas y lo vivo no parece objeto, así que no fue posible.

El libro Al borde de todo mapa participó de la Feria de Libros de Fotos de Autor 2016 y se puede consultar en la biblioteca de TURMA

Ediciones Anómalas

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hnorir viene a ser un objeto que se encuentra en el ficticio mundo de Tlön y que es cualquier objeto que surge a partir del deseo. Allí cuando un objeto es buscado intensamente, siempre se lo halla, porque la voluntad modifica la realidad, o la inventa. El mero deseo produce el objeto. Todo lo que es imaginado, es posible de aparecer. 
Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga.

Hojas de hierba

EXPERIENCIAS PROGRAMA TURMA

fotolibro Grass, de Michele Tagliaferri en Programa Turma II

Michele nos contó del proceso de elaboración de Grass, un ensayo visual intuitivo basado en la teoría de las correspondencias del romanticismo, y la exaltación y percepción de la naturaleza.

Toma de referencia la obra poética de Walt Whitman para hacer con él un canto a la vida, en formato de narración visual. El trascendentalismo se actualiza en la obra fotográfica de Michele, la fotografía se vuelve vehículo de la experiencia del hombre con su alrededor. No tanto un intento de apresar o de aprehender, sino de contemplar y más aún intentar comprender. Aunque sabemos que es imposible de asir, esa búsqueda se lee, y se encuentra.

La relación del hombre y la Naturaleza, Michele arremete sobre esta pregunta buceando su voz visual más íntima y personal. Y la abre a nosotros.

Grass es un viaje visual a la naturaleza con una poética muy personal.

El libro Grass de Michele Tagliaferri se puede consultar en la biblioteca de TURMA y se consigue en nuestra tienda: escribinos a tienda@somosturma.com

 

Dalpine, 2015
Diseño: -SYB-
Preimpresión: La Troupe
Rústica
96 páginas
31 x 22 cm
Edición de 600 ejemplares

Texto & fotos = Guadalupe Arriegue

PROGRAMA TURMA: Desarrollo de Proyectos Fotográficos

Este texto fue producido en el marco del PROGRAMA TURMA, un curso interdisciplinar desarrollado para fotógrafos y artistas visuales con el objetivo de profundizar sus conocimientos, afianzar el desarrollo conceptual conceptual y creativo de su trabajo, el entrenamiento técnico y la gestión participativa de proyectos.

Más información

Diciembre, o la repetición es nuestra bandera

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO.
Reseña del libro Diciembre de Sub Cooperativa de Fotógrafos
Objeto elegido: un espejo pequeño

2001 fue una odisea al espacio argentino. Un viaje a la estratosfera política donde comprobamos que no había vida inteligente, descubrimiento, este último, que nos sirvió para decir: la política, entonces, entre nosotros, los normales. Que se vayan todos no era solo echar, era hacer lugar para algo nuevo y mejor. Creímos en eso, y vimos cosas florecer.

Después, demostramos nuestra peor naturaleza: la de repetirnos. Perdimos la dirección de la nave y vinieron los marcianos amarillos y nos metieron el virus del cambio. Y aquí nos encontramos, una vez más.

Pero toda repetición, como toda ley, tiene una trampa: en esta gran repetición podemos imitar una vez mas la furiosa batalla que el pueblo argentino mejor sabe dar: la de la memoria.

Diciembre viene exactamente a traernos eso. Memorias de un pasado, que sabe a presente y que nos ayudan a pensar y esperar un futuro mejor.

 

El libro, primer título publicado por la flagrante Sub Editora, es un combinado narrativo de imágenes que ya todos vimos, porque a esta altura muchas ya son clásicos; pero que en este nuevo paquete vienen a contarnos, juntas, una historia clara y, me repito (lo siento, soy argentino), necesaria.

La portada del libro nos mete de un solo golpe en ese país de humo que supimos ser en las fatídicas jornadas de diciembre de 2001, donde nos derrumbaron. Nos sitúa y sitúa al autor en una postura clara de tener que “atravesar” la humareda, y sus olores, y sus texturas, para acceder a algo tan lejos de la verdad, pero tan cerca de nosotros, como es el pasado. En general las imágenes seleccionadas en el libro tienen ese compromiso textural que nos traslada, muy eficientemente, a ese momento, en esa calle, con las gomas prendidas, y las piedras volando y la cosa reventando.

No hablaré en este texto sobre las imágenes en sí mismas, ni de la lectura que yo he hecho, porque creo que esa experiencia, en este libro particular, le pertenece a cada lector. Sí afirmaré que el libro es un acto de coherencia sólida que va a contracorriente de los tiempos que nos rodean. Un material editado en cooperativismo: recordemos que Sub no firma como autor sino com lo que son, un grupo, luego financiado cooperativamente (a través del crowfounding) y por último impreso en Chilavert, imprenta cooperativa recuperada. Agrego, también, que con espíritu convocante, en el centro del libro nos encontramos con todas las imágenes que quedaron fuera de la edición final, impresas en película gráfica y en negativo, dispuestas para que cualquiera que acceda al libro pueda copiarlas con la calidad que merecen. Porque la fotografía, no olvidemos, es un juego de espejos, que, como la memoria, nos obliga a hacer el ejercicio de mirarnos, para repetirnos y recordar.

El libro Diciembre participó de la Feria de Libros de Fotos de Autor 2016 y se puede consultar en la biblioteca de TURMA

Texto= Martín Bollati

Fotografías= Sub Cooperativa

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hnorir viene a ser un objeto que se encuentra en el ficticio mundo de Tlön y que es cualquier objeto que surge a partir del deseo. Allí cuando un objeto es buscado intensamente, siempre se lo halla, porque la voluntad modifica la realidad, o la inventa. El mero deseo produce el objeto. Todo lo que es imaginado, es posible de aparecer. 
Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga.

Ex Corde

PROGRAMA TURMA

Reseña del fotolibro Ex Corde de Rodrigo Ramos por Santiago Etchegaray

El trabajo empieza, según Ramos, con una exploración del cuerpo del hombre y de la masculinidad. Esta indagación de la corporalidad la realiza en una instancia límite, en un punto frágil, la masculinidad en el sufrimiento, en la exposición, en la intimidad. El deporte es una excusa, es el medio a través del cual lo sustancial se manifiesta; no es en la acción del boxeador, el entrenamiento o los golpes donde está el ojo de Ramos, sino en lo que queda después, la experiencia de la derrota.

Las fotografías dan cuenta de una idea: el sufrimiento. Éste es el concepto central del trabajo. La búsqueda es generar una representación del sufrimiento del hombre, simbolizada en estos luchadores, sus gestos, sus heridas y la relación con sus entrenadores.

El fotógrafo, atraído por los deportes de contacto, empieza una investigación hacia una representación de la masculinidad vulnerable. Para Ramos, esta fragilidad se manifiesta en varios aspectos: el dolor, el miedo, la derrota…

Esta idea de vulnerabilidad entre hombres -con los cuerpos desnudos- abre la puerta al homoerotismo que se lee en las imágenes. Lo interesante es que el propio Ramos nos cuenta que esta no fue una idea premeditada, no fue un resultado o significado provocado intencionalmente. Y sin embargo, es una marca, un sello de su obra.

Lo erótico aparece en la desnudez de los torsos, de cuerpos esbeltos, en las poses de calma y reposo… El cuerpo tiene un papel protagónico. Se muestra en una doble cercanía: de la cámara al sujeto fotografiado, por un lado, y de intimidad en la situación con otro.

Los luchadores son retratados en momentos de intimidad, llorando, abatidos por la derrota, bajo el consuelo de sus entrenadores. En los momentos de debilidad y sufrimiento, la entrega de consuelo, aliento y protección por parte de los entrenadores supone una carga afectiva, que sumada a los factores primeramente mencionados, pareciera ser lo que genera lamconnotación del homoerotismo en el trabajo de Ramos.

El fotógrafo comenta que en el desarrollo de este trabajo encontró una conexión entre sus fotografías y las pinturas barrocas de los mártires, especialmente de San Sebastián. Este nexo llevó a Ramos a establecer un diálogo con algunas pinturas de este período. Uno de los aspectos que más llamó la atención del fotógrafo fue el paralelismo entre la relación de los entrenadores y los luchadores con San Sebastián e Irene. Justamente es en el remplazo de una figura femenina por una masculina donde el gesto de protección y cuidado se vuelve erótico. Esto se debe a que dentro del mito de la femineidad y de la masculinidad, la protección y el cuidado están asociados a lo femenino, en la figura mítica de una madre protectora.

 

En el trabajo de Ramos hay una representación disruptiva de la masculinidad, el autor logra captar el sufrimiento del hombre generando una distancia de la representación habitual y mítica del luchador.

 

El trabajo presenta una mirada muy particular del boxeo que nos permite reflexionar sobre ideas que traspasan el deporte y se colocan en un campo más amplio. De representaciones culturales alrededor de géneros, que fueron normalizadas y hoy empiezan a cuestionarse, a derrumbarse.

Texto&Fotos= Santiago Etchegaray

Revisión= Juan Peraza Guerrero, Guadalupe Arriegue

Este texto fue producido en el marco del PROGRAMA TURMA, para el Desarrollo de Proyectos Fotográficos que dura dos años y es coordinado por Julieta Escardó de la mano de un grupo de artistas visuales, músicos y escritores, que realizan tutorías y workshops especializados.

Zoobiografía

PROGRAMA TURMA

Reseña del fotolibro Zoobiografía de Leticia Bernaus por Celeste Alonso

Adentro de mi cuerpo sucede una transformación. Como si de repente me hubiera crecido pasto y una comunidad de hormigas revisara mis órganos buscando llevarse lo que les conviene para pasar el invierno. Estoy metamorfoseándome a mi yo adulto…

Así comienza el libro Zoobiografía de Leticia Bernaus. Se trata de un libro de fotos acompañadas por un relato sumamente íntimo y personal, en el que las imágenes no intentan ilustrar el texto ni éste explicar las imágenes, sino que son dos lenguajes que se desarrollan a través del libro en armoniosa convivencia, hablando de un mismo tema pero cada uno con sus particularidades.

Leticia nos abre parte de su mundo interior, una especie de diario íntimo en el que se percibe su exploración como mujer, su entorno y sus orígenes.

Las 14 fotos que conforman el libro son un recorrido de naturalezas muertas, autorretratos, retratos de amigas y familiares con las que por alguna razón se sentía identificada. Hay objetos, animales y flores ligados a su infancia cordobesa, a las costumbres y cotidianidad familiar.

Cuando Leticia encara un proyecto hay mucha investigación, colecciona imágenes y objetos que le han llamado la atención, que en algún momento podrían ser útiles o no. Hace fotos o toma fotos de otros, escribe, va armando sus mundos y convive con ellos. Le gusta traer cosas de otros lados y llevarlas dentro de la foto, incluso romper, pegar, mezclar.

Cuando tiene un tema en su cabeza casi se obsesiona, y suele soñar con aquellas cosas que debería hacer y, al despertarse y recordar el sueño, intentar llevar a cabo lo que soñó aunque no tenga nada que ver. Es un paso intermedio que muchas veces le permite llegar a otra cosa.

Éste es su primer trabajo como fotógrafa, a través del cual se presenta y se identifica desde la fotografía y desde el arte como persona, fue “un sentar las bases” para luego poder desarrollar cualquier otro proyecto; una manera de decir “ésta soy yo”, “ésta es mi voz” desde un lugar de honestidad brutal.

Texto&Fotos= Celeste Alonso

Revisión= Juan Peraza Guerrero

Este texto fue producido en el marco del PROGRAMA TURMA, para el Desarrollo de Proyectos Fotográficos que dura dos años y es coordinado por Julieta Escardó de la mano de un grupo de artistas visuales, músicos y escritores, que realizan tutorías y workshops especializados.

Europa y Europa

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO.
Reseña del libro The Castle de Federico Clavarino
Objeto elegido: un diario europeo de cualquier día

Publicado por la enérgica editorial española Dalpine, The Castle es el nuevo fotolibro de Federico Clavarino.

El autor italiano retoma su trabajo sobre el concepto de laberinto, pero esta vez, en oposición a Italia o Italia, su tarea es la titánica deconstrucción del mismo. Como si estallase atómicamente una posible maquina llamada Europa y el resultado fuese una estructura aún mas compleja que la primera, o como si aquel estallido, producto de una fina investigación visual, develase una sucesión de estructuras apiladas, una sobre otra, escondiéndose y haciéndose mas eficientes en su impermeabilidad.

Queda claro que ni hoy ni nunca hubo un muro de piedra que separaba a Europa y al mundo. En realidad, lo que separa es la estructura, tan dura de roer, de pensar al Otro. Nada nuevo en estas tierras. Nada nuevo en el castillo. Clavarino nos muestra, con una compleja sencillez que emociona, los limpios, mórbidos, clásicos y sofisticados mecanismos con los que Europa se arma y se define.

El libro es hijo de la interminable, e inacabada, novela de Kafka que lleva el mismo nombre. En ella encuentra su fundamental metáfora: El castillo y la experiencia fractal de quien quiere descifrarlo. Articulado en capítulos, The castle se convierte en una sucesión de planteos formales y narrativos que buscan hacernos reflexionar desde la pura imagen. Todas las fotos del proyecto son en blanco y negro y parecen estatuas o enigmas clásicos.

El castillo que Clavarino fotografía parece arrastrarse en el tiempo, como un espejo de tiempo atorado, o un gif hecho de piedra, o la gran Historia repetida: la del capital.

Es un libro valiente porque se propone, y propone, narrar desde variadas soluciones formales. Distintos capítulos con distintos diseños, que desde el más puro lenguaje visual buscan desarmar al viejo continente.

Europa se desangra, pero nunca se sintió tan perfecto.

El libro The castle participó de la Feria de Libros de Fotos de Autor 2016 y se puede consultar en la biblioteca de TURMA

Texto= Martín Bollati

Fotografías= Guadalupe Arriegue

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hnorir viene a ser un objeto que se encuentra en el ficticio mundo de Tlön y que es cualquier objeto que surge a partir del deseo. Allí cuando un objeto es buscado intensamente, siempre se lo halla, porque la voluntad modifica la realidad, o la inventa. El mero deseo produce el objeto. Todo lo que es imaginado, es posible de aparecer. 
Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga.

Fervor de juventud

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO.
Reseña del libro Point of lovely sun de flashboy2001
Objeto elegido: un cassette y un cd

Antes de que existieran los millenials, hubo una juventud que experimentó el paso al siglo XXI. En Argentina, ese cambio de milenio vino aparejado de una crisis social y económica; basta con que cada uno se pregunte dónde y con quién estaba para recordar la voz del expresidente De La Rúa en cadena nacional anunciado el estado de sitio. Yo tenía 14 años y me encontraba con mis amigos Chespi y Roma en un supermercado, donde pasábamos el tiempo sin comprar nada.

Point of lovely sun se sumerge en el archivo de esos años, para traernos instantes congelados de una época que fue. La gran protagonista del libro es la adolescencia postcrisis que gastaba las zapatillas en la calle.

Poniendo en un amor de exceso
la mira de su voluntad,
mientras eran abrazo y beso
síntesis de la eternidad;

y de nuestra carne ligera
imaginar siempre un Edén,
sin pensar que la Primavera
y la carne acaban también…

Rubén Darío, Canción de otoño en primavera

Hoy, el siglo XXI está en sus dulces 17, adoleciendo. Point… reproduce un conjunto de retratos de pibes de más o menos esa edad, durante los años dos, tres y cuatro de este milenio.

Autores contemporáneos tenemos la suerte de tallar nuestras obras en formatos diversos y variopintos. La Era Digital nos proporciona soportes múltiples para narrativas, así como facilidades para la reproducción y circulación.
Y en esta proliferación, están también los fotolibros, también llamados libros de autor: ediciones cuidadas, firmadas, tiradas reducidas generalmente resultado de la autogestión.

En la Feria de Libros de Fotos de Autor  donde este año tuve la suerte de trabajar, el primer premio se lo llevó Point of lovely sun, un libro hecho de fotografías tomadas en fiestas porteñas adolescentes entre los años dos y cuatro. Cuando el siglo iba al jardín de infantes y Argentina se recuperaba de a poco se una crisis social y económica, fruto de las políticas económicas del gobierno neoliberal (cualquier similitud con el hoy no es mera coincidencia). De esta manera, Point… retrata a los adolescentes de esos años, que hoy ya rondamos los 30, de fiesta, estallados, con los cuerpos bellos y su expresividad galopante. Ahora bien, el libro nos cuenta que esa época fue un intervalo particular, unos años de desorden para rearmar y encauzar el país como lo hicieran las políticas de Kirchner, presidente de esos años. Sin embargo el grito de la juventud porteña se vio ahogado un 30 de diciembre del año cuatro a las diez de la noche. Cuando miles de jóvenes quedaron atrapados en el infierno ubicado frente a la estación de Once. En este centro neurálgico, se murieron muchos se perdieron vidas jóvenes: amigos, hermanos que ya no están. Cromañón fue un antes y un después no sólo para mi generación sino también para toda la sociedad porteña. Y uno de sus efectos más dañinos fue el final del progresismo en Buenos Aires, cuando en las siguientes elecciones ganó el actual presidente y empezó a gobernar con su partido Pro. En Cromañón se terminaron muchas vidas jóvenes y también las políticas públicas culturales progresistas en la ciudad.

Point of lovely sun vuelve sobre esos años, reproduce con retratos ese momento de la historia nacional. Para confeccionarlo, sumaron fuerzas dos editores-directores de Santa Rosa editora y un fotógrafo aficionado de la juventud porteña nocturna: astroboy2011 quien con ese nickname, reproduce la lógica internetera incipiente de aquellos años. Por lo tanto, tal vez resulte retrógado hablar de autor, si entendemos esa figura encarnada en una persona. Tanto la figura de autor así como la de fotógrafo autoral son fijaciones construidas en el siglo XIX que, sorpresivamente, aún encuentran eco en la Era Digital. Point… demuestra que las mejores obras son colectivas, que las imágenes son colectivas, y que los hechos y acontecimientos también lo son. Todo ese invento del copyright es solo burocracia y transa comercial. Lo importante está en las fotos, en las miradas jóvenes que editó y publicó Sta Rosa. Mis felicitaciones a David Leda, Pilar Villasegura y Federico Paladino, hicieron un trabajo socialmente necesario y editorialmente bellísimo. Me emocionó. Gracias.

 

Las calles son nuestras aunque el tiempo diga lo contrario.

Point of lovely sun es el fotolibro ganador de Premio Internacional FELIFA-FoLa de la 15º Feria de Libros de Fotos de Autor, los miembros del jurado: Luis Weinstein, Lucrecia Martel y Pablo Ortiz Monasterio.

Se puede consultar en la biblioteca de TURMA

Entrevista a los autores aquí.

Fotografías y texto de Guadalupe Arriegue

Guadalupe Arriegue es fotógrafa y Licencia en Letras. Es responsable de la comunicación y catalogación de la biblitoeca de TURMA. guadalupearriegue.com

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hnorir viene a ser un objeto que se encuentra en el ficticio mundo de Tlön y que es cualquier objeto que surge a partir del deseo. Allí cuando un objeto es buscado intensamente, siempre se lo halla, porque la voluntad modifica la realidad, o la inventa. El mero deseo produce el objeto. Todo lo que es imaginado, es posible de aparecer. 
Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga.

Coordina: Martín Bollati.

Todas, la misma

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO.
Reseña del libro A-mor de Cristóbal Olivares
Objeto elegido: el bosque

Un vestido desamparado cuelga de una percha. Un auto de policía irrumpe en la escena del crimen. Hay una víctima, hay un culpable. Se buscan causas, se rastrea la zona.
Era una mujer, cualquier mujer, que manejaba su vida. Como siempre, perduran las fotos…
Los paisajes que miraste cualquiera de tus días, el camino de vuelta a tu casa y tus hijos. Valores en los que creías.
El escenario está vallado, la sangre seca. La naturaleza absorbe las huellas, se forman piedras, crecen las flores.
En una investigación vale todo. Un conjunto de casas tiesas, una chimenea apuntando a un cielo discrepante.
Se amaron, se odiaron, ¿quién sabe?
Disparos, sogas, promesas… un final abrupto. Objetos que creíste tuyos, palabras que llegaste a escribir.
Un incendio, palos, puñales.
No tiene ninguna importancia el orden de las historias porque todas son la misma.
Una mesa santuario con pequeños recuerdos tuyos y velas como vírgenes protegen tu alma.
La vista cenital de cuando te arrojaron, un reloj fijo y tu foto. El arma, el zanjón y tu imagen. Un cuarto de hotel y la última luz que viste.
¿A dónde va tu cuerpo quemado como tu casa? Indicios que no revirtieron, o nadie hizo a tiempo. Sobras de un amor negro.

El libro A-mor de Cristóbal Olivares imprime en su tapa negra una lista interminable de nombres, víctimas de femicidios: Karen, Paula, Olga, Laura, Gregoria, Grace, Elizabeth, Vanessa, Ana, Mirella…

Y un logo que une al amor con la muerte: “A-MOR”, encerrado en un cuadrado de delgadas líneas también negras.

Siete testimonios: el de Nataly, una activista contra la violencia, el de Alberto, el padre de una víctima, el de Lidia, la hermana de un doble femicida, el de Mabel, una fotógrafa forense, el de Hernán, un carabinero, y el de Elena y Mónica, madres de víctimas, funcionan como separadores de una narración que se cuenta entre un montón de fotos, que sin ningún orden particular, ofrecen la posibilidad al lector de tomar cualquiera de todos los relatos revelados. Otras, imágenes de televisión, fotos de prensa y escaneos de evidencias, concretan aún más los hechos. Más documentos, un acta de levantamiento de fallecidos –pegada a mano sobre una página impresa del libro–, una hoja de papel cuadriculado que de puño y letra pide ayuda, las reproducciones de recortes de diario despojadas de sus fotos originales… todas las imágenes explican nuevamente el hecho: saber con certeza que esto ha sido. Una tarjeta de Feliz día mamá en letra de niño, las páginas de una agenda que describe una discusión, las hojas de un diario íntimo que narra una relación amorosa… se manifiestan hoy como indicios de esas vidas terminadas.

El nacimiento y la muerte del amor. Cualquier historia puede ser la propia.

CRISTOBAL OLIVARES    CHILE    OCTUBRE 2015    BUEN LUGAR EDICIONES

 

 

Se puede consultar en la biblioteca de TURMA

Fotografías y texto de Andrea Knight

Andrea Knight es fotógrafa, editora y actualmente realiza la Tutoría de Obra Narrativa en proceso en la Casa de Letras. Además, es productora de la Feria de Libros de Fotos de Autor 

Coser un agujero, reseña del fotolibro de Luján Agusti por Andrea Knight

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hronir, para Borges, son unos objetos, pertenecientes al planeta de Tlön. En este lugar, cuando un objeto es buscado intensamente, se lo halla. Porque en Tlön la Voluntad modifica la Realidad. Entonces, un hronir, es un objeto que surge a partir del deseo, o de la imaginación.

 

Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga. Coordina: Martín Bollati.

Fotografía y muerte en Pedro Lemebel – Segunda Parte

Pedro Lemebel (1952-2015), escritor y artista chileno, llevó a cabo operaciones literarias y performáticas con la fotografía. En este ensayo se analizan dos de sus obras: Loco afán. Crónicas del sidario (publicado en 1996) y Lo que el SIDA se llevó, exhibición de las Yeguas del Apocalipsis en 1989.

En la primera parte de este texto referimos sobre la inherente militancia en el discurso lemebeliano, y la trasposición que hace el autor entre el lenguaje oral, escrito y visual: el puente entre el texto y la imagen. Pedro Lemebel transitó esos puentes, esos márgenes, y los personajes con los que se topa no pueden ser otros que los marginales. Y pensando en el borde, la orilla y en la transposición o el puente entre géneros, y reflexionando sobre la obra de Lemebel –y en particular en las crónicas de Loco afán y las fotografías de Lo que el SIDA se llevó– se revela ante nosotros la voz y presencia de la minoría social más relegada y con menos expectativa de vida (sólo 35 años en Argentina): las transexuales.

Del grupo que aparece en la foto, casi no quedan sobrevivientes. El amarillo pálido del papel es un sol desteñido como desahucio de las pieles que enfiestan el daguerrotipo. La suciedad de las moscas fue punteando de lunares las mejillas, como adelanto maquillado del sarcoma. Todas las caras aparecen moteadas de esa llovizna purulenta. Todas las risas que pajarean en el balcón de la foto son pañuelos que se despiden en una proa invisible. Antes que el barco del milenio atraque en el dos mil, antes incluso de la legalidad del homosexualismo chileno, antes de la militancia gay que en los noventa reunió a los homosexuales, antes que esa moda masculina se impusiera como uniforme de ejército de salvación, antes que el neoliberalismo en democracia diera permiso para aparearse. Mucho antes de estas regalías, la foto de las locas en ese año nuevo se registra como algo que brilla en un mundo sumergido. Todavía es subversivo el cristal obsceno de sus carcajadas desordenando el supuesto de los géneros.
Pedro Lemebel, Loco afán: crónicas del sidario, op.cit.

La fotografía, entonces, vale por su efecto en la memoria de quien la contempla y escribe. Lo que Barthes llama, el punctum de la fotografía: “es ese azar que en ella nos afecta (pero que también nos resulta tocante, hiriente)”. El punctum nace de una situación personal, es la proyección de una serie de valores que proceden de nosotros, que no están originariamente contenidos en la imagen, o son detalles que el fotógrafo no decidió. No son los valores de exposición ni composición. Luego, el retorno de los muertos, es por el sujeto que mira la foto, que reproduce lo que la mirilla de la cámara al momento del disparo. Por eso, la fotografía es una presencia y un retorno, de corte proustiano, de reposiciones y sobreposiciones espacio-temporales.

Enmarcados en la distancia, sus bocas son risas extinguidas, ecos de gestos congelados por el flash del último brindis. (…) La foto no es buena, está movida, pero la bruma del desenfoque aleja para siempre la estabilidad del recuerdo. La foto es borrosa, quizá porque el tul estropeado del sida entela la doble desaparición de casi todas las locas.
Lemebel, op. cit.

La foto como recuerdo y la provocación de la nostalgia. Las locas tienen un tul que las cubre, que no las deja aparecer nítidas en la reproducción. Es el tul de muerte de enfermedad, que las hace doblemente desaparecidas. Todas menos una, la Palma, se “pegan la sombra”. Pero antes, viven una vida de vértigo absoluto. Algunas se van, las exiliadas de la dictadura. La Pilola Alessandrini a Nueva York. Y después la Palma, que se va a Brasil “a sambearse la vida”. Pero la risa y el vértigo desbarrancan en la enfermedad. El único antídoto ante tanta tragedia, es el humor. La risa, al igual que la cámara, es el arma contra la muerte. La risa del grotesco, de lo invertido y el mundo al revés está en la espectacularidad del exceso de esos cuerpos travestidos. Es un desorden del mundo, representado en una foto de juventud: “La foto de aquel entonces muestra un carrusel risueño, una danza de risas gorrionas tan jóvenes, tan púberes en su dislocada forma de rearmar el mundo”.

El “denso humor” en marcar el detalle de la anomalía, subrayar el defecto, para ridiculizarlo embelleciendo la falla. Es la risa del grotesco, que no es que tenga una función reparadora. No disuelve lo trágico, no esconde ni engalana, sino que acentúa cómicamente su negatividad. La operación que hace Lemebel en estas crónicas es la misma del fotomontaje. Mientras la foto capta el instante, éste hace del instante un objeto. Que continúa esa instantánea (la del ’72), pero compuesta en una obra mayor, que refiere a los personajes, lugares y acontecimientos. La asociación de estos motivos establece un tramado de significaciones (entre vida, cuerpo, sexualidad, política, dictadura, enfermedad, muerte, etc.) que traza una interpretación histórica. La foto de 1972 reúne todos esos elementos como un azar de premonición. Compone la red de significados que sugieren el destino fúnebre que le sucedió. Esa foto descripta en la primera de las crónicas despunta y anima, es el disparador de la historia.

 

 

Una operación similar de inversiones de roles, risa grotesca y máscaras se ve en la exhibición de las Yeguas del Apocalipsis Lo que el SIDA se llevó, inaugurada en 1989 en Santiago de Chile. Fue en una exhibición de un día, y luego reeditada en la misma ciudad por la galería D21 diez años después, además de exhibiciones en México y España. Se trata de una serie de fotografías realizadas en estudio por el fotógrafo Mario Vivado, donde el colectivo realizó la puesta en escena con disfraces, maquillaje y elementos escenográficos. Las poses de Pedro Lemebel y Francisco Casas fueron supervisadas por la bailarina Magalí Rivano. En la primera muestra, algunos de los objetos de la toma eran exhibidos con las fotos, como una prueba más de la materialidad: desmontando la escenificación para volver a colocarla en la mirada del espectador y llevando la obra al campo de la instalación.
La serie consta de unas 30 á 40 imágenes y componen un álbum fotográfico que refiere al mundo de las divas del cine, la música y el teatro, de charme y glamour, especialmente de la época de oro hollywoodense. Para ello, utilizaron prendas de ferias americanas y de amigas travestis (algunas de ellas, víctimas del virus HIV), adecuadas a la representación de esa estética. El vestido, el disfraz, es un elemento con fuerza de protesta, y carácter revolucionario. Pero la alteración de las Yeguas del Apocalipsis juega en un sentido que va más allá del “buen gusto” de las costumbres. El travestismo, supone el vestido o “disfraz” con las ropas que pertenecen al sexo opuesto, según las reglas sociales. Si, como dice Barthes, la moda es un sistema de signos, cualquier sujeto puede definirse a través de la ropa que utiliza. De esa manera, desarregla los géneros: los trastoca, viene a confundir e intercambiar estos signos genéricos, y es, precisamente en ese desarreglo que su imagen cobra tanta preponderancia. Rompe con la lógica binaria de hombre/mujer, y desajusta la imposición social. Es su gesto político, de revolución y acción, característico de la obra de Lemebel en su escritura y en las performance con las Yeguas del Apocalipsis.
Tanto en los personajes de Loco afán, como en los de Lo que el SIDA se llevó, hay una estética del exceso, extemporaneidad y excentricidad. Como en el gesto del dandy del siglo diecinueve, y el punk o el glam del siglo veinte. Pero, mientras que estos se acercan al borde, las locas y travestis, lo atraviesan, y provocan la alteración. En Lemebel, el travestismo no es un espectáculo, sino vitalidad. “Algo en ese montaje exagerado excede el molde. Algo la desborda en su ronca risa loca”. En el álbum Lo que el SIDA se llevó no está solamente lo femenino en el exceso. También se ve una risa macabra, de la inversión, con el maquillaje y el lenguaje tétrico y grotesco de su encanto.

Maquillarse suponía designarse como un cuerpo vivo y muerto al mismo tiempo: busto blanqueado del teatro totémico, hombre con el rostro pintado del teatro chino, maquillaje a base de pasta de arroz del Katha Kali indio, máscara del Nô japonés. Y esta misma relación es la que encuentro en la Foto; por viviente que nos esforcemos en concebirla (y esta pasión por ‘sacar vivo’ no puede ser más que la denegación mítica de un malestar de muerte), la Foto es como un teatro primitivo, como un Cuadro Viviente, la figuración del aspecto inmóvil y pintarrajeado bajo el cual vemos a los muertos. Roland Barthes, op. cit. Página 65.

 

La fotografía anima, con distintas máscaras: vivifica para devolver la muerte. Tanto Barthes como Lemebel son conscientes de eso. De la capacidad de la fotografía de revelar un mundo – pasado – para recuperarlo. Es la operación que hace en Loco afán con la écfrasis de la foto previa al golpe de 1973 y con el colectivo Yeguas del Apocalipsis en este álbum realizado en 1989. Sin embargo, mientras aquella foto resultaba un mal augurio de lo que estaba por llegar – la dictadura y el HIV – este álbum de 1989 funciona como gesto de lucha y recuperación de la memoria. Inaugura otra época de la historia chilena, donde se avizoraba la llegada de la democracia. Sin embargo, las imágenes no son una fiesta colorida y de celebración. Sino que recuperan un tiempo anterior –tal como hace la técnica fotográfica– en una recreación de una estética pasada de moda. Esta estética dialoga con el ya citado mundo de la cultura del cine, y se entremezcla con otros lenguajes: la fotografía del siglo XIX, se vislumbra en los fondos pictóricos y la luz tenue y de claroscuros. Las fotos además, revelan el paso del tiempo con colores desaturados, o directamente en blanco y negro. El clima del álbum es más bien lúgubre y melancólico: con rejas, copas rotas, velos, cuerpos lánguidos, miradas bajas y poses dramáticas. La risa de esta inversión tiene algo de macabro, aunque por eso no pierde su carácter disruptivo.

 

 

Entonces, en un ángulo del enfoque, algún adiós ironizaba el desplante de ponerse trapos de mujer antigua recolectada en los mercados persas. Ropas de los años cuarenta, cincuenta, sesenta; trapos tristes heredados del splendor materno, de una juventud materna, de alguna niñez materna. Splendor veneziano de carnaval luctuoso. Splendor de playa y verano pobre; el mar o aquel barquito a la deriva y la muñeca calva y fea que se pinta de linda para el lente que la enfoca deshojándole el cuore . Lemebel, Pedro sobre el álbum Lo que el SIDA se llevó

 

Esta recuperación de la imagen de mujer de otra época, de la madre, también es una operación de Barthes en su disertación de la fotografía. Es la imagen de la madre niña en el invernadero, la que provoca el punctum más hondo. La que, además, supone el momento más alto de emoción en su exégesis sobre la capacidad de la fotografía de retratar, no sólo la realidad sino la esencia, el alma o el espíritu: “pero la Fotografía del Invernadero, en cambio, era perfectamente esencial, certificaba para mí , utópicamente, la ciencia imposible del ser único”.

 

Ante la desaparición física de uno de los referentes de las fotos de Yeguas del Apocalipsis, las imágenes del álbum cobran otra vuelta de tuerca en su significancia. El pliegue de los tiempos: el de la exposición, el representado, el primero exhibido y el nuestro, presente el ahora de los espectadores de una serie fotográfica donde uno de sus referentes ya no existe, por lo menos físicamente. Aunque tal vez, si seguimos a Barthes en su confianza en la técnica fotográfica de apresar no sólo una fugacidad, sino tal vez un aire y hasta quizás la esencia que anima ese instante congelado, y aportar vida al sujeto fotografiado. Con una mirada un poco más escéptica, de carácter documental, tenemos la posibilidad de apreciar en esta serie la imagen de este artista interdisciplinario, que tergiversó e hibridó géneros del arte y la sexualidad, y roles sociales. Aportó una dosis de libertad y creación a una época oscura y violenta de la historia chilena y latinoamericana, que le tocó vivir, a través de una serie de imágenes y textos de locas y travestis marginales, que murieron en el camino pero que dejaron sus huellas lumínicas de un tiempo que fue, y que vuelve gracias a la creación artística de Pedro Lemebel y las Yeguas del Apocalipsis.

LINK A LA WEB DE YEGUAS DEL APOCALIPSIS

Pedro Lemebel, Loco afán. Crónicas del sidario, Buenos Aires, Seix Barrial, 2009.

Yeguas del Apocalipsis, Lo que el SIDA se llevó (Exposición celebrada en Santiago de Chile, Intervenciones plásticas en el paisaje urbano Instituto Chileno-Francés de Cultura, 1989) reproducida en D21 Galería de Arte del 28-IV-2011 al 31-V-2011. Santiago de Chile, 2011. Fotografías de Mario Vivado y curaduría de Jorge Zambrano. Reproducido AQUI

Escrito por Guadalupe Arriegue

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