20 septiembre, 2017 Guadalupe Arriegue

Fotografía & Feminismo

Mujeres que se miran: autorretratos y declaraciones

 

La aparición de la fotografía a mediados del siglo diecinueve amplía y modifica el campo del arte. Gracias a su relación directa con el sujeto representado, se instala en la conciencia colectiva como prueba de algo, evidencia gráfica y confiable. Desde este punto de vista, el autorretrato fotográfico tomado por mujeres, es un refuerzo testimonial de la propia presencia.

 

Las autoras buscan asentar la existencia femenina en material visual, ante su fragilidad social.

 

La iconografía femenina se plantea muchas veces desde la proyección de una mirada masculina, y es necesario deconstruir estos estereotipos para poder desafiarlos. Las autoras se descubren como sujetos y como modelos, abriéndose posibilidades representativas nuevas y revolucionarias.

Primera entrega de la serie MUJERES QUE SE MIRAN – AUTORRETRATOS & DECLARACIONES, que comprende un recorrido visual y textual por imágenes autorreflexivas, realizadas por mujeres.

 

 

Alice Austen y la performance de masculinidad

El autorretrato de Alice Austen Dressed up as men data de 1891. En él, junto a sus amigas Julia Martin y Julia Bredt, se exponen ante la cámara con vestuario masculino y actitudes acordes a éste, y marcan un desafío a las costumbres de la época al tomar para ellas mismas todos los roles activos de la imagen: no solo asumen visualmente un aspecto masculino a modo de juego, sino que toman también en sus manos el papel de ser quienes realizan la captación de la imagen. El rol barthesiano del Operator, sujeto mirante, realizador de la selección del recorte del mundo que será contenido en la fotografía, se funde con el de la modelo, usualmente vista como pasiva, como alguien que realiza a la imagen poco más aporte que un objeto inanimado. Austen encarna en sí la masculinidad a través de la puesta en escena performática de sus aspectos exteriores, tanto desde la vestimenta como desde la actitud de sostener un cigarrillo, ya que el fotografiar mujeres fumando era ilegal en ese momento. La fotógrafa se despoja de esta complicación legal fotografiándose como un hombre que fuma.

Para este momento, el desarrollo de la técnica fotográfica permite un grado de comodidad a quienes la usan. Sin embargo, acceder a una cámara y tener los medios y la instrucción para su manejo, y el posterior revelado de las imágenes, era algo aún exclusivo y que requería un cierto poder adquisitivo. Tal vez este mismo poder adquisitivo, que Austen posee como heredera de una moderada fortuna, es el que posibilitó estos juegos estéticos y simbólicos que entretiene la fotógrafa en sus tomas. Austen era reconocida en su ambiente por su independencia, siendo no solo una de las primeras fotógrafas reconocidas de los EEUU, sino también la primera mujer en la zona en poseer su propio auto. Ella se fotografía también en varias ocasiones acompañada por su pareja Gertrude Tate, con quien compartió gran parte de su vida. Es en esta misma época, entre mediados y fines del siglo diecinueve, que el movimiento feminista comienza a sentar sus bases, con reclamos que buscan situar a la mujer como sujeto de derecho en los estados desarrollados, y establecerla en un lugar social de mayor paridad ante los sujetos masculinos.  

El momento en el que Austen toma esta imagen coincide con aquel en el que Susan Sontag dice que “se esperaba que las fotos fueran imágenes idealizadas […] una fotografía bella es la de algo bello, como una mujer o un crepúsculo”. En el caso de esta fotografía, la belleza buscada se aleja de las expectativas sociales y se centra en los ideales propios de su autora y su grupo social, y se inspira más en una idea lúdica y queer que en una estética concreta. La propia Austen, al reencontrarse con la imagen en 1951, declaró  “quizás éramos más guapos como hombres que como mujeres”, dando a entender que en esta obra estaba presente de hecho una idea personal de la belleza, alejada de la normatividad.

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