Donde la Luna es ronda

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

Reseña de la publicación Donde la Luna es ronda: de Agustina Tato, editado por La Luminosa.

Objeto elegido: el I Ching

Por Andrea Knight

 

Donde la Luna es ronda: un pensamiento atemporal

A un lado de mi escritorio tengo el libro Donde la luna es ronda, de Agustina Tato. Al abrirlo, flores rojas me envuelven. Acaricio el papel. Todo está preciosamente cuidado, es una invitación, como un presente.

 

En la primera página una dedicatoria dice:

“A mamá, por enseñarme a soñar, incluso en los momentos de insomnio”.

 

Luego, un poema se despliega donde leo:

“Hubo una noche donde el viento lustraba a las estrellas y acariciaba a los pájaros dormidos. Aquella noche nació mi hija.

Hubo una noche en que las nubes de hielo antártico chocaron y la luna se fue del cielo. Aquella noche murió mi madre”.

El poema continúa, pero estas oraciones funcionan como una declaración, y como el comienzo necesario de un relato.

Por ahora pensaré en nacimiento y en muerte, y en la eclosión de estos acontecimientos cuando se los medita simultáneamente.

Paso otra hoja y me recibe un jardín silencioso dónde, de pie, se halla una niña. Una rama conífera tapa su cara, y la noche parece estar llegando.

Tal vez, sea la hija…

 

Paso una hoja más. Ya es la noche. Una iluminación dura rompe su oscuridad. Ahora, son dos las niñas electrificadas en la energía del juego. Los misterios del jardín se ofrecen, al descubierto. Los tesoros del lugar conviven con el poder del retrato. Retozar se da entre disfraces, posturas, miradas sugerentes y puestas escenográficas.

 

El cuento ahora es el de una niña, icónica. Un halo de luz se cuela para darle espacio al arte.  Adentro de este libro, y de este cuento que he comenzado a imaginar,  irrumpe otro, un librito interior como un vientre que lleva a un hijo.

 

El poema continúa:

“Los árboles son calesitas, los secretos aguardan en sus ramas. Dos niñas, cómplices en su ausencia, juegan a la ronda”.

Veo un abrazo reparador. Un brazo que ronda, que está cerca y que también es testigo. Veo la presencia de un hombre. ¿Quién es? Un hombre que toma a las niñas de las manos y arrastra sus brazos en medio de la noche.

 

Y el poema habla de esto:

“Un hombre las lleva lejos, la perra gigante escucha sus sueños. La otra niña espera una lluvia de estrellas”.

 

En la tapa y en la contratapa del libro, las niñas se trenzan y se apoyan una en la otra. Son dos niñas que juegan a ser la misma o una sola niña que juega a desdoblarse en otra.

En ese jardín vive la infancia y, esos árboles, en su mayoría, han permanecido bajo las diferentes lunas, en el mismo espacio, durante tantos años.

 

 

El poema avanza:

“Juntos descubren que la oscuridad tiene luz para acunar su inocencia. La noche los protege”.

Los deseos de una niña son rezos. Los deseos de una niña se desarman con la muerte de su madre. Los deseos renacen con el origen de un hijo.

La vida es un juego fantástico, onírico y un invento. Aquellas fantasías, como pensamientos atemporales, se reconstruyen en este presente.

 

El poema concluye: “Yo viví ahí”.

 

Del otro lado de mi escritorio tengo el I’Ching. Mezclo las monedas y las arrojo. El hexagrama que toca es el 20. Kuan: La Contemplación/La vista. Interpreto lo que leo: contemplar significa mirar, pero también dejarse ser visto, ser el modelo.  La imagen con la que se ejemplifica al signo es la de una torre, desde donde hay una amplia perspectiva, pero también, esa torre, se divisa desde la lejanía.

 

La luna es otro ejemplo de esto.

fotos del libro y reseña: Andrea Knight – ❤ @aknightok – ✎ aknightok@gmail.com

Donde la Luna es ronda

Autora: Agustina Tato

Editorial: La Luminosa
Edición fotográfica: Julieta Escardó
Producción gráfica: Eugenia Rodeyro
Laboratorio digital: Bob Lightowel
Diseño gráfico: Estudio Holböllquintiero
Medidas:  20 cm ancho x 28 cm alto
Cantidad de páginas: 72
Tipo de papel: Sensation Tactil de 145 grs.
Tipo de encuadernación: Tapas blandas.

El libro Donde la luna es ronda resultó ganador del primer premio Felifa-Futura 2015. El jurado fue compuesto por Miguel Ángel Felipe, Juan Lo Bianco, Eugenia Rodeyro, Sebastián Szyd y Diego Vidart.  Fue publicado a través de la editorial La Luminosa en una primera edición de 200 ejemplares numerados y firmados.

CONVOCATORIA ABIERTA > PREMIO PUBLICACIÓN LATINOAMERICANO

Este fotolibro se puede visitar en la biblioteca de TURMA: hay que agendarse en biblioteca@somosturma.com

 

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UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hnorir viene a ser un objeto que se encuentra en el ficticio mundo de Tlön y que es cualquier objeto que surge a partir del deseo. Allí cuando un objeto es buscado intensamente, siempre se lo halla, porque la voluntad modifica la realidad, o la inventa. El mero deseo produce el objeto. Todo lo que es imaginado, es posible de aparecer.
Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga.

Querida Natacha:

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

Reseña de la publicación Querida Natacha: de Natacha Ebers, editado por La Balsa Editora.

Objeto elegido: una cicatriz

 

Las derivas de yo o desconócete a ti mismx

Querida Natacha: nos hace preguntarnos cuáles son los alcances de un libro, dónde terminan los bordes y empieza el mundo; cuáles son los límites de la página. Y del cuerpo, ¿la piel? Querida Natacha: es una publicación y una máquina de fotos: una caja oscura, adentro del cuerpo, del texto y el dispositivo.

Las correspondencias, el desdoblamiento y la proyección: Cuerpo, cámara, dispositivo, texto

Entre otras exploraciones de géneros, este fotolibro es una epístola. El título es la dedicatoria a una emisora que recibe las cartas. Se corresponde con el nombre de la autora, quien se ubica en el lugar de receptora. Entonces, ¿quién escribe? ¿Quién hace los textos y las imágenes? Locación y fecha nos ubican en un pasado presente y futuro de una subjetividad desdoblada. Los encabezados señalan tiempo y lugar, como si fueran paradas. El libro es el dipositivo de viaje y nosotrxs lectorxs viajamos en una línea narrativa no sucesiva, en un pase de páginas, cartas, casas, imágenes…

Huella y sombra

La palabra “carta” en inglés se dice letter. Que es el mismo término que se utiliza para “letra”. Las cartas son grafemas, signos de un abecedario que es vehículo de escritura. Querida Natacha: trae la escritura a la par del carácter oral, a través del rescate de una cotidianeidad que parece esfumarse en el viento, de una vida que vive otras subjetividades, entre textos e imágenes.

 

El registro de la historia de un cuerpo y su vaivén. Nos abre la deriva de una correspondencia íntima y cotidiana –entre el género epistolar y el diario íntimo– es un poemario de cartas, tiene la poética sencilla, divertida y abismal de Manuel Puig y al mismo tiempo el manifiesto y la seriedad de una epístola bíblica o filosófica. Nos señala que todos los personajes son unx. Habla de las capas que nos forman. Todas nuestras múltiples caras. Las preguntas y respuestas que se hace Alicia, o la severidad con la que a veces se reta en Alicia en el país de las Maravillas hasta hacerse llorar (a sí misma). El sueño que fue la premonición de Dr Jeckyll & Mr Hide. El espejo de Dorian Gray. La pregunta que nos hacemos todxs: ¿Quién soy? ¿Soy lx que piensa que soy? ¿lx que actúa? El ejercicio de desdoblamiento, permite ver los niveles de consciencia y habitar el inconsciente. Soy una voz haciendo eco adentro del pase de páginas, de las cartas que leo y los espejos adentro de mi cámara oscura. Querida Natacha: nos muestra que somos peregrinxs adentro de una superficie sensible.

 

 

Querida Natacha: da luz al espíritu que habita el cuerpo como dispositivo. Nos habla de las múltiples capas, a través de las hojas y las transformaciones de la vida. Cómo llevamos otras versiones de nosotrxs en el tiempo en una vida de mundanzas, nos espeja la propia vulnerabilidad en la palabra, la desnudez, la intimidad y la confianza que brotan dentro de la cámara oscura.

Un viaje a la montaña con la prima, distintos cuartos y cambios de casa. Querida Natacha: es un viaje de mudanzas. Del cuerpo. El movimiento incesante que es la vida. Las distintas ramificaciones. Y de la relación de la fotografía con el yo, es decir: de la fotografía con la poesía.  Devenir poeta a través de la cámara oscura como el medio de des-conocimiento del cuerpo. Nos muestra que la fotografía es la expansión de la subjetividad en lx otro. La de-subjetivación del yo, como unidad mínima y máxima. Los distintos planos de la existencia, en capas. Los vínculos. La confianza en lx otrx. Y en unx mismx.

 

La cámara oscura es el medio de la imagen, al igual que los correos de la palabra o la letra. La correspondencia con alguien que existe y no existe en un plano. Muestra que la obra no es ninguna consagración, punto de llegada o destino sino una búsqueda constante en el camino del des-yo, del desconocimiento del yo, para expandirlo como cartografía a explorar y recorrer, con juegos y elementos imposibles que puedan sondar aguas profundas, oscilantes en el lenguaje del consciente y del inconsciente. Ese que vive adentro (las cartas  a esa persona que existe y al mismo tiempo no). Que orbita en el espacio liminal donde habitan las filtraciones del misterio profundo. Como las filtraciones de luz en la cámara oscura, Querida Natacha: muestra las imágenes interiores, veladas, que se llenan de luz mientras se oscurecen.

Querida Natacha:

Fotografías y textos: Natacha Ebers
Edición y diseño: Federico Paladino
Corrección: Dina Camorino Bua

Editorial La Balsa http://www.labalsa.net/ @la.balsa.ed

natachaebers.com @perlaebers

Materializado en enero y febrero de 2020 en Erredakzioa en la ciudad de Bilbao

la taller.com @la_taller @erredakzioa

PARA VENTAS DE EJEMPLARES:
últimos ejemplares a precio promocional (en Argentina) contactarse con la autora natachaebers@gmail.com
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UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hnorir viene a ser un objeto que se encuentra en el ficticio mundo de Tlön y que es cualquier objeto que surge a partir del deseo. Allí cuando un objeto es buscado intensamente, siempre se lo halla, porque la voluntad modifica la realidad, o la inventa. El mero deseo produce el objeto. Todo lo que es imaginado, es posible de aparecer.
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Máscaras de lo invisible

 

MUJERES ESCONDIDAS EN RETRATOS DEL SIGLO XIX

 

Por Guadalupe Arriegue*

 

El modelo de mujer disciplinado y oculto detrás de su rol de maternidad dentro del recinto doméstico se vuelve visible –mientras quiere ser invisible– en las imágenes de mujeres escondidas sosteniendo bebés y niñxs. Otra de las prácticas particulares que experimentó la sociedad victoriana con la fotografía, y luego se expandió por América.

 

Estos retratos del siglo XIX salen a la luz en el XXI para dar cuenta del rol de la mujer dentro de la familia y la sociedad; producto de una cartografía sociocultural de otra época, que permanece vigente al mismo tiempo que es cuestionada. Tal vez sea esa la razón por la que estas madres ocultas resurgen, gracias a los archivos digitales hace una década, incluso llegaron a ser exhibidas como obra de arte en la Bienal de Venecia en 2013, en formato exposición y fotolibro, con la colección de daguerrotipos de la fotógrafa ítalo-sueca Linda Fregni Nagler.

Imágenes del fotolibro The hidden mother, de Linda Fregni Nagler, editado por MACK, Londres, 2013

 

 

Sobre el archivo del retrato y este como fuente de des-conocimiento y des-colonización

 

Cuando el modelo de mujer domesticado se encuentra instalado en el inconsciente colonial-capitalístico, a mediados del siglo XIX, se extiende la práctica fotográfica del retrato en las sociedades burguesas, que se torna el medio de fijación predilecto. El acto de retratarse por medio de fotografías posibilita perdurar en el tiempo, lo escrito supone cierta circulación más allá del referente. De alguna forma ilusoria, el retrato suspende el flujo temporal y sobrevive a la muerte. En su libro sobre la fotografía como documento social, Gisèle Freund analiza las condiciones de producción de ese tipo de imágenes, la modernización de la técnica, la circulación de retratos y el devenir de la foto como soporte documental por excelencia para la clase burguesa en los albores de la modernidad. El fenómeno de la fotografía es un fenómeno de masas, desde que el afán por retratarse es una práctica temprana al medio[1]. El poeta y crítico de arte Charles Baudelaire destacó sus posibilidades como registro de modas y costumbres[2]. De esta manera, la expansión del retrato como práctica permite la irradiación de modelos y construcciones simbólicas, reproducidas a partir de una técnica específica[3], además de ciertas creencias o valoraciones sociales alrededor de la imagen y la fijación.

 

Más que cualquier otro medio, la fotografía es capaz de expresar los deseos y las necesidades de las clases sociales dominantes y de interpretar a su manera los acontecimientos de la vida social[4]. (Freund, 1976/2017)

 

La fotografía se convierte en el archivo y repertorio[5] de prácticas colectivas, documentos que muestran y señalan (toda foto es una señalización, un marco) cosmovisiones y comportamientos del tejido social de una época, que se reproduce a sí misma para su ilusión de estabilidad y perdurabilidad. La fotografía se torna documento de los discursos que son fijados y circulan como hegemónicos y se reproducen en las sociedades. El sistema expresivo, como manifestación estético-política, define un nuevo territorio de creación colectiva. Allí es que cobran especial relevancia las investigaciones, relecturas y revisiones en los archivos fotográficos. Estos, entendidos no como fijos, sino en movimiento y en mutación constante. Los archivos son todos los discursos posibles, los efectivamente pronunciados[6] y también los que se encuentran en los intersticios de lo no dicho, disponibles para ser mencionados, encontrados, creados. Investigar prácticas sociales dentro del campo de la fotografía permite ver de nuevo. Rever y repensar pensamientos y prácticas visuales que circulan, en el flujo de los archivos y repertorios, supone analizar los surcos del comportamiento social y cultural. Resulta un clima de época el lugar especial –de relieve y relevamiento- que se le otorga a los archivos en museos, encuentros, galerías, obras, exposiciones, etc. Dejan de ser entendidos como espacio de guarda y cajones cargados de imágenes y polvo, para aparecer como el reservorio del pensamiento y el patrimonio visual y cultural. Visible e invisible. Plausible de ser cuestionado, intervenido, moldeado, reconfigurado.

 

 

Sumergirse en el trabajo con archivos fotográficos supone realizar pliegues temporales característicos de la foto, que conlleva el tiempo de la toma, el del revelado y luego todos aquellos momentos en los que sea reproducida, vista y considerada. De esta manera, la foto no está fija, se mueve en el flujo del tiempo. Las imágenes están allí, son tiempos congelados y en simultáneo enmarcan historias múltiples. Las fotografías narran y tienen más o menos densidades. Eso si las entendemos no como imágenes sueltas en un no-tiempo y no-lugar, lábiles en el vacío, sino en uso. Como práctica, supone entender a la fotografía más allá de sus dos dimensiones y de su fictio marco fijo: implica ver sus bordes de manera flexible. Las imágenes ocupan discursos específicos, relaciones puntuales y plurales: la fotografía, como refiere Susan Sontag, es real y tiene un uso concreto[7]. Es en el flujo, el devenir, donde las fotos se relacionan y son atravesadas, transformamos las imágenes y su contenido al mirarlas de nuevo.

 

La fotografía es el medio privilegiado para el gusto burgués: “en su origen y evolución, todas las formas de arte revelan un proceso idéntico al desarrollo interno de las formas sociales” (Freund, 1974/2011). Estas formas, dentro de las que se encuentra el ideal de modelo familiar, provienen de transformaciones políticas y sociales que comienzan en Europa hacia el siglo XVI, junto a una nueva concepción, y a la par una nueva política, sobre los cuerpos. Una construcción social distinta comienza a forjarse durante los siglos del traspaso del feudalismo al capitalismo. En Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Silvia Federici da cuenta de la legislación que comienza a extenderse etre los siglos XVI y XVIII, en relación al comportamiento social, la sexualidad y el disciplinamiento del trabajo[8]. Relaciona esos cambios legislativos sobre comportamientos sociales con la caza de brujas, que condenó (¿y aún condena?) todo aquello que se desvía del ideal de plan familiar bajo la supremacía de los hombres en términos de propiedad y, dentro de ella, el cuerpo de las mujeres[9] para la gestación de fuerza de trabajo y la continuidad del clan familiar. Fue la condena al aborto y a la anticoncepción lo que encomendó al cuerpo a las manos del estado y de la profesión médica. Las torturas a los cuerpos desobedientes de esos ideales del útero como reproducción de maquinaria de trabajo, supuso una guerra de más de dos siglos de persecución y quema de personas. Explica Federici que allí fueron forjados los ideales de la mujer burguesa: “fue precisamente en las cámaras de tortura y en las hogueras en las que murieron las brujas donde se forjaron los ideales burgueses de feminidad y domesticidad”(Federici, 2004/2018)[10]. El nuevo modelo de feminidad supuso la derrota y el sometimiento de las mujeres durante los años de traspaso del sistema económico del feudalismo al capitalismo. Este nuevo modelo de esposa ideal –domesticada, casta, pasiva, obediente, ahorrativa, de pocas palabras y siempre ocupada en sus tareas domésticas- se instala fuertemente a fines del siglo XVIII.

 

Mientras que en la época de la caza de brujas las mujeres habían sido retratadas como seres salvajes, mentalmente débiles, de apetitos inestables, rebeldes, insubordinadas, incapaces de controlarse a sí mismas, a finales del siglo XVIII el canon se había revertido. Las mujeres ahora eran retratadas como seres pasivos, asexuados, más obedientes y moralmente mejores que los hombres, capaces de ejercer una influencia positiva sobre ellos[11].(Federici, 2004/2018)

 

 

Como ya hemos mencionado al comienzo, el archivo de fotos de mujeres madres escondidas se encuentra en internet, en colecciones físicas y digitales varias y también como categoría en archivos[12], incluso en venta de postales a través de sitios web. Reproducen el registro del lugar de la mujer, dentro de la familia e invisible detrás de sus hijos, plasmado a través de la máquina fotográfica. Cabe mencionar que su expansión como práctica, pareciera resultar de una imposibilidad técnica del desarrollo temprano del medio, a mediados del siglo XIX, cuando aún no había surgido la placa seca y los tiempos de exposición suponían largos minutos de la persona posando congelada. Esto crece en dificultad en el caso de los niñxs y sobre todo bebés, que no se mantienen solos, además del afán de mostrarlos más verticales que acostados[13].

 

Al revisar este archivo se revelan de inmediato esas personas escondidas a la vez que el modo de representación del cuerpo y la coreografía para la pose fotográfica, como imagen-efigie impuesta y elemento disciplinador. No se precisa de una lectura muy a contrapelo del sistema hegemónico, puesto que en la invisibilidad salta a la vista. Las fotografías de mujeres escondidas del siglo XIX señalan lo que está oculto y se ve: el rol de la mujer en la sociedad burguesa capitalista y patriarcal.

 

El retrato, construido a partir de atributos específicos y símbolos, siempre conlleva una máscara. En este caso, es el velo que oculta a la vez que señala. El anonimato lo vuelve universal. El punctum de la foto[14], el fuera de campo que aparece dentro del marco señalado, se hace evidente. Aparece la materia oscura de la foto, lo que no se ve, pero sabemos de su presencia, ejerce una fuerza. No se ve pero se percibe y es cuando ocurre el encuentro con lo real. La catarsis de Aristóteles, eureka de Maslow, tuché de Lacan. Es una realidad pendida, prendida y aprehendida que se repite y despierta. Abre la intuición, la sincronía. Si no se puede entender a la luz sin la oscuridad, ni a la escritura sin la oralidad, no podemos entender lo visible sin lo invisible. Las fotos de mujeres ocultas exhiben la máscara de la invisibilidad, revelan desde atrás del velo. La ausencia se vuelve una presencia.

 

* Guadalupe Arriegue es fotógrafa, Licenciada en Letras (UBA) y docente de Historia de la Fotografía (UNSAM). Publica y expone sus trabajos en congresos y seminarios en universidades y festivales internacionales. Trabaja en archivos y bibliotecas y coordina la biblioteca de TURMA

 

 

NOTAS

[1] La práctica del retrato es anterior a la fotografía fija –utilizando como referencia el año de la publicación de la patente por el Estado francés, 1839- y a la expansión del daguerrotipo. Gisèle Freund recupera la práctica de los pintores miniaturistas, luego las siluetas y el fisionotrazo, así como otros instrumentos ópticos o cámaras empezaron a utilizarse para la multiplicación de retratos.

[2] Charles Baudelaire, Salones y otros escritos sobre arte, Madrid, Antonio Machado Libros, 2013 [1950].

[3] Una traducción química rectangular, de dos dimensiones, en blanco y negro, hecha por una persona profesional –con competencia para la realización- en un estudio fotográfico –donde sucede la teatralización- que le otorga el investimento y los atributos relevantes al gusto de la época y sus construcciones simbólicas. Y, claro la reproductibilidad. Estos simulacros luego son reproducidos. La maquinaria del retrato y el grado de efectividad que alcanza la carte de visite. Hoy en día, una extensión más de la mano.

[4] Gisèle Freund, La fotografía como documento social, Barcelona, Gustavo Gili, 2011 [1974].

[5] Véase Diana Taylor, Performance, Buenos Aires, Asunto impreso ediciones, 2015.

[6] Michel Focault, La arqueología del saber, Siglo XXI ediciones, Mexico DF, 2011. [1969]

[7] Susan Sontag, Sobre la fotografía, Random Penguin House, Barcelona, 2016. [1973]

[8] “La novedad fue el ataque al cuerpo como fuente de todos los males, si bien fue estudiado con idéntica pasión con la que, en los mismos años, se animó la investigación sobre los movimientos celestes”. Silvia Federici, Calibán y la bruja. Mujeres, cuerpo y acumulación originaria, Tinta Limón ediciones, Buenos Aires, 2018 [2004]. Pág. 218

[9] “De hecho, existe una continuidad inconfundible entre las prácticas que constituían el objeto de la caza de brujas y las que estaban prohibidas por la nueva legislación introducida durante esos mismos años con el fin de regular la vida familiar y las relaciones de género y de propiedad. De un extremo a otro de Europa occidental, a medida que la caza de brujas avanzaba se iban aprobando leyes que castigaban a las adúlteras con la muerte (en Inglaterra y en Escocia con la hoguera, al igual que el caso de la alta traición), la prostitución  era ilegalizada y también lo eran los nacimientos fuera del matrimonio, mientras que el infanticidio era convertido en un crimen capital”. Silvia Federici, op. cit. Pág. 301

[10] Silvia Federici, op. cit. Pág. 303.

[11] Silvia Federici, op. cit. Pág. 305.

[12]  Véase el sitio web del Archivo fotográfico de Ohio: https://ohiohistoryhost.org/ohiomemory/archives/1434 (consultado en mayo de 2019)

[13] Existe la lectura de que muchas de las fotografías fueron tomadas post mortem. No resulta extraña la práctica en la sociedad victoriana, lo cierto es que muchas fotografías demuestran que un poco se mueven, con lo cual en tal no cabe a la totalidad de ellas. Véase distintas opiniones en https://ridiculouslyinteresting.com/2012/07/05/more-hidden-mothers-in-victorian-photography-post-mortem-photographs-or-not/ (consultado en mayo 2019)

[14] Roland Barthes, La cámara lúcida, Buenos Aires, Paidós, 2009. [1980]

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LIBRO-CUERPO-TEJIDO

Alfonsina, el extraño caso de una confusiva

 

Presentamos un libro de múltiples caras, íntimo y social, ligado a la danza y al lenguaje del cuerpo, la transmisión de repertorios que se inscriben, expanden y viajan de generación en generación: Alfonsina, el extraño caso de una confusiva, de Paz Marín*.

Alfonsina… es un libro hecho con el cuerpo. Charlamos con su creadora, que realizó un proceso de experimentación con la danza y el movimiento, para la exploración de la imagen y la palabra;  Alfonsina… surge con un hilo rojo que atraviesa e invita a la creación de la lectura.

 

*Paz Marín (Chile), artista visual y bailarina, co-dirige el taller EL TEJIDO DE LA MEMORIA, junto a Romina Resuche, que se realiza el 6 y 13 de febrero 2020 durante la programación #veranoexperimental

El libro se consigue a través del correo alfonsinaconfusiva@gmail.com

La libertad y el movimiento en el uso del lenguaje y la imagen hilvanan una poética que mezcla giros de la literatura infantil, los juegos de ingenio de los libros de Alicia, la poesía de Mallarmé, los montajes de palabra e imagen del Dadaísmo y la poesía surrealista. Sobre todo la poesía negra de Artaud, que lleva el lenguaje al grito, y ejerce el vertiginoso descenso en las profundidades del yo. Reúne lo poético, la confesión, la protesta, el humor, los espasmos de dolor, el grito y sobre todo: la pregunta. El cuestionamiento de los modelos de conducta, de comportamiento y coreografías de la corporalidad.

 

Es un libro que señala el disciplinamiento del cuerpo a través del discurso de la ciencia, la medicina y la salud mental.

 

Alfonsina pone de relieve y cuestionamiento los discursos hegemónicos a través de un armado coral trazado desde la literatura infantil, el archivo policial y el género fantástico; atraviesa los géneros literarios para desarmarlos y mudarlos.

 

El libro es transdisciplinar: es una obra hecha de fotografía, tejido, danza, teatro… el dipositivo-histórico ‘libro’ que se encuentra en la biblioteca es parte de un entramado mayor, hecho de reuniones, encuentros, investigaciones, visitas al médico, talleres de creación colectiva y terapéutica. Fueron procesos de trabajo y búsqueda simultáneos: en el campo de lo escénico-teatral con la compañía escénica La Kabrank, los talleres de fotobordado y archivo familiar y el proceso de realización del libro. Hilos paralelos que conforman una misma trama-proyecto. Podría pensarse que este fotolibro es parte de una obra mayor artístico-vital: Alfonsina, el extraño caso de una confusiva, que solo se entiende desde la transmedialidad y la performatividad.

 

VER EL SITIO WEB DEL PROYECTO

Resulta una crítica al ‘tratamiento’ social en términos de salud mental y la estigmatización y represión del cuerpo. En cambio la danza, el teatro, el arte visual y la literatura son herramientas terapéuticas y de conexión – ligación con el mundo para alcanzar otros reconocimientos, saberes y percepciones. El libro es liberador.

 

… de las imágenes surgirán no solo revelaciones sobre el cuerpo psicológico y físico, sino también descubrimientos de las potencialidades mentales de los seres humanos. Los descubrimientos futuros sobre el inconsciente revolucionarán la historia de la raza humana.

Nise Da Silveira

 

 

 

IMAGEN, TEXTO, CUERPO

 

Entre el fotolibro, el libro-objeto y el libro de artista, la trama de Alfonsina… está hecha de imágenes, palabras y el hilo, que teje una red de relaciones con múltiples relatos, pero que principalmente narran la historia de una niña: Alfonsina, quien es estigmatizada por tener una ‘enfermedad’ que se basa en hacerse muchas preguntas. La sociedad la encierra y luego desaparece.

Además de ser una historia sensible y cuidadosamente contada, hay una fuerza que reside en la visualidad de las palabras y su baile en la hoja, en la maquetación de página y la narración del relato, a través de imágenes fotográficas. Hay un intercambio de relaciones imagen–texto que arma una poética lúdica, subvirtiendo órdenes de lectura y apostando por una participación activa de quien mira y lee, que aquí significan lo mismo.

Y luego, claro, la dimensión táctil: por fuera de la superficie de la página. Hilo y aguja, y la mano, el cuerpo: la costura. En cada página, está el tiempo que lleva cada puntada, el ejercicio de la tejedora, que además se presenta como una invitación a continuar (con la aguja atravesando la imagen). Y además, el movimiento gestual de la mano lectora a la hora de descubrir el libro y sus textos, son parte de la coreografía propuesta.

LA OTRA

Hay un sobre en el libro que contiene fichas médicas. Las mismas corresponden a personajes ficticios, cuyas ‘biografías ‘ se leen desde un grotesco soaz (como diría Baudelaire) a partir de una lectura a contrapelo e irónica que desprende una conciencia sobre la construccion de la otredad en el discurso de la ciencia médica y el posterior disciplinamiento a través de su voz de autoridad. Lo que sale a la luz a través de la risa es también una crítica directa a la fotografía que Susan Sontag entiende a grandes rasgos «de vigilancia»,  y que Alan Sekula detalla e historiza en El cuerpo y el archivo, donde realiza un análisis de la fotografía dentro de la criminalística y las corrientes de frenología que todavía operan hoy día. La catalogación-categorización y atribución de significados al cuerpo que realiza el capitalismo para la distinción de ese «otro» indeseable, fuera de la norma.

Michel Foucault en La locura en la época clásica, muestra cambios historiográficos dentro del discurso de la medicina y el ejercicio represivo sobre los cuerpos, especialmente para con la figura del loco o en este caso: la loca. Porque también hay que marcar que Foucault ‘olvida’ distinguir géneros en su tratado; a pesar de que analiza sobre todo el caso de la Salpêtrière, no aparecen registros de una investigación comparativa ni un análisis pormenorizado de las distinciones de ‘la loca’ sino solamente en relación a la histeria (según el análisis de Freud). La ‘loca en el ático’ es un arquetipo de la literatura, especialmente de la novela decimonónica dirigida a mujeres, y particularmente en el caso de la escritoras victorianas (donde quienes escriben, son mujeres), puede ser productivo para pensar Alfonsina…. Sandra Gilbert y Susan Gubar identifican este personaje y escriben un ensayo feminista: ‘Madwoman in the Attic: The Woman Writer and the Nineteenth-Century Literary Imagination’. En este ensayo explican a la loca del ático como ejercicio catártico de todas estas autoras, que utilizaban a la loca para poder ilustrar rasgos de locura, pasión desatada, furia animal, frustraciones cotidianas o falta de sentido vital sin ser tachadas ellas mismas de histéricas. Mediante el uso de las locas y la escritura, las mujeres pueden dar rienda suelta a las fantasías y conseguir la liberación de la sociedad que las clausura.

 

Además, desde el título nos hace pensar en Alfonsina Storni. Leído desde múltiples maneras, nos trae a la escritora-tejedora de mundos y cara de todos esos deseos y pasiones reprimidas, historias veladas subterráneas que corren por la sangre y la carne, y se traducen en un baile de imágenes y palabras sobre el papel.

 

 

 

 

Fotolibros que desbordan las páginas

Sección destinada a la investigación y difusión de fotolibros cuyas dimensiones se expanden de la superficie lisa y llana de la foto y la página, para abrirse a la dimensión del cuerpo, la performance, intervenciones sociales en expansión física y vincular, afinidades electivas.

Donde el libro es puente, transacción e intermediación entre personas, afectos y actos de intervención, invención y creación colectiva.

reseña por Guadalupe Arriegue

Alfonsina, el extraño caso de una confusiva

Autora Paz Marín

Edición Pablo Concha
Diseño Ediciones Granizo y Ediciones Navaja

Encuadernación Bresky Corporacion y Natureza Renard
Encargos y envíos a todo el mundo: alfonsinaconfusiva@gmail.com

instagram: @alfonsinaconfusiva

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EL NUEVO ARTE DE DISEÑAR LIBROS

Sobre el libro de artista y otras formas editoriales expandidas.

Mariel Szlifman (Comp.), Wolkowicz Editores, Buenos Aires, 2018.

ISBN 978-987-4117-16-8.

Esta publicación aborda el género “libro de artista” o bookwork desde la mirada del diseño y el arte. Es un proyecto editorial que analiza este soporte como un medio de expresión en expansión, con su historia y posibles desarrollos en el siglo XXI. El libro está compuesto por una serie de textos de académicos, artistas y diseñadores que ensayan respuestas sobre una praxis con el libro de artista expandido.

 

La publicación vincula el diseño gráfico y editorial con el arte contemporáneo y el audiovisual, así como también sus instancias curatoriales y su exhibición en espacios de arte.

El proyecto del libro nace en la Cátedra La Ferla (Carrera de Diseño Gráfico, Fadu, UBA), a partir de una etapa de investigación y experimentación del cruce entre los medios audiovisuales y el diseño gráfico. Luego, se realizó la curaduría y producción de la exposición “Libros de artista. Ediciones expandidas” (Exposición colectiva, Salas de Arte de Fadu, 2018), instancia que permitió consolidar estos recorridos en el espacio expositivo. La publicación acompaña la exposición, y a la vez funciona de manera independiente. El libro está organizado en tres secciones: 1) Visiones de un género. Diseño, cine, arte; 2) Práctica y pensamiento. Medios, formatos, representación; 3) La exposición (catálogo sobre las obras seleccionadas). El diseño editorial y la estructura proponen una lectura transversal entre los capítulos y los conceptos se pueden trasladar a otros textos o pueden ser aplicados en las obras artísticas. De esta forma, la publicación se propone como una bitácora y archivo del proyecto expositivo, al mismo tiempo que plantea interrogantes sobre el libro de artista desde su contemporaneidad. Tomamos como referencia al artista y editor mexicano Ulises Carrión (1941–1989), a quien el título rinde homenaje y parafrasea. En El arte nuevo de hacer libros (1975) Carrión produce un manifiesto sobre el bookwork (los libros como arte) y proclama al libro como dispositivo y concepto, separado del texto literario. Este es nuestro punto de partida para pensar el Libro de artista: desde su definición como concepto, arte y diseño.

Los artículos que componen el capítulo “Visiones de un género” (La Ferla, Szlifman) incluyen teorías elaboradas alrededor del soporte realizadas por investigadores, curadores y artistas (Johana Drucker, Anne Moeglin-Delcroix, Guy Schraenen, Ulises Carrión). Así, se define el “libro de artista” como un medio artístico autónomo e interdisciplinario entendido desde el “múltiple democrático” (reproducible) ante el libro objeto o plástico. Se revisitan referencias iniciáticas claves de las décadas del ´60 y ´70 hasta producciones actuales para observar qué tipo de vertientes y usos se desarrollan hoy: desde instancias proyectuales hasta ensayísticas. Asimismo, se realiza una visión crítica de los “dispositivos escriturales”, aquellas formas de comunicación y representación que evolucionaron con el hombre para llegar a definir el cruce entre la imagen en movimiento (cine) con los soportes librescos.

En el capítulo “Práctica y pensamiento”, algunos de los artistas de la muestra “Libros de artista. Ediciones expandidas”, analizan el formato expositivo del libro hasta la instalación en relación al medio audiovisual con el cual opera; así como también desarrollan conceptualmente su trabajo, inscripto en el discurso ensayístico. Antonelia Adosi, Eleonora Pautasso y Maite Mendive nos acercan reflexiones sobre el uso de la cámara fotográfica -analógica, estenopeica, digital- como forma de exploración del mundo en relatos que van desde el autorretrato al paisaje urbano. La memoria familiar, los archivos, la ciudad, son disparadores para la construcción de objetos de diseño, mapeos e instalaciones. Augusto Daniele realiza un estudio sobre el uso expresivo del medio locativo y móvil (datos y metadatos) como forma de representación del paisaje urbano y cómo nos relacionamos con la ciudad en el siglo XXI. Nicolás Grandi recorre la definición de lo transmedia a través de dos experiencias artísticas propias donde se pone en escena lo social, lo cultural y lo político a través del deseo y el cuerpo. En su obra, el pasaje de un soporte a otro (cine, libro, web) implica siempre una forma de traducción entre imagen fija, palabra e imagen en movimiento.

Finalmente, en “La exposición” se muestran los trece proyectos seleccionados y desarrollados para la muestra. Este capítulo recopila sinopsis conceptual, fotografías y descripción técnica de las obras, a modo de documentación. La serie es el resultado de una práctica ensayística que explora el papel como soporte expresivo en el espacio expositivo, en la que se elaboraron tres tópicos curatoriales que buscan afinidades entre las obras: cartografías urbanas, autorretratos y cinegrafías. Estos ejes tejen lazos entre los elementos narrativos, expresivos y conceptuales de las obras, así como también en sus formatos expográficos. Son todas producciones recientes, que se inscriben en un mapa local y actual de esta práctica del “libro expandido” e instalado en el espacio de arte.

EL NUEVO ARTE DE DISEÑAR LIBROS se consolida como un objeto a ser usado por docentes, artistas, diseñadores y realizadores audiovisuales. Los textos e imágenes que componen la publicación son disparadores para pensar estrategias, técnicas, formatos y materialidades del libro de artista contemporáneo que puede expandirse hasta el campo de la instalación o hacia proyectos transmedia.

Fotografías: Santiago Tenenbaum

Reseña: Mariel Szlifman

 

Mariel Szlifman es profesora de TURMA del taller TRANSMEDIA: ENSAYAR LA IMAGEN, IMAGINAR LA PALABRA junto con Nicolás Grandi

BIO: Magister en Teoría del Diseño Comunicacional, Diseñadora Gráfica e Investigadora (FADU, UBA). Jefa de Trabajos Prácticos en Cátedra La Ferla en la misma Universidad. Ha dictado workshop´s y seminarios sobre Libros de artista (Bienal Nacional de Diseño, 2015, 2017; Universidad del Cine, 2016, 2017) y sobre Arte Tecnológico e Instalaciones (Escuela Provincial de Artes Visuales, Rosario, 2016; Seminario SI, UBA, 2017). Recientemente, compiló la publicación El nuevo arte de diseñar libros (Editorial Wolkowicz, Buenos Aires, 2018). Ha publicado artículos en Territorios Audiovisuales (La Ferla, Reynal (comp.), Libraria, Buenos Aires, 2011), Revista Kepes (Colombia) y en el sitiowww.maestriadicom.org. Es directora del proyecto de Investigación SI “Praxis del diseño audiovisual. Del objeto libro a la instalación” (Código PII MyC-15, FADU, UBA). Trabaja como diseñadora independiente.

Este fotolibro se puede leer/ver en nuestra biblioteca: para agendarte escribinos a biblioteca@somosturma.com

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NO SOMOS LO QUE TE ESPERAS

FOTOLIBROS DESTACADOS DE LA BIBLIOTECA

No somos lo que te esperas – copublicado por Subeditora + Alcohol y Fotocopias + Tren en Movimiento

Entre 1995 y 2006, Verónica Borsani, Luzía Fernández Loiza, Paula Marinaro y Loreley Ritta, tenían entre 16 y 25 años y emprendieron el trabajo orgánico y extenso de documentar sus vidas cotidianas.

 

Antecediendo al actual momento histórico de registro permanente a través de la imagen digital, ellas capturaron a través de la fotografía analógica momentos importantes de su recorrido hacia la adultez. Las fotos son una selección desde su mirada personal, enmarcando sus prioridades. No están tan atravesadas por la mirada pública como podrían estarlo de ser tomadas hoy en día, sino que al moverse en el espacio liminal de los albores de internet, son imagenes de distribución interna, para un círculo de conocidos y, sobre todo, para ellas mismas.

Registran su grupo de pertenencia, la comunidad anarcopunk latinoamericana.

 

Las imágenes que recolectan no son exclusivamente personales, sino que tienen un espectro político radical que las convierte en documento social; se puede ver la forma de ocupar el espacio público, las ciudades, las casas okupadas, los espacios de resistencia desde el arte: los escenarios donde estas mujeres se formaron. Los besos y  pogos se muestran como experiencias vitales, pero también como partes de una escena política que se esfuerza en crear libertades. 

El trabajo y las mascotas, las manifestaciones y las drogas, todas las áreas de la vida que aquí se registran comparten una óptica honesta y sensible. En un momento en el que lo individual y lo colectivo chocan y se debaten en nuestra concepción del mundo, las autoras de No somos lo que te esperas no diferencian sus imágenes firmándolas con nombres propios; eligen colectivizar y se funden en la experiencia compartida, empatizan al punto de dejar de lado el ojo propio y abrazar uno grupal.

El borramiento del rol autoral, la elección de no delimitar qué imágenes vienen de cada persona determina una mirada, un ethos colectivo con una identificación muy fuerte de pertenencia a un grupo que, ideológica, generacionalmente y por cuestiones de género, tiene mucho en común. Yendo contra el ojo oficial, contra la mirada hegemónica que baja desde los medios, nos encontramos entonces frente a la posibilidad de una mirada femenina, que opera desde el interior del movimiento anarkopunk, y desde el rol particular de mujeres de entre 16 y 25 años: una etapa formativa que en otros espacios quizás no recibe el mismo respeto que en un ambiente signado por el deseo manifiesto de libertad e igualdad. En este tipo de espacio, la horizontalidad de las miradas se pone de manifiesto en la ternura con la que retratan momentos que serían, desde otra postura, ocultables. 

Algo particular de este registro, es que ocurre en una época signada por transformaciones políticas y sociales. En Argentina, el 2001 funciona como eje pivotal a la hora de plantear los sistemas de representacion politica y democratica, y opera como clave para un cuestionamiento fuerte del rol del Estado. Teniendo esto en cuenta, más la situación de precariedad que rodeaba las vidas de lxs jóvenes, es claro que había necesidad de plantear otras opciones posibles. 

 

En este libro se ve cómo los jóvenes que elegían durante la crisis correrse del sistema estipulado no caían en el vacío, sino que formaban redes propias, redes de contención extrafamiliares, y que se manifestaban no sólo en los vínculos personales, sino en espacios habitados y transformados: las casas okupadas son una clave visual y política de este momento.

 

El trabajo realizado para poner a punto estos espacios, para hacerlos habitables, es algo que suele ser ignorado por la mayoría de la gente. Sin embargo los colectivos de jóvenes pintaban, refaccionaban, y traían propuestas a estos espacios que incluían proyecciones, bibliotecas y clases públicas. Estos refugios en un momento hostil son parte de la propuesta del movimiento anarkopunk, asi como tambien las huertas y merenderos para abastecer a los barrios y a las personas de la comunidad.

Entonces, en este grupo de imágenes, nos vamos a encontrar con fotos que cruzan la línea de la experiencia propia, el retrato, el autorretrato, esa mezcla amorosa de foto documental, periodística, y registro de lo cotidiano. Un archivo personal, pero de más de una persona, la memoria compartida de un grupo en el que la individualidad funciona de manera permeable. La autonomía de los cuerpos, las mentes y las voces atraviesa este libro de manera transversal, podría leerse como un manifiesto del deseo de libertad en una época aciaga.

En este momento nos encontramos atravesando un resurgimiento del archivo como medio para interpretar el presente: el Archivo de la Memoria Trans, el de Luisa Escarria, incluso el interés en archivos públicos como el AGN marca un clima de época que busca no perder la memoria. A medida que nos aproximamos en el tiempo, el archivo se convierte en una cuestión personal, resignificando la cotidianidad de la imagen. El trabajo de archivo nos ayuda a desentrañar el presente y especialmente el archivo cercano nos ayuda a tomar aire y poder vernos, en el ayer y el hoy, simultáneamente, buscando la misma libertad.

“No nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Ese mundo está creciendo en este instante.”

Durruti

No somos los que te esperas

Verónica Borsani, Luzía Fernández Loiza, Paula Marinaro y Loreley Ritta

80 páginas 17×22,5cm. | Tapa blanda – Sub Editora + Alcohol y Fotocopias + Tren en Movimiento

Las fotografías de este ensayo colectivo fueron tomadas de 1995 a 2006, cuando teníamos entre 16 y 25 años, en los territorios nombrados como Argentina, Uruguay, Chile, México y España. Son retrato de una época y de un movimiento internacionalista; el anarkopunk latinoamericano

reseña por Mora Vitali

Este fotolibro fue presentado en LA REVOLTOSA festival de publicaciones populares y se vuelve a presentar con una conferencia de las autoras en SALÓN PUEYRREDÓN el sábado 19/10 link al evento

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