6 enero, 2017 Guadalupe Arriegue

Todas, la misma

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO.
Reseña del libro A-mor de Cristóbal Olivares
Objeto elegido: el bosque

Un vestido desamparado cuelga de una percha. Un auto de policía irrumpe en la escena del crimen. Hay una víctima, hay un culpable. Se buscan causas, se rastrea la zona.
Era una mujer, cualquier mujer, que manejaba su vida. Como siempre, perduran las fotos…
Los paisajes que miraste cualquiera de tus días, el camino de vuelta a tu casa y tus hijos. Valores en los que creías.
El escenario está vallado, la sangre seca. La naturaleza absorbe las huellas, se forman piedras, crecen las flores.
En una investigación vale todo. Un conjunto de casas tiesas, una chimenea apuntando a un cielo discrepante.
Se amaron, se odiaron, ¿quién sabe?
Disparos, sogas, promesas… un final abrupto. Objetos que creíste tuyos, palabras que llegaste a escribir.
Un incendio, palos, puñales.
No tiene ninguna importancia el orden de las historias porque todas son la misma.
Una mesa santuario con pequeños recuerdos tuyos y velas como vírgenes protegen tu alma.
La vista cenital de cuando te arrojaron, un reloj fijo y tu foto. El arma, el zanjón y tu imagen. Un cuarto de hotel y la última luz que viste.
¿A dónde va tu cuerpo quemado como tu casa? Indicios que no revirtieron, o nadie hizo a tiempo. Sobras de un amor negro.

El libro A-mor de Cristóbal Olivares imprime en su tapa negra una lista interminable de nombres, víctimas de femicidios: Karen, Paula, Olga, Laura, Gregoria, Grace, Elizabeth, Vanessa, Ana, Mirella…

Y un logo que une al amor con la muerte: «A-MOR», encerrado en un cuadrado de delgadas líneas también negras.

Siete testimonios: el de Nataly, una activista contra la violencia, el de Alberto, el padre de una víctima, el de Lidia, la hermana de un doble femicida, el de Mabel, una fotógrafa forense, el de Hernán, un carabinero, y el de Elena y Mónica, madres de víctimas, funcionan como separadores de una narración que se cuenta entre un montón de fotos, que sin ningún orden particular, ofrecen la posibilidad al lector de tomar cualquiera de todos los relatos revelados. Otras, imágenes de televisión, fotos de prensa y escaneos de evidencias, concretan aún más los hechos. Más documentos, un acta de levantamiento de fallecidos –pegada a mano sobre una página impresa del libro–, una hoja de papel cuadriculado que de puño y letra pide ayuda, las reproducciones de recortes de diario despojadas de sus fotos originales… todas las imágenes explican nuevamente el hecho: saber con certeza que esto ha sido. Una tarjeta de Feliz día mamá en letra de niño, las páginas de una agenda que describe una discusión, las hojas de un diario íntimo que narra una relación amorosa… se manifiestan hoy como indicios de esas vidas terminadas.

El nacimiento y la muerte del amor. Cualquier historia puede ser la propia.

CRISTOBAL OLIVARES    CHILE    OCTUBRE 2015    BUEN LUGAR EDICIONES

 

 

Se puede consultar en la biblioteca de TURMA

Fotografías y texto de Andrea Knight

Andrea Knight es fotógrafa, editora y actualmente realiza la Tutoría de Obra Narrativa en proceso en la Casa de Letras. Además, es productora de la Feria de Libros de Fotos de Autor 

Coser un agujero, reseña del fotolibro de Luján Agusti por Andrea Knight

UN FOTOLIBRO, UN OBJETO

En el cuento Tlön, Uqbar, Orbis Tertius, Jorge Luis Borges inventa un concepto que titula Hronir. Un hronir, para Borges, son unos objetos, pertenecientes al planeta de Tlön. En este lugar, cuando un objeto es buscado intensamente, se lo halla. Porque en Tlön la Voluntad modifica la Realidad. Entonces, un hronir, es un objeto que surge a partir del deseo, o de la imaginación.

 

Inspirados en este concepto, la sección Un fotolibro, un objeto propone una reseña de un fotolibro en donde se proponga la lectura del mismo acompañado de un objeto. El objeto potenciará la lectura del fotolibro y abrirá otros caminos que este alberga. Coordina: Martín Bollati.

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