Donde la Luna es ronda

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

Reseña de la publicación Donde la Luna es ronda: de Agustina Tato, editado por La Luminosa.

Objeto elegido: el I Ching

Por Andrea Knight

 

Donde la Luna es ronda: un pensamiento atemporal

A un lado de mi escritorio tengo el libro Donde la luna es ronda, de Agustina Tato. Al abrirlo, flores rojas me envuelven. Acaricio el papel. Todo está preciosamente cuidado, es una invitación, como un presente.

 

En la primera página una dedicatoria dice:

“A mamá, por enseñarme a soñar, incluso en los momentos de insomnio”.

 

Luego, un poema se despliega donde leo:

“Hubo una noche donde el viento lustraba a las estrellas y acariciaba a los pájaros dormidos. Aquella noche nació mi hija.

Hubo una noche en que las nubes de hielo antártico chocaron y la luna se fue del cielo. Aquella noche murió mi madre”.

El poema continúa, pero estas oraciones funcionan como una declaración, y como el comienzo necesario de un relato.

Por ahora pensaré en nacimiento y en muerte, y en la eclosión de estos acontecimientos cuando se los medita simultáneamente.

Paso otra hoja y me recibe un jardín silencioso dónde, de pie, se halla una niña. Una rama conífera tapa su cara, y la noche parece estar llegando.

Tal vez, sea la hija…

 

Paso una hoja más. Ya es la noche. Una iluminación dura rompe su oscuridad. Ahora, son dos las niñas electrificadas en la energía del juego. Los misterios del jardín se ofrecen, al descubierto. Los tesoros del lugar conviven con el poder del retrato. Retozar se da entre disfraces, posturas, miradas sugerentes y puestas escenográficas.

 

El cuento ahora es el de una niña, icónica. Un halo de luz se cuela para darle espacio al arte.  Adentro de este libro, y de este cuento que he comenzado a imaginar,  irrumpe otro, un librito interior como un vientre que lleva a un hijo.

 

El poema continúa:

“Los árboles son calesitas, los secretos aguardan en sus ramas. Dos niñas, cómplices en su ausencia, juegan a la ronda”.

Veo un abrazo reparador. Un brazo que ronda, que está cerca y que también es testigo. Veo la presencia de un hombre. ¿Quién es? Un hombre que toma a las niñas de las manos y arrastra sus brazos en medio de la noche.

 

Y el poema habla de esto:

“Un hombre las lleva lejos, la perra gigante escucha sus sueños. La otra niña espera una lluvia de estrellas”.

 

En la tapa y en la contratapa del libro, las niñas se trenzan y se apoyan una en la otra. Son dos niñas que juegan a ser la misma o una sola niña que juega a desdoblarse en otra.

En ese jardín vive la infancia y, esos árboles, en su mayoría, han permanecido bajo las diferentes lunas, en el mismo espacio, durante tantos años.

 

 

El poema avanza:

“Juntos descubren que la oscuridad tiene luz para acunar su inocencia. La noche los protege”.

Los deseos de una niña son rezos. Los deseos de una niña se desarman con la muerte de su madre. Los deseos renacen con el origen de un hijo.

La vida es un juego fantástico, onírico y un invento. Aquellas fantasías, como pensamientos atemporales, se reconstruyen en este presente.

 

El poema concluye: “Yo viví ahí”.

 

Del otro lado de mi escritorio tengo el I’Ching. Mezclo las monedas y las arrojo. El hexagrama que toca es el 20. Kuan: La Contemplación/La vista. Interpreto lo que leo: contemplar significa mirar, pero también dejarse ser visto, ser el modelo.  La imagen con la que se ejemplifica al signo es la de una torre, desde donde hay una amplia perspectiva, pero también, esa torre, se divisa desde la lejanía.

 

La luna es otro ejemplo de esto.

fotos del libro y reseña: Andrea Knight – ❤ @aknightok – ✎ aknightok@gmail.com

Donde la Luna es ronda

Autora: Agustina Tato

Editorial: La Luminosa
Edición fotográfica: Julieta Escardó
Producción gráfica: Eugenia Rodeyro
Laboratorio digital: Bob Lightowel
Diseño gráfico: Estudio Holböllquintiero
Medidas:  20 cm ancho x 28 cm alto
Cantidad de páginas: 72
Tipo de papel: Sensation Tactil de 145 grs.
Tipo de encuadernación: Tapas blandas.

El libro Donde la luna es ronda resultó ganador del primer premio Felifa-Futura 2015. El jurado fue compuesto por Miguel Ángel Felipe, Juan Lo Bianco, Eugenia Rodeyro, Sebastián Szyd y Diego Vidart.  Fue publicado a través de la editorial La Luminosa en una primera edición de 200 ejemplares numerados y firmados.

CONVOCATORIA ABIERTA > PREMIO PUBLICACIÓN LATINOAMERICANO

Este fotolibro se puede visitar en la biblioteca de TURMA: hay que agendarse en biblioteca@somosturma.com

 

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UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hnorir viene a ser un objeto que se encuentra en el ficticio mundo de Tlön y que es cualquier objeto que surge a partir del deseo. Allí cuando un objeto es buscado intensamente, siempre se lo halla, porque la voluntad modifica la realidad, o la inventa. El mero deseo produce el objeto. Todo lo que es imaginado, es posible de aparecer.
Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga.

SATÁN

FOTOLIBROS LATINOAMERICANOS

Crónica del libro Satán, de León Muñoz Santini

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.

Isaías 9:6

 

Publicado por la editorial mexicana Gato Negro Ediciones, Satán es un fotolibro que retrata las afueras de Ciudad Juárez. Fronteriza con los Estados Unidos y capital mexicana de la industria maquiladora, Ciudad Juárez ostenta también el título de ser una de las ciudades más peligrosas del mundo. Con tasas de violencia acuciantes, Juárez ha sido señalada como uno de los epicentros (simbólicos y estadísticos) del femicidio latinoamericano.

Roberto Bolaño, en su épica 2666, la describió como: “Un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento”.

En Satán, León Muñiz nos ofrece su aporte fotográfico y taxonómico de representar a la bestia.

Unas tras otras, las fotografías se acumulan, desde la primera página (que es la noche del desierto y la fauce inaugural) hasta la última, conformando un roadtrip Ruschero: León utiliza inteligentemente este dispositivo de representación clásico y norteamericano, para señalar el otro lado del muro.

El viaje se sucede como una gran línea conformada por fragmentos, que citan inevitablemente al fordismo de las maquiladoras (y todas sus miserias).

Como un posible mantra capital, que repetimos todos como idiotas hace ya demasiado, las casas (que son la propiedad privada por definición), las rejas (nuestra distancia del otro) y los autos (la noción de progreso y velocidad) pasan, en un libro interminable, repetitivo y aburrido: la bestia es la espera.

Satán es el mejor libro que vi este año. Es un libro inteligente y atroz. Hace uso de la violencia acumulada, para representarla sin caer en la trampa exhibidora de siempre. Es cubista, futurista y bien latinoamericano. Es musical, por el sonido del auto, el ruido de la impresión risográfica y por todas las otras fauces negras que suenan, como oscuras notas, en las ventanas y puertas de las casas, en donde hay un infierno esperando.

 

León representa, a la mejor manera de Bolaño, la arquitectura del malCiudad Juárez como una ciudad metafísica donde las columnas son postes, el horizonte el desierto, y el muro final el bruto de siempre. Ciudad Juárez como una ciudad que no termina, como un campo de concentración industrial, como un enigma sucio latinoamericano, como un anillo del infierno que se extiende, aburrido y olvidado, o proclamado al olvido.

Satán

Tapa semi rígida.

416 páginas.

2017

Gato Negro Ediciones

Imágenes: León Muñoz Santini

Edición, Diseño e Impresión: Gato Negro Ediciones