Fulminación

FOTOLIBROS LATINOAMERICANOS

Fulminación de Sergio Dominguez

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El libro Fulminación de Sergio Dominguez es el segundo libro de la nueva editorial argentina La Balsa, dirigida por Federico Paladino. Co-publicado junto a Infinito Blanco en un momento históricamente conmovedor, en términos de que economica y socialmente todo se mueve hacia abajo (excepto el dolar que sube y sube), Fulminación viene a presentarse como un objeto desobediente e inflamable, que se erige cual caja negra conservada después del desastre: en ella un registro visual de lo que sucedió. Los plateados gritos de clemencia, los llantos, las carnes en choque y los cristales estallando. Recordemos que de quiebres y de plata está hecha la Historia. Aunque Fulminación sea una caja negra, es una que fracasa porque, como tal, se comporta de un modo atroz: no registra el desastre pasado, develado después, sino que narra un pasado presente, develado durante. Quizas lo que fracasé no sea la caja sino la realidad, y el objeto, confundido, responda como puede.

En términos de diseño, Fulminación encuentra su efectiva solución en la provocación visual desde el fondo negro. Desde este espacio se abre el fuego oscuro en la portada, tatuado a puro golpe, como una especie de conservación en piedra del gesto de lo que arde. En este sentido, y en muchos más (incluido su título) el libro toca notas bíblicas y las tensiona. Es así que la publicación avanza, con imágenes que se evocan iluminantes desde un abismo de sombras. Son imágenes tomadas por Dominguez en varias manifestaciones y conflictos sociales. Imágenes de multitudes y de represión, en donde un zoom grotesco señala y recorta gestos individuales, que luego el libro se encargará de acumular y detonar. Vale la pena destacar que gráficamente, el recurso de enmarcar las fotos en negro, es uno honesto y acertado en demostrar que las imágenes de la publicación son recortes de otras originales.

 

El libro no quiere esconder su gesto de inventar (o provocar) realidad (como si hacen constantemente los medios masivos) sino que planta su bandera (negra) en anunciar el capricho de la visión individual del autor ante sus propias imágenes.

 

Siguiendo con la linea bíblica con la que el libro dialoga, la visión individual ha sido históricamente el mayor temor de la iglesia católica: el control de las imágenes es el absoluto gesto de poder. En términos mas claros, la gran imagen es una sola, no hay lugar para interpretaciones y quien la controla es quien gobierna. Dominguez, en este sentido, realiza un ejercicio crítico muy afilado en cuanto que produce sus propias visiones, de imágenes públicas enormes, e implanta su capricho y delirio místico de sujeto social que lucha, participando así, no solo en la manifestación simbólica de aquel movimiento, sino en el grito colectivo que sus imagenes capturan y a su vez proyectan.

Hay mucho para señalar de la edición y secuenciación del libro, pero sería atentar contra la lectura propia y libre de ustedes. En tal caso, solo me basta comentar que hay una continuación que encuentro lógica del primer libro de la editorial <<88 Pedazos, co-publicado con F.E.A.>> en la figura del puño cerrado. Así como 88 Pedazos contenia la fuerza de la piedra en sus puños, Fulminación contiene la chispante explosión del fuego liberado o provocado por esas mismas manos. Inevitablemente viene a mi mente el personaje Prudencio Parra de la novela Las Nubes escrita por Juan Jose Saer. En ella, Prudencio, loco y ensimismado, cree contener en su puño cerrado todos los males del mundo. Como si de un un castigo superior se tratase, el cree ser el guardían pandórico del caós y su maldición la de no poder abrir la mano jamás. En Fulminación los puños son los de Prudencio. Contienen, retienen, aguantan, se manifiestan encerrando adentro ese material que en valor simbólico supera al oro: la pasión popular, la lucha, la tensa convicción de que hay posibilidad de cambio. En la visión de Dominguez (y de Paladino) se cierra un puño para, irónicamente, sostener los golpes ajenos y cuando este se abré, se libera el fuego.

Fulminación es un desastre continuo. Una autopsia de un vivo y sin anestesia. Una exhibición de extremidades. Es un Frankenstein posible del sujeto social, enfrentando con su cuerpo poético a la (falta de) poesía del cuerpo policial.

 

En 1981, el artista Federico Peralta Ramos realizó una re fundación simbólica de la ciudad de Mar del Plata, bautizandola, bajo la creciente hiperinflación post militar, como Mal de Plata. Fulminación, responde, sin humor, o con humor flemático (desde el centro) a la misma premisa. Estamos mal de plata. El país se hunde y el fotografo, volviendo a lo clásico, responde desde la plata también. Argentina tiene un extraño vinculo ontólogico con este mineral: lo lleva en su río unitario y en su nombre nacional. Aunque la plata de verdad se la lleve siempre otro río… y los platos rotos los pague siempre el mismo pueblo.

Escrito por Martín Bollati

Fulminación, Sergio Dominguez

Tapa Dura

80 páginas

15.5x 22mm

2018

Co-publicado por La Balsa Ediciones e Infinito Blanco

400 ejemplares

 

Fotografías: Sergio Dominguez

Edición: Federico paladino

Diseño: Federico Paladino

Texto en libro: Romina Resuche

Impresión: José Chavez

Encuadernación: Prix Encuadernación

Llano

FOTOLIBROS LATINOAMERICANOS

Llano de Juanita Escobar

Publicado por la editorial peruana KWY, con fotografías de Juanita Escobar, Llano es un libro lleno de textura y de retorno. Articulado alrededor de un solo paisaje que lo nombra, Llano es un proyecto que habla del tiempo, del trabajo, del canto, de la noche, de los caballos, de la fotografía como un paseo salvaje, de la autora, de la llanura, del amor.

La estructura general del libro se plantea como un relato clásico, que adentra al lector en la temática y los personajes particulares de este territorio y la relación de Juanita con ellos. El libro comienza con la cruda imagen frontal de un caballo y continúa presentando al paisaje y los llaneros, y por último -como cierre del preludio-, la imagen de una mujer de espalda sumergiéndose en el barro de la narración: veo en esa mujer a Juanita y un gesto ritual de fundirse con lo que cuenta.

En el centro perfecto del objeto (insistiendo en el rodeo), se nos presenta un cambio de papel y el único momento del libro donde se articula una secuencia. La elección del tipo de papel para este segmento es, en mi opinión, muy acertada. Se genera una sensación de transparencia falsa, en un papel que parece traslúcido, que se siente traslúcido, pero que no deja ver: es como si las imágenes, donde se percibe el galope de mil caballos, terneras zapateando y los sombreros y el sudor, y el polvo que levanta todo aquel movimiento, excedieran su frontera gráfica y una nube de tierra se metiera por los ojos y la nariz del lector. No hay lugar para la contemplación. Todo sucede con temperamento.

La llanura es por definición, el paisaje existencialista, porque, al igual que la vida, uno no sabe dónde empieza ni dónde termina.

 

Llano es un libro cargado de imágenes profundas, en cuanto a su profundidad, nunca mejor dicho, de campo, y en cuanto a la densidad vital de lo que contienen. Hay una imagen que quizás resuma a todas: una yegua parada en dos patas, un llanero que intenta domarla, la luna llenísima, redonda, perfecta, y blanca como un ojo, que atestigua e ilumina el momento, mientras la llanura y su recta atroz cortan a la imagen (y al ojo metafórico lunar, que es el del lector) en dos. No nos olvidemos que la llanura es una hoja de papel acostada y que, en ella, las miradas se pierden. Caballo, paisaje, hombre y mujer, son aquí lo mismo: texturas de una historia bien narrada.

Las decisiones generales del libro, en cuanto a diseño e impresión, denotan la experiencia de una editorial que ya lleva unos cuantos libros encima. El formato es amable, por su tamaño y por su peso, y nos invita, con el cuero citado de la portada, a ojear una y otra vez el material. Personalmente, disfruto cada vez más los libros de formato pequeño y de medida ambición. Llano es justo en sus decisiones.

 

“Narrar esta historia es contarme a mí misma” se nos anuncia en el texto que cierra al relato, escrito por la autora. Juanita nos invita así, a volver a leer el material, ahora con la llave de sus ojos y de su historia personal. No en vano, uno de sus caballos es nombrado “Volví para verte”.

 

Escrito por Martín Bollati

Llano, Juanita Escobar.

 

Tapa Dura cosida a hilo.

88 páginas

170 x 225 mm

 

2017

KWY Ediciones

1000 ejemplares

 

Fotografías: Juanita Escobar

Edición: Juanita Escobar & Musuk Nolte

Diseño: underbau

Fotomecánica: La Troupe

Edición de Texto: Betsimar Sepúlveda

Impresión: Artes Gráficas Palermo

Encuadernación: Felipe Méndez

SATÁN

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Crónica del libro Satán, de León Muñoz Santini

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz”.

Isaías 9:6

 

Publicado por la editorial mexicana Gato Negro Ediciones, Satán es un fotolibro que retrata las afueras de Ciudad Juárez. Fronteriza con los Estados Unidos y capital mexicana de la industria maquiladora, Ciudad Juárez ostenta también el título de ser una de las ciudades más peligrosas del mundo. Con tasas de violencia acuciantes, Juárez ha sido señalada como uno de los epicentros (simbólicos y estadísticos) del femicidio latinoamericano.

Roberto Bolaño, en su épica 2666, la describió como: “Un oasis de horror en medio de un desierto de aburrimiento”.

En Satán, León Muñiz nos ofrece su aporte fotográfico y taxonómico de representar a la bestia.

Unas tras otras, las fotografías se acumulan, desde la primera página (que es la noche del desierto y la fauce inaugural) hasta la última, conformando un roadtrip Ruschero: León utiliza inteligentemente este dispositivo de representación clásico y norteamericano, para señalar el otro lado del muro.

El viaje se sucede como una gran línea conformada por fragmentos, que citan inevitablemente al fordismo de las maquiladoras (y todas sus miserias).

Como un posible mantra capital, que repetimos todos como idiotas hace ya demasiado, las casas (que son la propiedad privada por definición), las rejas (nuestra distancia del otro) y los autos (la noción de progreso y velocidad) pasan, en un libro interminable, repetitivo y aburrido: la bestia es la espera.

Satán es el mejor libro que vi este año. Es un libro inteligente y atroz. Hace uso de la violencia acumulada, para representarla sin caer en la trampa exhibidora de siempre. Es cubista, futurista y bien latinoamericano. Es musical, por el sonido del auto, el ruido de la impresión risográfica y por todas las otras fauces negras que suenan, como oscuras notas, en las ventanas y puertas de las casas, en donde hay un infierno esperando.

 

León representa, a la mejor manera de Bolaño, la arquitectura del malCiudad Juárez como una ciudad metafísica donde las columnas son postes, el horizonte el desierto, y el muro final el bruto de siempre. Ciudad Juárez como una ciudad que no termina, como un campo de concentración industrial, como un enigma sucio latinoamericano, como un anillo del infierno que se extiende, aburrido y olvidado, o proclamado al olvido.

Satán

Tapa semi rígida.

416 páginas.

2017

Gato Negro Ediciones

Imágenes: León Muñoz Santini

Edición, Diseño e Impresión: Gato Negro Ediciones

Zona V

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Crónica del libro Zona V, de Diego Vidart

Publicado por el Centro de Fotografía de Montevideo (CdF), Zona V es el último libro del autor uruguayo Diego Vidart. El libro esta conformado en su totalidad por fotografías de un personaje con una insistente camiseta gris, registrando con su cámara de fotos los grandes paisajes norteamericanos del Oeste. Es una publicación de formato mediano: ni muy grande, ni muy pequeña. Igual con la cantidad de páginas e igual con sus pretensiones. Porque en Zona V no importa el tipo de papel ni su calidad. Tampoco importa (mucho) la impresión – aunque quizás este sea el único vértice mejorable del libro-.

Es una publicación absolutamente recomendable en donde el proyecto se soporta idealmente en todas las decisiones que el autor ha tomado para traducirlo en formato libro.

La V en la portada podría ser un cuello de camiseta, un cinco en números romanos o la V de Vidart. El gesto nos deja claro que estamos ante un libro donde lo espectacular estará escondido en la síntesis. Zona V es uno de esos proyectos que logran un enigmático balance entre concepto y sensibilidad y que nos hacen, de una manera oximorónica, pensar con el corazón.

En un constante juego de metatextos y símbolos, Diego fotografía a su padre fotografiando paisajes, en un viaje alrededor de Estados Unidos. Es un viaje físico, pero que funciona también como biografía personal del autor y como historia reducida de la fotografía general. Hay un hombre, con su remera gris medio y su deseo de fotografiar, que se convierte en símbolo. Y ahí esta su hijo, que lo documenta para hacerlo estallar en potencial narrativo y conceptual; y en el medio la historia y los grandes fotógrafos que la acompañan: Adams, Weston, Friedlander…

El libro es una crónica sensible de la relación entre un padre y un hijo, o un aprendiz y un maestro, o dos sencillos colegas, y el amor que ambos tienen por la fotografía.

En el medio se encuentran: el medio es el mensaje.

Pienso ahora, que voy terminando esta reseña, que la V en la portada también podría representar el cono de la mirada y quizás Zona V sea sencillamente una reflexión de cómo vemos, y en consecuencia, de cómo fotografiamos…

El libro Zona V se puede consultar en la biblioteca de TURMA

Tapa semi rígida.
62 páginas.

Junio 2017

CdF Ediciones
500 ejemplares

Fotografías: Diego Vidart
Edición: Fosi Vegue
Diseño: Jaime Narvaéz
Texto: Facundo Ponce de León
Imprenta: Gráfica Mosca