Biblioteca abierta

la biblioteca de TURMA
es un centro neurálgico de ideas, relatos & mundos imaginados en imágenes

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Tardes de biblioteca abierta abrimos las puertas y ventanas de la biblioteca de TURMA para quienes se apasionan con libros de imágenes. Sesiones abiertas con merienda y vermouth, amistad y viajes visuales.

#previafelifa

Este año la nueva edición de la Feria de fotolibros de Buenos Aires se torna un festival en ArtexArte, del 31-10 al 4-11

y ya empezó la previa en TURMA

Inauguramos con la presentación de dos títulos que tienen mucho que ver con FELIFA > Cuando seas grande no te vas a acordar de mí,  imágenes de Pilar Villasegura y diseño de Dai Ruiz, publicado por Sta. Rosa, editorial del libro ganador del Premio Internacional Felifa de la última edición; y Revuelta, con imágenes-textos de Guadalupe Arriegue y diseño de Magdalena Fumagalli, publicado por Metta libros, selección del Premio Publicación Felifa-Futura en 2016.

¡Libros que viajan!

Seguinos en facebook para enterarte de la próxima edición. Para coordinar visitas a la biblioteca, contactarse con biblioteca@somosturma.com

ENCONTRÁ LAS CONVOCATORIAS Y LAS BASES PARA PARTICIPAR DE LOS PREMIOS DE FELIFA 2018 ACÁ

Inscripciones abiertas para el PROGRAMA TURMA 2017

¡Inscrpciones abiertas! >>  PROGRAMA TURMA I     >>     PROGRAMA TURMA II

Charlas  informativas: 23/2 y 10/3 19hs >> educacion@somosturma.com

 

Así fue Húmedo: proyecto colectivo del PROGRAMA TURMA 2016

HÚMEDO Exposición de los fotógrafos del PROGRAMA TURMA 2016:
Karina Ventricelli, Seba Van Den Dooren, Melisa Scarcella. Facundo Ocampo, Estela Mourin, Gus Marion, María Mariño, Alejandro Gulminelli, Tami Goldenberg, Belén Grosso, Sebastián Pani, Claudia Gaudelli, Lucas Garses, Laura Gam, Ariel Feldman, Adrián Feferbaum, Santiago Etchegaray, Celeste Alonso

PROGRAMA TURMA DE PROYECTOS FOTOGRÁFICOS

Este video fue producido por Melisa Scarcella en el marco del PROGRAMA TURMA 2016..

Todas, la misma

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO.
Reseña del libro A-mor de Cristóbal Olivares
Objeto elegido: el bosque

Un vestido desamparado cuelga de una percha. Un auto de policía irrumpe en la escena del crimen. Hay una víctima, hay un culpable. Se buscan causas, se rastrea la zona.
Era una mujer, cualquier mujer, que manejaba su vida. Como siempre, perduran las fotos…
Los paisajes que miraste cualquiera de tus días, el camino de vuelta a tu casa y tus hijos. Valores en los que creías.
El escenario está vallado, la sangre seca. La naturaleza absorbe las huellas, se forman piedras, crecen las flores.
En una investigación vale todo. Un conjunto de casas tiesas, una chimenea apuntando a un cielo discrepante.
Se amaron, se odiaron, ¿quién sabe?
Disparos, sogas, promesas… un final abrupto. Objetos que creíste tuyos, palabras que llegaste a escribir.
Un incendio, palos, puñales.
No tiene ninguna importancia el orden de las historias porque todas son la misma.
Una mesa santuario con pequeños recuerdos tuyos y velas como vírgenes protegen tu alma.
La vista cenital de cuando te arrojaron, un reloj fijo y tu foto. El arma, el zanjón y tu imagen. Un cuarto de hotel y la última luz que viste.
¿A dónde va tu cuerpo quemado como tu casa? Indicios que no revirtieron, o nadie hizo a tiempo. Sobras de un amor negro.

El libro A-mor de Cristóbal Olivares imprime en su tapa negra una lista interminable de nombres, víctimas de femicidios: Karen, Paula, Olga, Laura, Gregoria, Grace, Elizabeth, Vanessa, Ana, Mirella…

Y un logo que une al amor con la muerte: “A-MOR”, encerrado en un cuadrado de delgadas líneas también negras.

Siete testimonios: el de Nataly, una activista contra la violencia, el de Alberto, el padre de una víctima, el de Lidia, la hermana de un doble femicida, el de Mabel, una fotógrafa forense, el de Hernán, un carabinero, y el de Elena y Mónica, madres de víctimas, funcionan como separadores de una narración que se cuenta entre un montón de fotos, que sin ningún orden particular, ofrecen la posibilidad al lector de tomar cualquiera de todos los relatos revelados. Otras, imágenes de televisión, fotos de prensa y escaneos de evidencias, concretan aún más los hechos. Más documentos, un acta de levantamiento de fallecidos –pegada a mano sobre una página impresa del libro–, una hoja de papel cuadriculado que de puño y letra pide ayuda, las reproducciones de recortes de diario despojadas de sus fotos originales… todas las imágenes explican nuevamente el hecho: saber con certeza que esto ha sido. Una tarjeta de Feliz día mamá en letra de niño, las páginas de una agenda que describe una discusión, las hojas de un diario íntimo que narra una relación amorosa… se manifiestan hoy como indicios de esas vidas terminadas.

El nacimiento y la muerte del amor. Cualquier historia puede ser la propia.

CRISTOBAL OLIVARES    CHILE    OCTUBRE 2015    BUEN LUGAR EDICIONES

 

 

Se puede consultar en la biblioteca de TURMA

Fotografías y texto de Andrea Knight

Andrea Knight es fotógrafa, editora y actualmente realiza la Tutoría de Obra Narrativa en proceso en la Casa de Letras. Además, es productora de la Feria de Libros de Fotos de Autor 

Coser un agujero, reseña del fotolibro de Luján Agusti por Andrea Knight

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hronir, para Borges, son unos objetos, pertenecientes al planeta de Tlön. En este lugar, cuando un objeto es buscado intensamente, se lo halla. Porque en Tlön la Voluntad modifica la Realidad. Entonces, un hronir, es un objeto que surge a partir del deseo, o de la imaginación.

 

Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga. Coordina: Martín Bollati.

El ADN de la fotografía

Juan Peraza Guerrero realiza el taller Historias Marginales de la Fotografía y nos invita a desarticular la historia unívoca y patriarcal de la fotografía, a partir de la controversia de la “Foto 51” tomada por Rosalind Franklin.

Taryn Simon, “Bratislava Declaration, Bratislava, Slovakia, August 3, 1968” (2015)

Rosalind Franklin (1920-1958) no fue fotógrafa; sin embargo, su trabajo se redujo a una imagen que parece una fotografía, una mancha negra sobre blanco parecida a una lámina del Test de Rorschach. La llamada “Fotografía 51” permitió el descubrimiento de la estructura de doble hélice de la molécula de ADN por el que Watson y Crick ganaron el Premio Nobel de Medicina en 1962. Su autora murió joven, creyendo que sus colegas se habían apropiado injustamente de años de investigación.

Así como cada célula contiene información genética de todo el organismo, la anécdota de Franklin es ilustrativa de un panorama amplio sobre las desigualdades que las mujeres han enfrentado en múltiples campos —el científico es sólo uno de ellos. La fotografía ha demostrado ser hábil en el uso de esta economía de la deducción: a través de la imagen, las pequeñas historias (del inmigrante ilegal, del obrero esclavizado, del niño que es acosado en el colegio, de la familia desalojada de su casa o de su país) pueden dar cuenta de un relato mayor. De una experiencia individual se deduce una situación generalizada.

Desde hace más o menos un siglo, autores de distintas áreas de las humanidades han cuestionado la relación entre la estructura —de cualquier tipo— y las partes que la componen. Al respecto, Michael Jennings afirmó que “el significado de la historia no reside en la gran estructura (…). Debe encontrarse en ciertos eventos individuales, aparentemente insignificantes, de hecho marginales.” (1987 : 51). Reformulada ahora en términos más visuales, la idea de que el plano general de la historia puede hallarse en lo minúsculo, en el plano detalle de lo particular, es de vital importancia para el estudio del pasado de la fotografía.

Taryn Simon, “Agreement Establishing the International Islamic Trade Finance Corporation, Al-Bayan Palace, Kuwait City, Kuwait, May 30, 2006” (2015)

Con el proyecto “Paperwork and the Will of Capital” (2015), Taryn Simon exploró las potencialidades de lo aparentemente insignificante en otro campo en que las mujeres también merecen una mejor representación: la política. Ya con “American Index of the Hidden and Unfamiliar” (2007), la fotógrafa estadounidense había abordado algunos relatos mitológicos en materia de política y seguridad nacional a través del examen de objetos y lugares desconocidos o inaccesibles dentro de las fronteras de su país. En esta  oportunidad, se enfocó en la diplomacia internacional y en lo inquietante que le parece que un grupo de hombres pueda decidir el destino de millones con un apretón de manos.

 

La mirada al sesgo le permitió a Simon aproximarse a más de 70 años de acuerdos de paz, de colaboración económica y política migratoria, de creación de organismos internacionales, pero también de ruptura de relaciones y ocupación de territorios. Todo lo anterior se da mediante la recreación de arreglos florales, objetos insustanciales que el protocolo impone y que atestiguan estas reuniones privadas. Hechas con la colaboración de historiadores y expertos en botánica y ceremonias, las imágenes —expuestas en marcos que recuerdan el típico mobiliario de edificios administrativos— se presentan con información sobre el acuerdo en cuestión, los países signatarios y sus consecuencias en la actualidad.

Taryn Simon, “Cairo Communiqué on International Cooperation for the Protection and Repatriation of Cultural Heritage, Cairo, Egypt, April 8, 2010” (2015)

Algunas de las imágenes de la serie registran bouquets imposibles, arreglos de fantasía que agrupan distintas especies que no florecen naturalmente en una misma temporada y geografía, pero que el mercado global de bienes posibilita en la actualidad. Las fotografías y las instalaciones de flores secas que las acompañan refuerzan la impresión de que la diplomacia internacional no es más que una puesta en escena, un juego de apariencias vanas y perecederas.

Taryn Simon, instalación de Central North Island Forests Land Collective Settlement Act 2008 (Treelords),Beehive Banquet Hall, Wellington, New Zealand, June 25, 2008.” (2015)

Está claro que Taryn Simon no es una fotógrafa marginal —“Paperwork and the Will of Capital” se expuso nada menos que en la galería Gagosian, en Nueva York, y fue publicado en formato libro en 2016, siendo recibido con similar entusiasmo por la crítica y el mercado. Su abordaje investigativo, su sofisticado cuestionamiento de las narrativas dominantes a través de una mirada al sesgo, a los detalles en apariencia insignificantes que constituyen el ADN de la historia, son motivos suficientes para considerar este trabajo una lúcida referencia. El taller de “Historia(s) marginal(es) de la fotografía” explorará especialmente el trabajo de mujeres que, como Rosalind Franklin, expandieron inadvertidamente los límites de la disciplina.

Rosalind Franklin, “Fotografía 51” (1952)

Escrito por: Juan Peraza Guerrero – https://jpgenrgb.wordpress.com/

Referencias:
– Jennings, M. (1987). “Imágenes dialécticas: la crítica literaria de Walter Benjamin”. Nueva York: Cornell University Press.
– Simon, T. (2016). “Paperwork and the Will of Capital”. Nueva York: Gagosian y Hatje Cantz Verlag GmbH & Co KG.

JUAN PERAZA GUERRERO

es parte del equipo docente de Turma. Su taller, Historias Marginales de la Fotografía recomenzará el próximo verano.
Para más información escribinos a educación@somosturma.com

メ III

メ es un proyecto en desarrollo del autor Martín Bollati.

Este fotolibro se publica por entregas quincenales en este blog.

Un viejo que se escondía con nosotros en las ruinas del museo me dijo un día: la esfera es un sueño.

Yo no soñaba nunca, y la esfera seguía ahí arriba, irrefutablemente brillante, así que lo desacredité por mentiroso, al viejo loco, y me alejé de él.

Porque si yo no podía soñar, y la esfera era un sueño, entonces eso significaba que éramos parte de otro sueño, que quizás, sin darme cuenta, yo soñaba.

Y me hacía temblar que en mi sueño, el mismo me fuera vedado.

 

Quizás era Mabi quien dormía y nos imaginaba.

Pero ella nunca recordaba sus sueños.

 

Y entonces existiríamos solo allí y no en la memoria, caminando sin pasado y entre sueños.

Escrito por: Martin Bollati – www.martinbollati.com.ar

Cámaras Rodantes

Los Cámaras Rodantes son un grupo de ilusionistas que dan talleres gratuitos de fotografía estenopeica, cuentan con una variedad de cámaras oscuras hechas de material reciclado. Se destaca principalmente la casilla-cámara habitable. Aquí compartimos la crónica de uno de sus itinerarios de foto-prestidigitación.

 

Domingo, 24 de julio de 2016. 11hs.
Biblioteca del Barrio Sagrado Corazón. Lincoln. Provincia de Buenos Aires.

Vacaciones de Invierno. Vuelvo a decir … domingo once de la mañana. Un grupo de niños y niñas, sus hermanitos, algunos padres y tres jóvenes ilusionistas, los Cámaras Rodantes.
Las cámaras ruedan y las hay de todo tipo. Cajas de cartón, de lata, cuadradas, redondas, alargadas y finitas. Viajan y piden pista. Y también una casilla-cámara rodante. Nos gustan las rutas, las invitaciones, los destinos desconocidos, los caminos con corazón.

Un, dos, tres agujeritos (estenopos). Cajas y latas. Trípodes, sillas y cinta de papel. Líneas imaginarias. Dedos que cuentan segundos acompañados de elefantes. Un elefante, dos elefantes, tres elefantes, y así la luz se cuela dentro de la caja mágica. Los niños juegan a que son modelos. Posan, sonríen, se suben a los árboles, leen debajo de uno de ellos, se hamacan, comparten, ríen. Desinhibidos, nos convidan un poco de su tranquila plaza de barrio, de las historias familiares, de la escuela mientras compartimos el sol del domingo.

La biblioteca está bien calentita. Los químicos suben de temperatura, pero no importa. Los chicos leen indicaciones, miden, cuentan, aprenden a revelar una foto que viene de una caja de cartón. Todavía no nos creen nada de lo que les decimos. ¡Se apaga la luz! Uhhhh, Ohhhhh, risas nerviosas. Los más pequeños se agarran de su hermanito más grande.
Se abre una cámara y el papel en blanco no hace más que aumentar el misterio. La imagen late. Está ahí, pero necesita algo más. Y en ese instante, al sumergirse el papel fotosensible en el revelador, llega el momento más lindo de la fotografía, el flechazo, ese que te enamora para siempre. Francisco, de seis años, que todavía está muy dormido, sólo atina a decir “es como hacer magia”… Belleza y felicidad.
Juliana tiene catorce, es la más grande y rápidamente se hace cargo de las pinzas. Entre todos se lleva a cabo el proceso de revelado. Algunos agitan las cubetas, otros pasan las imágenes de una a otra batea. Todos observan cada foto que se zambulle en el revelador. Por supuesto, está el encargado de contar los segundos que las fotografías deben pasar por cada químico.
Cuando volvemos a prender las luces, los ojos se alivian y todos saltan a la cubeta donde se están lavando las imágenes, los gestos de sorpresa, los ojos grandes bien abiertos, los descubrimientos, las ganas de volver a hacer otra toma. Y entre tanto, la mirada se empieza a afinar.
Más tarde hicimos fotogramas, dibujamos con luz y así continuamos dejando huellas. Mientras las cámaras ruedan seguimos aprendiendo con cada participante en los espacios compartidos renovando el deseo de crear y crecer.

Cámaras Rodantes es un colectivo artístico, que desde el 2012 viene realizando talleres de fotografía en diferentes ámbitos socio educativos y culturales. La propuesta es presentar una técnica que nos permite ser parte de todo el proceso fotográfico, la Estenopeica. Participar de la forma más simple de captar imágenes y compartir la belleza inusual de este histórico proceso.
Finalmente, utilizando las mismas palabras de Julio Cortázar, hacemos esto porque creemos que “la fotografía es una actividad que debe enseñarse tempranamente a los niños pues exige disciplina, educación estética, buen ojo y dedos seguros.”

Escrito por: Bernardo Carbajal – www.martinbollati.com.ar