22 agosto, 2022 Julieta Christofilakis

El finde estuve en Rosario

Reseña del libro «El finde estuve en Rosario» de Maria Victoria Sananes para el club de lectores de la biblioteca de TURMA por COPIA

Me encuentro con María Victoria Sananes (@toiasananes) en un Café sobre Av. Dorrego por el que pasan muchos colectivos. Llego primera y cuando me avisa por whatsapp que está a unas cuadras pienso en cómo saber quién es quién. En general, este miedo nunca tiene complicaciones porque, o soy la única sentada fumando un cigarrillo mirando para las cuatro esquinas o porque en mi foto de whatsapp aparezco con el mismo corte de pelo que llevo ahora, solo que un poco más prolijo. La reconozco de inmediato, es bastante parecida a las selfies del libro del que nos juntamos a conversar y me gusta ver cómo era en el 2014, siento que la stalkee en alguna red social pero lo cierto es que no.

 

 

 

 

 

 

 

El finde estuve en Rosario, el libro de Sananes ganador del Premio Fundación Larivière, nos abre una puerta.

 

Con una foto en la portada de un tanque escupiendo fuego blureada, y unos puntitos que simulan ser la contraseña de un celular, nos adentra al terreno de lo epistolar: conversaciones entre la autora y un amigo de la infancia, que se fue a vivir a Israel y está en la Tzavá, el servicio militar obligatorio en medio de un operativo bélico.

El libro aparenta ser un celular, entra en la palma de nuestra mano, tiene bordes redondos como tienen los Iphones, es mate — que a primera vista uno pensaría que es todo lo contrario a un dispositivo electrónico, porque estos últimos reflejan brillo, pero si lo pienso bien, el brillo en papel me remite a las revistas y el mate, a otra cosa. El mate succiona, comprime, el brillo expulsa. Y el celular, succiona.

 

 

 

 

 

Conformado por fotos, capturas de pantalla y textos de whatsapp, el libro documenta dos estadios simultáneos explorados con la misma fuerza e importancia. Lo que me parece increíble de esta dualidad, que se ve desde la portada (el título habla de Rosario, la foto de la guerra) y que se mantiene en todo el libro tiene que ver con la intención de mostrar una guerra por el costado, o mejor dicho, una guerra que existe en simultáneo a todas otras cosas que también están pasando.

 

 

 

 

La narrativa pareciera adaptarse al formato, que se desarrolla mediante conversaciones, a veces triviales y a veces más intensas entre estos dos amigos para saber el uno del otro. Victoria va a una clase de swing, Ariel sale de fiesta, Victoria viaja a Rosario, Ariel con un arma de balas de goma.

 

 

 

 

 

Preguntas que se responden con Selfies, imágenes que se responden con otras imágenes. La hora, los emojis, los errores de ortografía, constituyen las piezas indispensables para la conformación de la obra.

 

 

 

Cuando pedimos el café Victoria apoya el libro con su maqueta y la diferencia entre ambos es clara.

 

 

 

 

 

El fotolibro parece convertirse en celular hacia el final, se tecnifica con detalles estéticos y conceptuales. Le hace algo al lenguaje, lo cambia. Redondea sus puntas, pasa de fotos doble página a fotos de una sola.

 

Se permite perder los detalles de fotos grandes que se exponen a lo largo, pero lo suplanta con zooms digitales. No es necesario acercarse al objeto, la autora hace zoom en donde quiere que prestemos atención (como por ejemplo en la pupila de Ariel, en una selfie que le manda en donde tiene el ojo levemente desviado por el estrés de la situación).

 

El tamaño, las fotos, los guiños, los pixeles y el blureo hacen del libro un híbrido.

El libro es celular y es libro. Es foto y es captura de pantalla. La autora es fotógrafa y guionista. Escribe y chatea. Recolecta, selecciona, y construye un relato mediante otro.

Los formatos nuevos proponen formas nuevas de documentar y libros como los de Toia agrandan el universo de lo fotografiable. Sin entrar en el debate de “¿hasta dónde llega la fotografía?” (la respuesta parecería ser: ¡¡muy lejos!!), El finde estuve en Rosario es un libro empapado de presente, sin quedarse atrapado allí. Implanta preguntas sobre la imagen, sin perder en el pasaje de lo virtual al objeto, lo frágil de esas conversaciones que parecieran ser, por naturaleza, descartables.

reseña: COPIA – ❤ @copia___________ – ✎ somoslacopia@gmail.com

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