LA FOTO RECOBRADA

PALABRAS DE UN ARCHIVISTA: EN LOS BORDES DE LA FOTOGRAFÍA Y LA LITERATURA, LA HISTORIA Y LA FICCIÓN

 

El investigador y conservador de archivos de fotografía Luis Priamo nos comparte una narración que escribió en Malabrigo, Santa Fe, luego del recorrido que hizo durante diez meses por esa provincia investigando archivos: un trabajo de campo con fotografías, entrevistas y otros relevamientos.

 

El informe completo fue publicado en el dossier de TAREA-UNSAM : click aquí para acceder

Priamo, Luis. “Investigación histórico-fotográ–ca en la provincia de Santa Fe, 1988-1989. Proyecto e informe –final”, TAREA 6, pp. 38-63
Félix Corte Toldería de aborígenes tobas reducidos pertenecientes a la tribu del cacique Juan Chará. San Antonio de Obligado, Santa Fe, 1887.
Biblioteca «Pablo Vrillaud» de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad Nacional del Litoral.

La foto recobrada

Luis Priamo

Malabrigo. Frontera del Gran Chaco en otros tiempos. Campos trabajados hoy en día: paraísos, palmeras, trigo y soja. Se llega a la pequeña ciudad por el camino central que desgaja de la ruta 11. Alineados a su vera, amplios techos de tejas coloradas y pendiente suave bajan desde el pecho de gruesas chimeneas, le advierten al recién llegado que allí hay plata y anacronizan el nombre amargo que los abuelos fundadores le pusieron a su pueblo.

 

En la llanura gringa donde nací, en la infancia mía, todo esto era el norte: paisaje entreverado de quebrachales, hacheros esclavos, rostros morenos, duelos criollos, miseria y vino. Tierra de negros confundida con el Chaco. Ahora sé que fueron suizos, italianos y alemanes llegados de la llanura central los que fundaron y habitaron este pueblo por 1890. Con el tiempo levantaron un próspero escenario de chacras familiares en la tierra llana de palmeras y chañares desde Romang a Reconquista, entre el límite de bosques y el río Paraná. Hay muchos rostros colorados, como en los pueblos míos, pero en las voces canta la tonada y el arrastre que compuso el mestizaje con la costa correntina.

 

Llegué buscando antiguas fotos del lugar y me llevaron hasta Félix Spontón. En todo el noreste el apellido se conoce: Spontón, familia fundadora, fértil, pía. Dos monjas y dos curas señala Félix entre los veinte descendientes alineados en la tenue protofoto familiar. Uno, el padre Luis Spontón, tío de Félix, se aficionó a la fotografía en su primera juventud y le duró hasta grande. Para ver la caja de fotos familiares que guarda algunas de sus copias hay que llegarse hasta la casa paterna de los Spontón, al sur de Malabrigo.

 

“Está cerca –dice Félix–. Vamos con ésta… si se animan…”

 

Su vieja camioneta nos lleva por campos de sequía. El verde es cromo, el cielo azul, la tarde calma. El polvo que se alza detrás nuestro baja lento y luminoso. Hablamos de los viejos tiempos, tema obligado pero no impuesto, sino grato. El tiempo de antes, cuando todo esto era frontera, cuando llegaron los colonos a desmontar y sembrar, detrás del ejército y el ferrocarril. Tiempos bravos. “Estaba prohibido tener miedo –dice Félix–. No era para flojos”. Su estilo es bonachón pero despunta, en él también, la tentación por las historias fronterizas de coraje belicoso, macho. Tentación folklórica cebada, tal vez, por la presencia del recién llegado de las ciudades del sur, de lo cómodo y lo flojo.

 

“Una vez, yo tenía doce años y le escuché contar a un hombre de acá, don José Faccioli…”, comienza Félix. En el patio de la iglesia de Malabrigo, una tarde, estaban don José Faccioli, el padre Luis Spontón y él, calladito. Don José contó que la chacra de sus padres fue de las primeras en todo Malabrigo (“Y es verdad –agrega Félix–, porque eso lo contaba mi padre también”). En ese entonces él tenía veinte años. Trabajaban de la madrugada hasta la noche. La misa del domingo, muchas veces, la pasaban detrás de los bueyes. Dos bueyes, dos alhajas: los únicos animales de tiro que tenían. Una noche se los llevaron los indios. Robaron caballos y bueyes de varios colonos de la zona. Para los Faccioli, para todos los colonos, perder los bueyes era perder la cosecha, la tierra, todo. A la madrugada formaron una partida bien armada y salieron a batir el monte para recuperar los animales.

 

Los ladrones no iban lejos. El rastro era claro. Al mediodía una pequeña columna de humo salió de entre los árboles, a la distancia. Campamento, escribió en el cielo, y allá volaron los colonos. Cuando rodearon a los indios comprendieron su descuido de acampar tan pronto: huían con las familias: viejos, mujeres y niños. De inmediato comenzaron a matar.

 

Don José no relató el asalto, ni detalló la cantidad de indios que había o que mataron. Estaba urgido y fue breve. Cuando terminó el tiroteo él y otros colonos, los más encarnizados, entraron al campamento. Los indios que pudieron escapar se perdieron en el monte. Dejaron todo, también sus muertos y heridos, que los colonos remataron. José Faccioli dio vuelta a una india tirada bocabajo, para asegurarse de que estaba muerta, y escondido, cubierto por ella, apareció un bebé desnudo, callado, con los ojos abiertos, prendido al pecho de la madre como si fuera un caracol (la imagen fue de don José). Faccioli alzó el winchester y le aplastó la cabeza de un culatazo. Luego se explicó: estaba furioso, si perdían los bueyes lo perdían todo, tenía la sangre caliente por la pelea, estaba ciego, era joven… Fue un corto alegato antes de pedir, tal vez, sin saberlo, su absolución. Tenía ochenta años.

 

“¡Qué será ahora para mí, padre…?”

 

Félix Spontón recuerda que miró a su tío y esperó: “Pero el tío Luis no pudo contestarle nada…”

 

Diez días después, en Vera, una mujer me habló de dos fotografías horribles guardadas por su padre. Fotos de indios muertos y amontonados después de una pelea, tomadas por el ejército de línea cuando limpió el monte de chusma –documentos de trabajo para expedientes y fojas de carrera–. Ella las descubrió cuando murió su padre y, por respeto, las guardó con las demás. Pero cada vez que quería recordar al difunto y volvía a sus fotografías, esas imágenes espantosas se interponían y trastornaban el reencuentro. Con el tiempo, el asco reiterado fue más fuerte que la lealtad hacia las cosas del muerto y las rompió. Así, la memoria de todos perdió otra epifanía.

 

Enseguida recordé el relato de Félix Spontón y pensé en el recuerdo de José Faccioli, el recuerdo de su crimen, como una más de aquellas fotos del gran crimen, ahora rotas y perdidas. La que él llevaba en su mente tenía al bebé indio en primer plano, con los ojos abiertos, mirándolo. Una mirada que el tiempo y la culpa, tal vez, hicieron implorante. Sesenta años pasó Faccioli mirando esa foto interior, nunca amarilla ni desvanecida. Cuando él la describió en confesión estremecida al padre Luis Spontón no sabía que la estaba entregando a la memoria de Félix Spontón, que tampoco pudo tirarla jamás y la veía, cuarenta años después, tan nítida como aquella tarde. Tanto como yo la vi, en otra tarde, también inolvidable.

 

Ahora entrego esta reproducción con el ánimo de compartirla. Al fin y al cabo en eso andaba yo: buscando fotos viejas para el recuerdo común.

 

 

Malabrigo-Buenos Aires, 1989.

Este trabajo fue publicado por primera vez en 1989 en la revista Fotomundo

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EL NUEVO ARTE DE DISEÑAR LIBROS

Sobre el libro de artista y otras formas editoriales expandidas.

Mariel Szlifman (Comp.), Wolkowicz Editores, Buenos Aires, 2018.

ISBN 978-987-4117-16-8.

Esta publicación aborda el género “libro de artista” o bookwork desde la mirada del diseño y el arte. Es un proyecto editorial que analiza este soporte como un medio de expresión en expansión, con su historia y posibles desarrollos en el siglo XXI. El libro está compuesto por una serie de textos de académicos, artistas y diseñadores que ensayan respuestas sobre una praxis con el libro de artista expandido.

 

La publicación vincula el diseño gráfico y editorial con el arte contemporáneo y el audiovisual, así como también sus instancias curatoriales y su exhibición en espacios de arte.

El proyecto del libro nace en la Cátedra La Ferla (Carrera de Diseño Gráfico, Fadu, UBA), a partir de una etapa de investigación y experimentación del cruce entre los medios audiovisuales y el diseño gráfico. Luego, se realizó la curaduría y producción de la exposición “Libros de artista. Ediciones expandidas” (Exposición colectiva, Salas de Arte de Fadu, 2018), instancia que permitió consolidar estos recorridos en el espacio expositivo. La publicación acompaña la exposición, y a la vez funciona de manera independiente. El libro está organizado en tres secciones: 1) Visiones de un género. Diseño, cine, arte; 2) Práctica y pensamiento. Medios, formatos, representación; 3) La exposición (catálogo sobre las obras seleccionadas). El diseño editorial y la estructura proponen una lectura transversal entre los capítulos y los conceptos se pueden trasladar a otros textos o pueden ser aplicados en las obras artísticas. De esta forma, la publicación se propone como una bitácora y archivo del proyecto expositivo, al mismo tiempo que plantea interrogantes sobre el libro de artista desde su contemporaneidad. Tomamos como referencia al artista y editor mexicano Ulises Carrión (1941–1989), a quien el título rinde homenaje y parafrasea. En El arte nuevo de hacer libros (1975) Carrión produce un manifiesto sobre el bookwork (los libros como arte) y proclama al libro como dispositivo y concepto, separado del texto literario. Este es nuestro punto de partida para pensar el Libro de artista: desde su definición como concepto, arte y diseño.

Los artículos que componen el capítulo “Visiones de un género” (La Ferla, Szlifman) incluyen teorías elaboradas alrededor del soporte realizadas por investigadores, curadores y artistas (Johana Drucker, Anne Moeglin-Delcroix, Guy Schraenen, Ulises Carrión). Así, se define el “libro de artista” como un medio artístico autónomo e interdisciplinario entendido desde el “múltiple democrático” (reproducible) ante el libro objeto o plástico. Se revisitan referencias iniciáticas claves de las décadas del ´60 y ´70 hasta producciones actuales para observar qué tipo de vertientes y usos se desarrollan hoy: desde instancias proyectuales hasta ensayísticas. Asimismo, se realiza una visión crítica de los “dispositivos escriturales”, aquellas formas de comunicación y representación que evolucionaron con el hombre para llegar a definir el cruce entre la imagen en movimiento (cine) con los soportes librescos.

En el capítulo “Práctica y pensamiento”, algunos de los artistas de la muestra “Libros de artista. Ediciones expandidas”, analizan el formato expositivo del libro hasta la instalación en relación al medio audiovisual con el cual opera; así como también desarrollan conceptualmente su trabajo, inscripto en el discurso ensayístico. Antonelia Adosi, Eleonora Pautasso y Maite Mendive nos acercan reflexiones sobre el uso de la cámara fotográfica -analógica, estenopeica, digital- como forma de exploración del mundo en relatos que van desde el autorretrato al paisaje urbano. La memoria familiar, los archivos, la ciudad, son disparadores para la construcción de objetos de diseño, mapeos e instalaciones. Augusto Daniele realiza un estudio sobre el uso expresivo del medio locativo y móvil (datos y metadatos) como forma de representación del paisaje urbano y cómo nos relacionamos con la ciudad en el siglo XXI. Nicolás Grandi recorre la definición de lo transmedia a través de dos experiencias artísticas propias donde se pone en escena lo social, lo cultural y lo político a través del deseo y el cuerpo. En su obra, el pasaje de un soporte a otro (cine, libro, web) implica siempre una forma de traducción entre imagen fija, palabra e imagen en movimiento.

Finalmente, en “La exposición” se muestran los trece proyectos seleccionados y desarrollados para la muestra. Este capítulo recopila sinopsis conceptual, fotografías y descripción técnica de las obras, a modo de documentación. La serie es el resultado de una práctica ensayística que explora el papel como soporte expresivo en el espacio expositivo, en la que se elaboraron tres tópicos curatoriales que buscan afinidades entre las obras: cartografías urbanas, autorretratos y cinegrafías. Estos ejes tejen lazos entre los elementos narrativos, expresivos y conceptuales de las obras, así como también en sus formatos expográficos. Son todas producciones recientes, que se inscriben en un mapa local y actual de esta práctica del “libro expandido” e instalado en el espacio de arte.

EL NUEVO ARTE DE DISEÑAR LIBROS se consolida como un objeto a ser usado por docentes, artistas, diseñadores y realizadores audiovisuales. Los textos e imágenes que componen la publicación son disparadores para pensar estrategias, técnicas, formatos y materialidades del libro de artista contemporáneo que puede expandirse hasta el campo de la instalación o hacia proyectos transmedia.

Fotografías: Santiago Tenenbaum

Reseña: Mariel Szlifman

 

Mariel Szlifman es profesora de TURMA del taller TRANSMEDIA: ENSAYAR LA IMAGEN, IMAGINAR LA PALABRA junto con Nicolás Grandi

BIO: Magister en Teoría del Diseño Comunicacional, Diseñadora Gráfica e Investigadora (FADU, UBA). Jefa de Trabajos Prácticos en Cátedra La Ferla en la misma Universidad. Ha dictado workshop´s y seminarios sobre Libros de artista (Bienal Nacional de Diseño, 2015, 2017; Universidad del Cine, 2016, 2017) y sobre Arte Tecnológico e Instalaciones (Escuela Provincial de Artes Visuales, Rosario, 2016; Seminario SI, UBA, 2017). Recientemente, compiló la publicación El nuevo arte de diseñar libros (Editorial Wolkowicz, Buenos Aires, 2018). Ha publicado artículos en Territorios Audiovisuales (La Ferla, Reynal (comp.), Libraria, Buenos Aires, 2011), Revista Kepes (Colombia) y en el sitiowww.maestriadicom.org. Es directora del proyecto de Investigación SI “Praxis del diseño audiovisual. Del objeto libro a la instalación” (Código PII MyC-15, FADU, UBA). Trabaja como diseñadora independiente.

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NO SOMOS LO QUE TE ESPERAS

FOTOLIBROS DESTACADOS DE LA BIBLIOTECA

No somos lo que te esperas – copublicado por Subeditora + Alcohol y Fotocopias + Tren en Movimiento

Entre 1995 y 2006, Verónica Borsani, Luzía Fernández Loiza, Paula Marinaro y Loreley Ritta, tenían entre 16 y 25 años y emprendieron el trabajo orgánico y extenso de documentar sus vidas cotidianas.

 

Antecediendo al actual momento histórico de registro permanente a través de la imagen digital, ellas capturaron a través de la fotografía analógica momentos importantes de su recorrido hacia la adultez. Las fotos son una selección desde su mirada personal, enmarcando sus prioridades. No están tan atravesadas por la mirada pública como podrían estarlo de ser tomadas hoy en día, sino que al moverse en el espacio liminal de los albores de internet, son imagenes de distribución interna, para un círculo de conocidos y, sobre todo, para ellas mismas.

Registran su grupo de pertenencia, la comunidad anarcopunk latinoamericana.

 

Las imágenes que recolectan no son exclusivamente personales, sino que tienen un espectro político radical que las convierte en documento social; se puede ver la forma de ocupar el espacio público, las ciudades, las casas okupadas, los espacios de resistencia desde el arte: los escenarios donde estas mujeres se formaron. Los besos y  pogos se muestran como experiencias vitales, pero también como partes de una escena política que se esfuerza en crear libertades. 

El trabajo y las mascotas, las manifestaciones y las drogas, todas las áreas de la vida que aquí se registran comparten una óptica honesta y sensible. En un momento en el que lo individual y lo colectivo chocan y se debaten en nuestra concepción del mundo, las autoras de No somos lo que te esperas no diferencian sus imágenes firmándolas con nombres propios; eligen colectivizar y se funden en la experiencia compartida, empatizan al punto de dejar de lado el ojo propio y abrazar uno grupal.

El borramiento del rol autoral, la elección de no delimitar qué imágenes vienen de cada persona determina una mirada, un ethos colectivo con una identificación muy fuerte de pertenencia a un grupo que, ideológica, generacionalmente y por cuestiones de género, tiene mucho en común. Yendo contra el ojo oficial, contra la mirada hegemónica que baja desde los medios, nos encontramos entonces frente a la posibilidad de una mirada femenina, que opera desde el interior del movimiento anarkopunk, y desde el rol particular de mujeres de entre 16 y 25 años: una etapa formativa que en otros espacios quizás no recibe el mismo respeto que en un ambiente signado por el deseo manifiesto de libertad e igualdad. En este tipo de espacio, la horizontalidad de las miradas se pone de manifiesto en la ternura con la que retratan momentos que serían, desde otra postura, ocultables. 

Algo particular de este registro, es que ocurre en una época signada por transformaciones políticas y sociales. En Argentina, el 2001 funciona como eje pivotal a la hora de plantear los sistemas de representacion politica y democratica, y opera como clave para un cuestionamiento fuerte del rol del Estado. Teniendo esto en cuenta, más la situación de precariedad que rodeaba las vidas de lxs jóvenes, es claro que había necesidad de plantear otras opciones posibles. 

 

En este libro se ve cómo los jóvenes que elegían durante la crisis correrse del sistema estipulado no caían en el vacío, sino que formaban redes propias, redes de contención extrafamiliares, y que se manifestaban no sólo en los vínculos personales, sino en espacios habitados y transformados: las casas okupadas son una clave visual y política de este momento.

 

El trabajo realizado para poner a punto estos espacios, para hacerlos habitables, es algo que suele ser ignorado por la mayoría de la gente. Sin embargo los colectivos de jóvenes pintaban, refaccionaban, y traían propuestas a estos espacios que incluían proyecciones, bibliotecas y clases públicas. Estos refugios en un momento hostil son parte de la propuesta del movimiento anarkopunk, asi como tambien las huertas y merenderos para abastecer a los barrios y a las personas de la comunidad.

Entonces, en este grupo de imágenes, nos vamos a encontrar con fotos que cruzan la línea de la experiencia propia, el retrato, el autorretrato, esa mezcla amorosa de foto documental, periodística, y registro de lo cotidiano. Un archivo personal, pero de más de una persona, la memoria compartida de un grupo en el que la individualidad funciona de manera permeable. La autonomía de los cuerpos, las mentes y las voces atraviesa este libro de manera transversal, podría leerse como un manifiesto del deseo de libertad en una época aciaga.

En este momento nos encontramos atravesando un resurgimiento del archivo como medio para interpretar el presente: el Archivo de la Memoria Trans, el de Luisa Escarria, incluso el interés en archivos públicos como el AGN marca un clima de época que busca no perder la memoria. A medida que nos aproximamos en el tiempo, el archivo se convierte en una cuestión personal, resignificando la cotidianidad de la imagen. El trabajo de archivo nos ayuda a desentrañar el presente y especialmente el archivo cercano nos ayuda a tomar aire y poder vernos, en el ayer y el hoy, simultáneamente, buscando la misma libertad.

“No nos dan miedo las ruinas, porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones. Ese mundo está creciendo en este instante.”

Durruti

No somos los que te esperas

Verónica Borsani, Luzía Fernández Loiza, Paula Marinaro y Loreley Ritta

80 páginas 17×22,5cm. | Tapa blanda – Sub Editora + Alcohol y Fotocopias + Tren en Movimiento

Las fotografías de este ensayo colectivo fueron tomadas de 1995 a 2006, cuando teníamos entre 16 y 25 años, en los territorios nombrados como Argentina, Uruguay, Chile, México y España. Son retrato de una época y de un movimiento internacionalista; el anarkopunk latinoamericano

reseña por Mora Vitali

Este fotolibro fue presentado en LA REVOLTOSA festival de publicaciones populares y se vuelve a presentar con una conferencia de las autoras en SALÓN PUEYRREDÓN el sábado 19/10 link al evento

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Anaesthesia

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO.
Reseña del libro Anaesthesia de Valentina Abenavoli
Objeto elegido: el cristal según el que se lo mire

El universo que observamos tiene precisamente las propiedades que debemos esperar si no hay, en el fondo, ningún diseño, ningún propósito, ningún mal, ningún bien, nada más que una indiferencia ciega y despiadada.

Richard Dawkins

Una serie de placas en negro con una línea de texto en la base de cada una dan comienzo a Anaesthesia.

Hojas en negro como opuesto metafórico de la hoja en blanco.

Valentina Abenavoli elige la apropiación como modo de documentar.

Selecciona y deconstruye extractos de documentales y noticieros que pueden verse en línea.

Zapping, montaje, remix, collage, otro tipo de documento.

El bombardeo de imágenes que ofrecen los medios de comunicación masivos es replicado en el libro. No hay pausa, el ritmo es vertiginoso.

La oscuridad se profundiza página a página. Anaesthesia es una crónica del horror post 11 de septiembre de 2001. Muestra el infierno como lo hace el servicio informativo, a distancia, para observar desde la comodidad del hogar, en un sillón acogedor.

Las fotografías se suceden unas detrás de otras sin pausa, sin concesiones.

Torturas

Paisajes

Armas

Cadáveres

Cuerpos mutilados

Rostros en llanto

Religiosos

Paramilitares

Suicidas

Atentados

Represión

Muros

Desiertos

Sufrimiento

Bailes

Cámaras de seguridad

Grietas

Abrazos

Campos de detención

Explosiones

El libro es de una extraña belleza. Las imágenes seleccionadas hacen referencia a la historia de la fotografía y el cine. Hojas negras, detalles dorados, textos históricos y actuales que hablan sobre el dolor, la guerra, el terror, las pasiones, el mal y el bien.

¿Logra la autora que el espectador se interese por los temas que muestra? No es su objetivo. En cambio, incomoda al lector sabiéndolo ajeno al dolor representado en el libro. Lo pone en crisis. Lo confronta con su vulnerabilidad. Lo manipula. ¿Cómo empatizar con el sufrimiento ajeno? Anaesthesia es una trampa. El foco está puesto más en la circulación de las imágenes que en los conflictos que estas retratan, más sobre la forma que sobre el contenido.

¿Qué función tienen las miles de imágenes que se producen a diario?

Anestesia contra el horror.

 

El horror es el otro.

 

 

Nunca es uno el que muere.

El libro Anaesthesia participó de la Feria de Libros de Fotos de Autor 2016 y se puede consultar en la biblioteca de TURMA

Editado por Akina Books

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hnorir viene a ser un objeto que se encuentra en el ficticio mundo de Tlön y que es cualquier objeto que surge a partir del deseo. Allí cuando un objeto es buscado intensamente, siempre se lo halla, porque la voluntad modifica la realidad, o la inventa. El mero deseo produce el objeto. Todo lo que es imaginado, es posible de aparecer. 
Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga.

Hojas de hierba

EXPERIENCIAS PROGRAMA TURMA

fotolibro Grass, de Michele Tagliaferri en Programa Turma II

Michele nos contó del proceso de elaboración de Grass, un ensayo visual intuitivo basado en la teoría de las correspondencias del romanticismo, y la exaltación y percepción de la naturaleza.

Toma de referencia la obra poética de Walt Whitman para hacer con él un canto a la vida, en formato de narración visual. El trascendentalismo se actualiza en la obra fotográfica de Michele, la fotografía se vuelve vehículo de la experiencia del hombre con su alrededor. No tanto un intento de apresar o de aprehender, sino de contemplar y más aún intentar comprender. Aunque sabemos que es imposible de asir, esa búsqueda se lee, y se encuentra.

La relación del hombre y la Naturaleza, Michele arremete sobre esta pregunta buceando su voz visual más íntima y personal. Y la abre a nosotros.

Grass es un viaje visual a la naturaleza con una poética muy personal.

El libro Grass de Michele Tagliaferri se puede consultar en la biblioteca de TURMA y se consigue en nuestra tienda: escribinos a tienda@somosturma.com

 

Dalpine, 2015
Diseño: -SYB-
Preimpresión: La Troupe
Rústica
96 páginas
31 x 22 cm
Edición de 600 ejemplares

Texto & fotos = Guadalupe Arriegue

PROGRAMA TURMA: Desarrollo de Proyectos Fotográficos

Este texto fue producido en el marco del PROGRAMA TURMA, un curso interdisciplinar desarrollado para fotógrafos y artistas visuales con el objetivo de profundizar sus conocimientos, afianzar el desarrollo conceptual conceptual y creativo de su trabajo, el entrenamiento técnico y la gestión participativa de proyectos.

Más información

Religare, la mística y la ancestralidad

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO.
Reseña del libro Religare de Rafael Adorján
Objeto elegido: un subibaja

Los objetos así como las personas tienen biografías. Los objetos hacen intermediaciones sociales, culturales y personales. Son instrumentos de enlace así como la fotografía. Villém Flusser decía que las fotografías son hojas y no necesitan de grandilocuencia para existir, ellas llegan a ser despreciables. Además, para Flusser, la fotografía transcodifica el mensaje linear del folleto en imagen. El significado de cada fotografía es distinta según su canal de distribución. Y, qué es el libro si no uno de estos canales.

Cuando Turma me invitó al desafio de escribir sobre un libro acompañado de un objeto, me acorde del libro de Rafael Adorján, Religare. El libro de Adorján tiene una mística delicada y ancestral. Recuerdo la primera vez que miré el libro, fue un encuentro muy personal e íntimo. Estaba sola en mi casa, cercada de mis objetos y parecía que el libro había sido producido para un ambiente silencioso y de afecto. Yo tengo una relación mística con las publicaciones, así como con los objetos cotidianos. Cuando Religare llegó a mi casa, no fue para el estante como los otros libros, al contrario, él estuvo por algunos meses al lado de mis objetos más simbólicos.

 

La fotografía y los libros, así como los objetos más pequeños, pasan de mano en mano, son portátiles. El objeto que he selecionado para hablar del libro es el subibaja. Tal vez sea el lugar en donde Rafael mira su ancestralidad y su encuentro con su padre y todo los misterios del Santo Daime. Tal vez sea el subibaja el Hronir de Adorján. Puede parecer obvio pues es un objeto que está en el libro, pero la mística del subir y bajar es la mística de la edición del libro, así veo Religare y mi relación con él.

Religare es una palabra en latín que significa religar lo humano a Dios, pero al mirar el libro se ve que la mística se encuentra en los objetos, esa observación, me llevó a preguntarle sobre eso al autor. Según Adorján, “los objetos son residuales del ritual. Hay algo oculto, misterioso de las historias que existen en estos objetos que página a página aparecen en la narrativa. El subibaja como objeto también puede simbolizar algún rastro de una búsqueda por el equilibrio”. Religare trae en sus páginas imágenes del Santo Daime, una manifestación religiosa, que apareció en Acre (en el Norte de Brasil) a principios del siglo pasado, en las manos de Raimundo Ireneu Serra. Es una de las numerosas manifestaciones afrobrasileras que nace desde una perspectiva que utiliza elementos de la naturaleza para construir la bebida.

En Daime los fardados (aquellos que siguen la manifestación) utilizan el ayahuasca, que es preparada durante días bajo un proceso secreto y silencioso. El padre de Rafael es fardado, y el proceso de construcción del libro resultó también en un proceso de acercamiento muy emocional entre el hijo con el padre (este ya tenía una relación de 20 años con la doctrina del Santo Daime).
Este proceso de acercamiento entre hijo y padre se encuentra, también, en lo no dicho y en lo no desnudado por completo, pues el secreto y la ritualística afectan a cada uno de una manera específica y religa de forma personal y comunitaria a las personas con los misterios, con la búsqueda, con el camino, con la vida.

Religare es un libro de fotografías de 72 páginas (19x 25 cm cerrado) publicado por el la editorial Pingado Prés en 2015.

 

 

Se puede consultar en la biblioteca de TURMA

Escrito por Fernanda Grigolin    fernandagrigolin.com

 

Fernanda Grigolin es artista visual, editora e investigadora de la Unicamp (Brasil). Además, es autora de fotolibros.

Revisión de texto: Yuly Marty

Fotografías Guadalupe Arriegue

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hronir, para Borges, son unos objetos, pertenecientes al planeta de Tlön. En este lugar, cuando un objeto es buscado intensamente, se lo halla. Porque en Tlön la Voluntad modifica la Realidad. Entonces, un hronir, es un objeto que surge a partir del deseo, o de la imaginación.

 

Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga. Coordina: Martín Bollati.